jueves, 18 de febrero de 2010

EL TAPIZ

¿Por dónde alcanzaríamos
ser y concierto en tu armoniosa trama?
Cuando a esas forma que dictara el fallo
de una urgencia anterior -donde ademanes
narran y preceptúan
los rasgos de la vida-
un movimiento externo las agita,
aquella fatigosa maravilla
vuelve a los hilos de la incertidumbre.

A su compacta masa, desbordada,
¿le irá el sosiego nuestro? A su reposo,
¿nuestra inquietud y oficio de mortales?
Dócil bandera que se dio el azote
de tan frágil verdugo
y se cumple dañándose
con la modulación de sus arrugas,
tal vez de sus ligámenes
exenta no encontrara
el reposo o la fama,
ni tan alta vigilia
en el solar de la urdidumbre.

Los que dota y congrega
un supremo designio,
la ligereza y pauta de la vida
toman sin aflicción, mientras que ausentes
de sí mismos se colman perdurando.
Y si vuelven un día
helos ya aquí investidos
de nuestra indumentaria,
entre cuyos plegados reconquistan
ociosidad pretérita y afanes.

Pero en la servidumbre
de este tiempo, que borra
la rauda negligencia de las formas
con su duro rigor impenetrable;
ámbito mío, estéril obra incierta
como estancia que aunase
a los rebeldes hijos en el seno
de un encuentro fugaz,
nos urde el destejer a que doblega
la caudalosa trama originaria.

¿Y tendrán cañamazo
para tales despojos
bajo los cobertizos
en que los mercachifles pontifican?
Cuelgan los hombres, y lo que subsiste
deberá perecer más todavía.
Así el ave o la pieza dardeadas
en la podrida escarpia de los zocos.

Enorme fue la vida.
No tendrá ya su forma
quien primero la tuvo.
E incluso en los ovillos,
con pertinaz encono,
nuestro contorno allí delataría
su perfil primitivo:
la firme huella y trazo
que la existencia imprime siempre.


VICENTE NUÑEZ

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