jueves, 16 de junio de 2011

POESIA ESPAÑOLA DEL SIGLO DE ORO III - SÁTIRA A UNA ALCAHUETA

Hay una (quien quisiere sabe della,
oiga), que Dipsas dicen que se llama
y es vieja que holgareis de conocella;
de los lazos y telas que ata y trama
le vino el nombre, que tan bien le viene
de alcahüeta y hechicera, es fama.
Gran mando el sacro Baco en ella tiene;
jamás vio el sol que se hallase llena
del falerno licor que la entretiene;
parece que no tiene sangre en vena,
vieja, arrugada, sucia, fiera y fea,
que su mismo semblante la condena,
sabe todas las artes de Medea;
las yerbas y las piedras más potentes
sabe mudar en lo que más desea;
volver hace a sus fuentes las corrientes,
y hace el sereno cielo estar nublado
y el nublado con rayos refulgentes.
Yo vi, si me creéis, el estrellado
cielo, gotas de sangre destilando,
y el orbe de la luna ensangrentado.
Pienso que esta de noche anda volando
entre nocturnas sombras, bruja hecha,
con pluma el viejo cuerpo cobijando.
Es fama, y antes tuve yo sospecha,
que goza de doblada vista de ojo
de la putana vieja contrahecha;
nadie la puede ver que no haya enojo;
tal es su sucio gesto y su semblante
que parece diabólico despojo;
hiende la fría tierra en un instante
y provoca las almas del infierno
do Furia no hay en ella semejante;
no se le escapa niña o niño tierno
cuya sangre no chupe, mengüe o beba
trayendo al diablo siempre en su gobierno.
A do quiera que va continuo lleva
el cuello de un rosario rodeado
con que a las simplecillas mozas ceba.
A dicha o a desdicha fui llevado
a parte do su mal consejo daba
a quien hermosas damas es dechado.
Tales palabras de malvada hablaba
a la presente estrella que tenía
(yo detrás de una puerta la escuchaba).
"Bien sabes, clara luz del alma mía
que ya te vio y habló aquel mancebo
y dijo que eras toda su alegría.
Mas tal es tu hermosura, tal el cebo
que tu vista derrama, si tuvieras
conforme a tu valor vestido nuevo;
tan dichosa pluguiera a Dios que fueras
como eres más hermosa que ninguna
que yo sé que quizás me socorrieras;
más fuete muy contraria la fortuna
con la estrella de Marte, pero mira
que coyuntura viene ahora oportuna.
Un nuevo y rico amante que suspira
por agradarte y muere por servirte
y lo que has de menester todo lo mira;
de su verdad no quiero yo decirte
mas de que me parece que debrías
pedirle, sin del todo a él rendirte;
si fingieses vergüenza medrarías,
pero si la tuvieses verdadera
mucha ganancia sé que perderías;
cuando con ojos bajos a manera
de quien está confusa, le mirares,
has de mirar en lo que trae cualquiera;
rogada tomaras lo que tomares
con arte y linda astucia y ocultando
nuestras necesidades y pesares.
Las rústicas Sabinas rehusaron,
reinando Tacio, amar más de un marido
y como en otras cosas no acertaron.
Agora es otro tiempo ya venido,
con leyes más conformes a la vida
que nos dicen del otro que ya es ido.
Casta es la hembra nunca requerida,
y si simplicidad no lo vedase
mejor sería pedir que ser pedida.
Resbálese la edad, el tiempo vase,
días, meses y años van corriendo
y aprieta la ocasión: no se te pase.
Ves el metal usado reluciendo,
el vestido que se usa está seguro,
la casa no habitada va cayendo,
pues de la misma suerte yo te juro
la belleza se pierde no tratada,
y si se trata no: yo lo aseguro,
más para ser de arrugas conservada,
no basta uno, ni dos, ni cuatro amantes
a quien por precio seas entregada;
si tú quieres creerme trata antes
 a muchos admitir, porque de tantos
son ganancias más ciertas e importantes;
procura repeler a tantos cuantos
cayeren en tus manos, de tal suerte
que guardes no les des causa de espantos.
A uno dices: -Señor, está a la muerte
mi madre, por su vida que me envíe
algo con que se vuelva recia y fuerte-
La razón, tiempo, y ocasión te guíe
no te prendes de rimas y sonetos,
en dineros es bien cualquier se fíe;
mira que si tu amante con tercetos
pretende hacerte pago, vaya fuera
o traiga fundamentos más perfectos.
¡Oh! Si hacerte rica yo pudiera
con escudos, que es cosa que más quiero.
y no con coplas de sutil manera;
quien tuviere será mejor que Homero
 y aquel que más trujere, si eres cuerda
en gozar de tu amor será el primero.
Avisote, vergüenza no te muerda
si fueres en entrando recuestada,
admítele si trae, sin ser lerda;
no te engañe el amante que mostrada
la tarja del blasón de sus abuelos
te quisiera ganar sin darte nada.
Si acá bajase Apolo de los cielos
y pretendiese haberte y no te diese,
dale tus tus y váyase con duelos.
Si alguno siendo hermoso te dijese:
-Ámame, pues que soy de bel figura-,
cuerda será quien de ello se riese.
Mientras tiendes las redes con blandura
has de adquirir el precio; no te huya
algún amante viendo que eres dura.
Sienta al enamorado que eres suya,
mas mira que de balde no lo sienta,
pide que el corazón te restituya.
Mira que, todas veces, no consienta
tu voluntad, pidiéndote posada
fíngite mal dispuesta o descontenta;
dirás que estás agora confesada,
otras veces dirás que por los males
suplicas que te dé por excusada;
mas mira que quizás podrían ser tales
y tantas despedidas, que sería
menguarle en el amor y sus señales;
dirásle luego: -Calla, vida mía,
que en no verte me falta mi contento
y mi placer, mi gloria y alegría-
Tu puerta al que rogare en un momento
esté sorda, y abierta al que trajere,
que todo lo demás es sombra y viento;
quien contigo esta noche conviniere
dormir, conviene oiga y vea las quejas
del que después del otro entrar quisiere;
entienda que por él al otro dejas,
y si por dicha en algo se ofendiere
conviene dél entienda que te quejas;
hazle entender que sólo por él mueres,
pídele celos que es muy gran indicio
de amor, y a mí la culpa si perdieres.
De enojarte no tengas ejercicio
y si lo hicieres, dura poco en ello,
que largo enojo saca a amor de quicio.
Si engañares a alguno, que entendello
él pudo fácilmente, tú le jura
 que no tienes de culpa ni un cabello.
No temas de jurar, que no es perjura
ninguna enamorada, que jurando
disculpar de su culpa se procura.
Los oídos está Venus cerrando
a todos los del alto y sacro coro
sí un amante se encuentra aquí jurando.
Ten este aviso más que plata y oro,
que tengas los criados enseñados
a demostrar qué falta a tu decoro,
di tú: -No es menester, desvergonzado,
callar, que quien me da su amor no quiero
me dé otros atavíos más preciados-;
que si él es liberal, y da dinero,
yo te prometo acuda prestamente
por presumir y hacer del caballero.
Hermana, madre o hija diligente
cualquiera esté en pedir, y tú muy tibia,
y verás el provecho prestamente,
y cuando sientas que el amor se entibia,
acude con remedios, porque crea
que con tu amor su mal y pena alivia;
y trata con tu amante no se vea
son otro que compita en los amores,
que el amador seguro no desea.
Vea dones que te envía n amadores
a quién verá por él tiene en nada,
que yo te digo que él te hará mejores.
Si su bolsa estuviese tan clavada
que no diere don que les exceda,
¡váyase a pasear sin darle entrada!
Y si te ha dado mucho, lo que queda
le sacarás con otras invenciones
sin que negarte parte de ello pueda.
Pídele que te empreste diez doblones
o más, y ofrece prenda, porque crea
que es ello así verdad lo que compones.
Después la paga del prestado sea
dulces requiebros y hablas enmeladas,
dos mil favores que a los ojos vea.
Si tuvieres mis reglas estudiadas
sé no te acordaras de aquesta vieja
de aquestas mejillas arrugadas.
Si alguna aguja dieres saca reja
y a los que en esas uñas te cayeren
desplúmalos riendo y despelleja.
Sé que me alabarán los que me oyeren
los consejos tan sanos que te he dado
y se aprovecharán los que supieren.
Hija, ten de los dicho gran cuidado
y acuérdate de mí cuando estuvieres
en más dichoso y próspero estado."
Notaba yo la astucia de mujeres
que un punto más que diablo diz que saben,
y su saber con todos sus poderes.
Decía: "Tus maldades ¿dónde caben,
vieja astuta, malina más que entena
digna que a ti y no a la madre alaben?
Pasábase la noche y tuve pena
porque me descubrió la sombra mía
que la conversación tuya no es buena."
Apenas en mis pies tener podía
mi cuerpo, porque habiendo visto aquello
quería tomar venganza, y ya quería
arremeter a su arrugado cuello
y darla muchas coces, y pelalla
su blanco, deshonesto y vil cabello;
mas no pude, Señora, castigalla
como ella merecía y yo quisiera,
mas algún día habré de negocialla
a Dios, por quien Él es, suplico quiera
que vivas desterrada y sin gobierno,
sufriendo suma hambre y gran dentera,
perpetua sed y duelo sempiterno.

DIEGO HURTADO DE MENDOZA 1503-1575

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