jueves, 30 de agosto de 2018

LA PALABRA


La palabra,
atronadora como un disparo,
cruza el vacío latente
del callado silencio,
que deja traslucir
un rayo de luna llena
a través de un agujero perpetuo
en el que las sombras
juegan,
desnudas
entre los arrugados dobleces
de mantos de lino
colgados en tapias cuarteadas,
donde solitarios niños,
juegan con un despanzurrado balón
de apagados colores.

La palabra,
cual antigua saeta
que disparase una flecha invisible,
vuela ligera,
rauda quizás,
hasta el centro deshilachado
del corazón perdido
entre las húmedas brumas
de algún puerto abandonado,
donde los poetas de nuevo cuño,
buscan su minuto de gloria
entre la mansa clientela
de alguna taberna de empañados cristales.

La palabra,
incierta amante,
recubre el reseco lodo
de los ríos olvidados,
con su resplandeciente costra
de elegante verbigracia
aprendida en elegantes habitaciones
en las que la añoranza
de tiempos mejores,
embriaga a los fantasmas
que habitan en su interior,
del rojo calor del vino
servido en descascarilladas copas
de cristal veneciano,
mientras el nocturno aire del invierno,
se cuela breve como un soplido,
entre las polvorientas
rendijas de destartaladas ventanas
donde el moho del tiempo
amenaza con volatizarlas.

Amado agosto 2018