viernes, 7 de enero de 2011

SOY BLANDO COMO UNA PIEDRA Y DURO COMO UNA MEDUSA



Soy blando como una piedra y duro como una medusa,
cuando lloráis a la orilla del río ya estoy al otro lado,
no soy fiel a nada, ni siquiera a mi mismo
(ese intento de petrificación en torno a un vacío),
renuncio al dinero y al honor, recompensas de la traición,
traiciono sin recompensas,
renuncio a la fama, no quiero ser padre de nadie,
seré muy difícil de matar,
prefiero las chicas pobres, sencillas, no me gustan
los dragones vestidos de seda,
huyo del ahogo que produce el corsé de la dcencia,
soy completamente indiferente ante casi todo
y sin embargo
me indigno ante demasiadas cosas,
detesto a los justos tanto como a los criminales,
estoy con los revolucionarios mientras no alcancen sus fines,
me gustan los hombres que duermen mal por las noches,
amo al que le tiemblan las piernas y sin embargo hace diana,
escribo con desaliño, improvisando,
un poema tiene que ser incoherente
de lo contrario muere en su perfección,
no conozco mi meta, por eso paseo con alegría,
no soy humilde, ni tampoco orgulloso, soy el agua que corre,
si me convierto en una fuerza es porque me detienen,
estoy siempre desplazado entre los individualistas
que se agarran mutuamente como dientes de engranajes,
seré el último caminante entre los coches,
un desposeído entre todos los orgullosos propietarios,
la propiedad es un peso, yo quiero utilizar las alas,
nadie me encadenará a una tumba con una lápida escrita de antemano,
mis compañeros de generación se indignan conmigo
o me inspeccionan con minuciosidad,
los jóvenes me desprecian, si saben que existo,
me parece excelente, ninguno de esos jovencitos
presumidos me atará con su admiración,
no adoro a los niños ni a los viejos,
yo mismo soy un niño en un viejo,
los hombres y la naturaleza me amenazan, huyo de una amenaza a otra,
el miedo es tan natural como la respiración,
sólo los que tienen miedo son fecundos,


las serpientes son seres afables para los que pertenecen
al mismo grupo de veneno,
a menudo se sobreestima demasiado la vida,
sólo nuestras esperanzas en la vida no pueden sobreestimarse,
lo que no puede convertirse en desilusión no vale nada,
solamente los desarmados sobreviven, el asesino termina suicidándose,
los hombres tiene que ser defendidos de ellos mismos,
pero, ¿quién lo hará?
y, ¿quién salvará a los niños de su perdición
si juegan con la muerte por todos los sitios?
Vivo en plena decadencia y no puedo evitar ser parte de ella,
pero, ¿cómo podré amputarme a mí mismo?
¿Quién es el sano y quién el enfermo de los dos
que luchan dentro de mí?
Los bacilos, tan rápidos, tan vigorosos, tan incansables, ¿no son admirables?
Quizá los bacilos sean muy superiores al hombre,
esa salud de la vida que
constituye nuestra incurable enfermedad,
el no conformarse nunca con nada es el orgullo definitivo, satánico,
el pulpo gigante que se autodestruye
ante el resplandor de la luz
es la mejor imagen del hombre,
la psicología cataloga los relámpagos,
la música lame sus heridas,
la escultura petrifica la naturaleza,
la pintura oculta los agujeros de la realidad,
si no aceptamos la vida como peligro,
inseguridad y transformación,
los bacilos nos derrotarán,
a la realidad no le importa el ser, sino el devenir,
la realidad nos arranca una y otra vez
nuestra vieja y querida piel
y nos deja desnudos,
somos el umbral sobre el que morimos,
la casa que construimos está ya en el pasado
y no existe.


ARTUR LUNDKVIST