miércoles, 11 de noviembre de 2009

El placer de lo prohibido

ARTE CULTURAS 20

Menores, religión y sexo, un cóctel de lo más explosivo

El placer de lo prohibido

El arte continúa teniendo sus propios tabúes y los creadores que los representan de un modo subversivo lo pagan con la censura. Esta es la lista negra de las obras prohibidas en Córdoba

Julia Zafra

j.zafra@lacalledecordoba.com


En arte no todo vale. Y es que, aunque se diga que a estas alturas está todo visto y la vida cotidiana ya suministre la sobredosis de imágenes impactantes necesaria para perder toda sensibilidad, hoy, obras controvertidas acaban guillotinadas por la censura, ya sea a manos de las instituciones propietarias de la sala donde se exponen, de la crítica más despiadada, o de los propios artistas, que no tienen más remedio que tamizarlas para poder exhibirlas.

En Córdoba, la pintura, la videocreación, la literatura o la música tampoco se han librado de la censura, y algunos de sus autores han pasado a engrosar lo que podría denominarse como la lista negra del arte cordobés. Su pecado, tocar temas incómodos para un determinado sector. El Semanario hace un repaso por las más destacadas, al tiempo que cuestiones como qué empujó a sus creadores a hacerlas y qué esconden los que las vetaron, reabren las viejas heridas de, por un lado, la falta de libertad de expresión y, por otro, la necesidad de imponer límites éticos al arte. Cinco de estas piezas prohibidas conforman la colección de fotografías que el malagueño Carlos Aires realizó por encargo para la primera edición de Eutopía en el 2006. En ellas, diversos menores promocionaban otros tantos eventos culturales ficticios que tenían lugar en el Polígono Sur.

Sin embargo, días antes de su exposición, Aires recibió un correo electrónico en el que la organización le comunicaba que retiraba su trabajo del festival. Dichas instantáneas constituían una crítica a la centralización y el elitismo de la cultura actual, pero el argumento que le facilitaron fue que una administración no estaba obligada a mostrar imágenes de menores. Como solución, Aires, que también revolucionó el panorama artístico vienés con un cartel publicitario de un menage à trois protagonizado por unos personajes que lucían las caretas de George Bush, Isabel II y Jacques Chirac, se prestó a presentar los contratos firmados por los padres, pero de nuevo obtuvo un no rotundo como respuesta.
Tres años después, en septiembre del 2009, el festival Scarpia ha rescatado las mismas fotografías, que se han visto sin reparos en vallas publicitarias colocadas en distintas zonas de la ciudad, lo que cuestiona aún más el verdadero motivo de aquella exclusión.

El pudor después del erotismo

Otro ejemplo, Paco Serrano. Este pintor cordobés, que se ha ganado la fama de provocador en los círculos más moralistas por cuadros como el del desfile de esqueletos encapuchados con ropa interior de Victoria’s Secret, lleva nueve años sin exponer en la ciudad. “Las galerías de aquí no me quieren”, dice. Mientras tanto, Serrano es requerido desde otros lugares y en breve exhibirá su obra en Granada y Viena. El problema surgió cuando presentó un cuadro en una exposición homenaje a Julio Romero de Torres en el 2006. “Pinté a una mujer con mucho vello en los genitales femeninos y lo titulé Viva el pelo del coño”, relata. Las reacciones no se hicieron esperar, y mientras algunos se lo tomaron como un descarado desnudo y alabaron la osadía, otros lo tacharon de pornográfico y obsceno. Al final, “me dijeron que no lo colgaban”, indica Serrano.

Pero éste no es el único caso polémico relacionado con la exhibición de las partes íntimas. La primera vez que Juan López recibió una amonestación fue en 2005. Optaba a unas ayudas a la creación contemporánea de una institución, en las que recaló con una videocreación en torno a los nuevos conceptos de masculinidad: “Un miembro del jurado me dijo que mi obra estuvo a punto de no ser seleccionada porque mostraba a hombres desnudos y semidesnudos de forma muy explícita y se tuvo que discutir si aquello estaba bien visto”, cuenta. Años más tarde, y gracias a otra beca, expuso en otro organismo público. “Había desnudos en todo su potencial y penes erectos”, describe. A una semana de inaugurar la muestra, López se acercó por la sede para comprobar si sus vídeos arrancaban, pero se encontró con que a todos les habían cortado el audio. “Era una semana de mucha tensión política y aquel día, además, se celebraba un pleno –recuerda-. El de seguridad me explicó que ya estaban las cosas demasiado tirantes como para que mi obra metiera más cizaña”.

Cuando el arte es un pecado

Así, para no pasar a integrar la lista de artistas prohibidos y seguir trabajando, algunos se han visto obligados a desplegar la picaresca para eludir la censura. Sus trucos consisten básicamente en “hilar fino”, indica López, y abarcan desde cuidar el tratamiento estético y narrativo, a dejar las obras abiertas o hacer “malabares verbales” a la hora de justificarlas.

Mientras, otros como Alfonso Alonso, no han tenido más remedio que optar por la autocensura, suavizando unos originales que sabía levantarían ampollas. De este modo, su obra más polémica, La Pasión, constituye un homenaje a la erección, pues “todos estamos en este mundo gracias a una”, esgrime. La fotografía en cuestión muestra a un personaje masculino con los brazos en cruz rodeado por tres mujeres en actitud sádica, una de ellas agarrada al miembro erecto. La imagen, que puede interpretarse como un Cristo crucificado y que esconde en realidad “una crítica a la postura de la Iglesia de utilizar ciertos placeres como algo pecaminoso”, revela, ya fue censurada en Almería, donde la crítica la hizo añicos calificándola como un “insulto a la sensibilidad cristiana”.

Antes de que la historia se volviera a repetir en Córdoba, Alonso pidió consejo a un amigo artista, famoso por pintar escenas pornográficas con personajes religiosos. A él “le habían quemado el coche dos veces, recibía amenazas y tenía que salir de casa disfrazado”, comenta, así que, la experiencia de su colega de profesión acabó disuadiéndolo y presentó una obra “más light”.
Pero, ¿cuál es la verdadera intención que hay detrás de estas controvertidas obras? ¿Se trata de libertad creativa o de provocación?


¿Libertad o provocación?

Según estos artistas, con tales obras no pretenden provocar ni escandalizar, sino reivindicar un tratamiento más natural de ciertas cuestiones como el cuerpo humano o la sexualidad que, consideran, no se han abordado de forma explícita.
De hecho, López, con su último trabajo ha vuelto a sumergirse en otro polémico asunto, que le ha valido el Primer Premio en el III Concurso de Creación Contemporánea sobre la Memoria de Andalucía, Imaginera, en el apartado documental. En Espectros pone rostro a la muerte, el de personas y lugares decadentes, que planta frente al espectador. Y por ello, asegura, no teme que lo tilden de morboso. “Para mí todos los temas son iguales”, zanja.
Una vez abierta la Caja de Pandora, estos artistas reparan en la eterna disyuntiva de a qué se debe llamar arte y a qué no. En este sentido, Serrano defiende su trabajo alegando que urge más decidir si piezas “enfermizas” como los cuerpos humanos plastinados de Gunther Von Hagens, el canibalismo infantil o la muerte en directo de un perro (por la obra del artista costarricense Guillermo Vargas, Habacuc), deben elevarse a la categoría de arte. “Hay cosas que no se pueden hacer”, agrega.

La moral de unos pocos

En cualquier caso, ellos rechazan la censura por cuanto, en vez de controlar cuestiones realmente graves y bizarras, favorece “el interés” de unos pocos, cuya ideología puede diferir de la del resto: “No pueden censurarme una obra porque sus creencias sean distintas a las mías. Yo no ofendo a nadie cuando expreso algo como yo lo veo y según mis principios”, defiende Alonso. “Para mí sólo existe mi propia moral, no la que impongan los demás”, asevera Serrano. Máxime cuando los medios de comunicación bombardean diariamente con imágenes de asesinatos de niños a sangre fría y sexo explícito que se consumen con la sopa del mediodía.
El problema, opinan, estriba en que por ignorancia hoy el arte provoca más que la realidad. “Es la doble moral -increpa López-. Lo cotidiano es lo cotidiano, sin lecturas subliminales, y en arte no se sabe si hay una doble intención”. “Nos creemos y asimilamos todo lo que sale en los medios y el arte no es mediático”, añade Alonso.

La lista de obras y autores censurados se extiende, salpicando también a la música y a la literatura cordobesas. No obstante, como indica Serrano, al igual que ocurre en las artes plásticas, al final sus interpretaciones dependerán del mismo criterio inquisidor, de los ojos que las miren, de modo que, donde unos ven un cono, otros verán un falo y hasta un capirote nazareno.


PUNTO DE ATENCIÓN

La nueva censura, la económica

Pese a que la censura persiste en la actualidad, sí es cierto que no en la misma medida que en periodos más represivos de la historia. No obstante, algunos artistas como Juan López no respiran tranquilos y hablan de un nuevo modelo de veto que para él es incluso peor, el económico. Y es que, “si la economía te impide hacer lo que quieres, es un límite externo que ya no depende de ti”, afirma. De modo que, ya sea por las pocas subvenciones a la creación, como por el escaso respaldo a las iniciativas de los artistas, la falta de apoyo económico se ha convertido en el mal endémico del arte cordobés.

Sin embargo, Alonso no está de acuerdo y considera “un error” pensar que el arte debe ser subvencionado. “Hoy el artista vive de ayudas y eso no es así. El que es artista puro le importa un pepino la censura y hace su obra por encima de cualquier cosa”, arroja.
No obstante, aparte del cierre del grifo monetario, López menciona otras “pequeñas cortapisas: yo he participado en exposiciones sin cobrar con la excusa de meter a creadores cordobeses con otros nacionales, y esta es una censura que pretende callar bocas y aquí habría que ser díscolo y no participar”, reconoce.



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