sábado, 19 de septiembre de 2009

INFRAESTRUCTURAS CULTURAS 20

De albergue de comerciantes a cobijo de la creación


Historia de una posada

Desde que el Ayuntamiento recuperó la Posada del Potro la cultura ha sido su inquilina permanente. Quienes trabajaron y crearon allí hablan de un inmueble que con el flamenco sumará un nuevo capítulo a su historia


Olga Pérez Barbero

o.perez@lacalledecordoba.com

La Casa del Flamenco-Museo Fosforito pone nombre ahora a la que hasta hace tres años todavía era la Posada del Potro. Su apertura, prevista para antes de que acabe 2009, viene a sumar una nueva etapa a este edificio que, a lo largo de su historia, ha tenido tantas vidas como nombres se le conocieron en sus primeros años (meson de Doña Teresa, de la Pastora o de la Catalana) o apariciones tuvo en las obras de grandes escritores como Cervantes, Baroja, Gongóra o quevedo.

Aunque este enclave se convirtió en foco cultural de los ochenta y ha estado íntimamente ligado a disciplinas como la fotografía, la cerámica o la literatura, aún no se tiene claro si, con sus nuevas funciones, conseguirá la magnitud flamenca que se le quería dar cuando el proyecto se gestó hace diez años y la importancia como punto estratégico de la creación que ha tenido a lo largo de su historia.

Y es que, por el momento, no se sabe qué palos tocará esta nueva institución, o, al menos, no ha trascendido a la luz pública, como asegura José Arrebola, quien incluso formó parte de la comisión de expertos que participó en su proyecto de elaboración. “Llevamos tres años sin que se convoque a la comisión, y lo único que se sabe es que el centro se va a llamar Casa del Flamenco-Museo Fosforito”, asegura Arrebola.

Entre el comercio y la cultura

Pero si la incertidumbre todavía planea sobre el futuro de la Posada, su pasado recoge un peso histórico y cultural. Este edificio sirvió de albergue de los comerciantes de ganado caballar que se daban cita en Córdoba a finales del siglo XIV (época de la que data la apertura de la Posada), y, posteriormente, de los jornaleros y labradores que en el siglo XVIII frecuentaban la ciudad.

Este desfile tan variopinto de huéspedes hizo que proliferaran numerosas leyendas que enriquecieron su historia como la del castigo que Pedro El cruel dio en el siglo XV al posadero que por aquel entonces la regentaba, por matar a sus huéspedes tras haberles robado. También figura en algunos documentos que la Posada funcionó en sus inicios como un prostíbulo y lo que dejan muy claro las referencias que en su obra hacen Cervantes, Góngora o más tarde Baroja es que el edificio era un punto de los más concurridos de la ciudad.
Ese carácter lo supo mantener cuando el Ayuntamiento decidió convertirlo en sede del Área de Cultura, a principios de los 80, aunque prácticamente hasta que el Consistorio la recuperó en 1972, este inmueble continuó realizando las funciones de hospedería “de manera ocasional” explica Pedro Roso, que fue director del Área de Cultura y Educación entre 1989 y 1995 y morador de la etapa en la que la cultura se apoderó de sus paredes.


Burocracia diurna, creación nocturna

En un principio, tras su recepción, el Ayuntamiento cedió el uso a ArteEspaña, una muestra permanente de artesanía nacional que dependía del Ministerio de Información y Turismo y que dio paso en 1981 a una remozada Posada -que recuperó su fisonomía anterior - que albergaría la concejalía de Ferias y Festejos, en un principio, y poco después la de Cultura, recuerda Roso.
El que fuera director del Área explica que la Posada comenzó a llevar una especie de doble vida. Por una parte, subraya, “durante el día era un centro de dirección del Área, desde donde se gestionaban los servicios culturales y todos los programas. Ya por la tarde-noche se convertía en un centro creativo de referencia en la ciudad”.

Presentaciones de libros, exposiciones de pintura y fotografía, talleres e incluso un apartado para algo tan característico de la artesanía cordobesa como el cuero, comenzaron a invadir la Posada del Potro con una gran actividad que se mantuvo, con algún altibajo, hasta que el Área se trasladó a Orive dos décadas después.

Juan Carlos Limia, técnico de Cultura que llegó a la Posada en 1992, también coincide con Roso en que el edificio vivió sus mejores momentos en los años 80, cuando se convirtió en epicentro de la vida cultural de la ciudad, “había una actividad pública efervescente y para muchos funcionaba como imán”.

Esto para Limia se debió, sobre todo, al rico momento cultural que atravesaba la ciudad, así como al déficit de oferta que tenían las administraciones y entidades privadas. “Su importancia no estaba sólo en su programa de actividades, sino en que no había otro agente que dinamizara” el panorama de la cultura.

Casa de la fotografía

Uno de los colectivos que hizo de la Posada un símbolo, fue el de fotógrafos, que, como explica el que fuera presidente de AFOCO, José Gálvez, incluso llegó a proponer que la antigua hospedería se convirtiera en centro de la imagen y no del flamenco.
Gálvez recuerda que durante 25 años la fotografía tuvo cabida en el Potro con etapas de máximo esplendor entre 1983-85; 1991-95, donde incluso las exposiciones de instantáneas aparecieron entre las tres primeras de Europa en una guía internacional de fotografía, similar a lo que podría ser la Guía Michelín para la cocina; o 1997-2000.
La Bienal de Fotografía también se gestó a mediados de los ochenta, tras ver el éxito que las exposiciones de fotografía estaban teniendo; unas exposiciones que acercaban a Córdoba, con una periodicidad mensual, la obra no sólo de autores locales o nacionales, sino de lo más granado del panorama internacional.
De hecho, justo antes de que la Posada cerrara definitivamente sus puertas para comenzar las obras de acondicionamiento, (en 2006), AFOCO tuvo sendas exposiciones en lo que siempre han considerado como el hogar de la fotografía.
“En 25 años -explica Gálvez- tuvieron lugar cerca de 200 exposiciones, durante dos años se convirtió en una de las salas más importantes de Europa, incluso los catálogos llegaban hasta el MOMA. La fotografía tuvo una difusión tremenda y nunca entendimos que se decidiera crear un centro para el flamenco, en lugar de un centro nacional de fotografía”.


Cerámica y literatura

Aunque las salas del Potro acondicionadas para usos ajenos a la propia gestión de la cultura dieron cabida a múltiples actividades, las dedicadas a la literatura y a la cerámica también consiguieron tener parte de ese carácter especial que la fotografía adquirió con el paso del tiempo.

Así, cuenta Roso, en la sala de usos múltiples se realizó durante cuatro años el Aula de Poesía, que incluía no sólo lecturas o presentaciones de libros, de los más prestigiosos escritores, sino también publicaciones y talleres en los que se formaron algunos de los autores más representativos del panorama cultural cordobés.
Asimismo, en la segunda mitad de los noventa, la Posada comenzó a albergar exposiciones de cerámica que también tuvieron muy buena acogida y que, aunque todavía se realizan esporádicamente, ya no cuentan con un escenario fijo como el que ofrecía este antiguo edificio hostelero.


Bonito pero incómodo

A pesar de toda esta actividad, ni la belleza del enclave, ni tampoco su situación estratégica pudieron esconder la incomodidad que suponía trabajar en un lugar de esas características: espacios pequeños, escasa luz, problemas de accesibilidad... Algo que llevó a trasladar la sede del Área de Cultura al también reformado Palacio de Orive, y que dejó que durante un corto periodo de tiempo (antes de su cierre definitivo) también Turismo tuviera un hueco aquí.
“El Potro -indica Juan Carlos Limia- era una sede muy disfuncional, como la gran mayoría de edificios históricos que no se conciben para ese uso. Sin embargo, todo el mundo ha tenido una relación muy afectiva con la Posada y su entorno, que dejó en nosotros un sabor entre romántico e histórico que todavía, en Orive, echamos de menos”.
Precisamente, las obras que se han desarrollado -desde 2006- han tenido como objetivo acabar con los obstáculos que le impedían convertirse en una sede de trabajo digna. Una sede que ahora se enfrenta a una nueva etapa, en la que el flamenco pasará a ser su único inquilino. Queda por ver si el funcionamiento de este nuevo centro conseguirá una proyección comparable -como se ha pretendido desde su concepción inicial- a la que la Posada del Potro ha tenido a lo largo de su dilatada historia.

Punto de Atención

El plan de usos estará en un mes y medio

Las expectativas suscitadas en el mundo del flamenco en los diez años que han pasado desde que se concibiera la Casa del Flamenco-Museo Fosforito hasta la conclusión de sus obras han sido muchas. Unas expectativas que todavía no se sabe si se cumplirán puesto que el plan de usos está por concluir. Algo que, según afirma el teniente de alcalde de Cultura, Rafael Blanco, será una realidad en el plazo de un mes y medio.

Al margen de los usos que ya se conocen (museo del cantante pontanés, talleres formativos y exposiciones de distintas disciplinas relacionadas con el flamenco, así como la colaboración con la Agencia Andaluza de Desarrollo del Flamenco), Blanco explica que en los próximos cuarenta días mantendrá una reunión con los diferentes colectivos relacionados con el género en la ciudad “para exponerles qué es lo que vamos a hacer allí y recoger sus aportaciones para la programación, porque nos interesa que todos los sectores estén representados”.

Muy pendiente de saber qué pasará con la Casa está la Asociación de Artistas Flamencos cuyo presidente, José Porras, está esperanzado en que la sede del organismo se ubique aquí. “Este es un compromiso político que tenemos y creo que debemos estar ahí para ayudar a darle contenido”, afirma.

José Arrebola, miembro de la comisión del Concurso Nacional de Arte Flamenco, por su parte, espera que, el nuevo centro sirva para “centralizar todo el flamenco que se hace en Córdoba desde el Concurso Nacional hasta la Noche Blanca” ya que ahora cada actividad depende de una delegación.

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