miércoles, 4 de mayo de 2011

DE "EL LIBRO DEL SUICIDIO"


Calma. Basta de palabras duras.
Ya no queda mucho de mí.
No llores por mí. Aquí ya no hay fuego que apagar.
No me mires.
Soy una ruina, en cualquier instante me derrumbaré.
No quiero que me veas derrumbarme.
Ya no me queda sensación alguna de mi yo,
de mi peso
Pierdo pie, floto en el aire.
Aquí la fuerza de gravedad de la tierra
y la del cielo se anulan mutuamente,
Ya no me queda sensación alguna de lo que soy
yo y de lo que no soy yo.
Miro a mi alrededor: ¿soy yo eso? ¿O soy aquello?
No llores por mí,
Aquí no hay fuego que apagar
Me estoy repitiendo, pero esto que escribo ahora
Lentamente es todo lo que tengo.
¿Acaso es culpa mía?
Sólo soy una piedra que alguien ha tirado,
Un trozo de madera que alguien ha tallado.
Yo me disculpo.
La culpa es de nadie, o es mía
y no de nadie.
Escribo esto lentamente, reflexionando:
Es todo lo que tengo pero no es un gran consuelo,
Pero y a mí qué me importa eso, yo te amo
Tú eres mi hermoso espejismo
Recuerdo del tiempo en que tú
eras mi hermoso espejismo.
Tú eres hermosa
Quise volar contigo, tal y como vuelan todos, sí,
Como uno huye volando
Pero los dos estábamos enfermos
y pronto se habrá acabado todo.
Entonces, ¿a qué viene todo esto?
Te quiero, pronto me derrumbaré
¿Puedo acaso evitarlo? Me estoy haciendo invisible.
Te hago señas con la mano,
tú sólo ves mi mano
La puerta se abre, es de noche, tarde,
La luz se apaga, he regalado todo lo que tenía,
No me he guardado nada con que vivir,
por eso me voy haciendo cada vez más invisible.
Pero no moriré,
Algo queda: una puerta.
Qué otra cosa puedo hacer sino salir
de una habitación de mí mismo,
No muero, simplemente desaparezco
Quizás, angustia mía, me despierte un día
lleno de sabiduría y duda
entonces volveré y te buscaré.

GUNNAR EKELÖF

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