jueves, 16 de febrero de 2012

HUELLAS EN LA TIERRA

Después de haber vencido a la muerte con su canción
y haber perdido luego,
obtuvo en cambio poder sobre las piedras.
Las atraía con su hechizo
y ellas lo seguían como un rebaño.
Las más grandes avanzaban dando vueltas
con torpes movimientos laterales como leones marinos,
las pequeñas y planas saltaban alegremente
como lanzadas contra la superficie del agua.
Las regordetas rodaban como ruedas tridimensionales
en cualquier dirección,
las informes y calvas avanzaban a la buena de Dios
con movimientos de cabeza afirmativos.
Algunas jadeaban por el esfuerzo y se abrían
como mejillones gigantescos.
Otras vomitaban diamantes como si fuesen
los pequeños fetos de las piedras.
Algunas hablaban sin boca con voz estruendosa
y atronadora,
otras gemían  como lo intentan hacer los peces
que el frío ha soldado al hielo.
También se oían limpias campanadas
como si hubiesen tenido sonoros metales
en sus sonoras panzas.
Piedras de todos los tipos y formas
seguían de buena gana al gran cantante,
sin detenerse siquiera a pastar
como hace el ganado.
Pero al descender la escarpada montaña
de Ródope no lograron detenerse
sino que se precipitaron como un alud
 y enterraron al pastor cantante
bajo su desprendimiento de piedras.

ARTUR LUNDKVIST

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