jueves, 21 de mayo de 2009

Ahondaré con mis manos
Hasta el fondo de tus huesos de cristal,
Mientras rompo tu carne
De mil años de vida
En busca de un rastro de luz.
Escribiré tu nombre
Con letras de molde en los muros
De las calles perdidas,
De las plazas olvidadas
Y anidaré en tu cerebro
Con los restos rotos de alguna caída
Al vacío permanente de la muerte
Con la que escribo cada uno de mis días
Y pensaré despacio,
Apenas sin prisa
En la historia olvidada
De algún candado oxidado
En la puerta de una casa

Herrumbrosa,
A punto de caer entre los desperdicios
De las palabras que a cada momento
Guardo en mis bolsillos rotos
Por el paso del tiempo.
Y dejaré de ser un rumor,
De ser un pérfido aliento,
De ser un vil canalla,
Al tiempo que suspiras levemente
Entre los brazos marmóreos
De algún sindicalista venido a menos,
De alguna vieja gloria fascista
Empeñada en retomar la historia olvidada,
Empeñada en llenar de nuevo las avenidas de sangre.

Ahondaré con un sutil suspiro de mis labios
El final de tu camino,
Y callaré mientras duermo,
La última palabra
Que tengo envuelta para ti en blancos lienzos de algodón
Traídos desde algún rincón
Del abandonado mundo interior de tus días
Y te escribiré un hermoso epitafio
Cuando mueras,
Cuando caigas,
Cuando tu espalda se rompa
Bajo el peso inexorable de los años
Que han de venir
Acompañado por el llanto inconsolable
De un recién nacido.


Sin Título VIII

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