jueves, 22 de enero de 2009

"THE WARNING" Orwell: 1984 (Reflexiones desde 1984)



Lo horrible es que, con todos los respetos para George Orwell, 1984, novela, sea un éxito de librería en 1984, Año del Señor.
Terrible que la fecha-título titule el año. Que la reflexión de Orwell siga siendo advertencia de una amenaza que hoy está aquí, en medio de nosotros. Y es que, como decía Golo Mann, el historiador, el hijo de Thomas Mann, el novelista, en su crítica a la edición alemana del libro de Orwell, en su época: "1984 no es una profecía, es una advertencia".
A diferencia de los Nostradamus al uso, Orwell no se equivoca de año, todos los años son 1984 ya. El profeta laico, el augur, flota en la ambigüedad, se complace en el claroscuro de la palabra equívoca, en la imprecisión de la frase, en la alusión pálida. El profeta anuncia castátrofes y guerras, paces y ciclos de lucha, hambres y sociedades en reposo, y a veces en cataclismos finales. El augur nos dice que acaso sea lo que viene como lo que fue, y es que son los escritos de los adivinos como expresiones de sus temores ante fuerzas ocultas y exteriores. Escritos generados por miedos, para asustar. Es también en su catastrofismo, la función del agorero anunciarnos males futuros, que en su horror hagan más llevadero el gris y triste hoy: son como una esperanza regresiva.
Nada de esto en 1984 de Orwell. Todos los lectores de la novela que residen, residían o han residido en los países del Este, que va desde Cuba hasta Corea, quedan asombrados, admirados de la precisión, del acierto de la descripción orwelliana de su mundo cotidiano. Y no sólo piensan esto los peatones del socialismo: también los dirigentes lo reconocen, y los testimonios son abundantes. Este acertar, preciso, justo, rarísimo e inusitado en augures y videntes es lo que indica qeu Orwell no es un adivino. No hay en 1984 invento fantasmal: es una mera descripción de una barbarie real que muchos viven hoy. Y la pregunta surge: ¿Como puede ser que un hombre como Orwell describa en 1948 una realidad de 1984 con una exactitud que parece más que novela un informe sociológico.
La información que poseía o podía poseer en su época sobre el tema era ya abundante. Se sabía mucho de las grandes purgas y de los juicios de 1936,1937 y 1938. Este último juicio, el de Bujarin y Rikov, hizo mucho ruido en el mundo de entonces. Los textos de Anton Ciliga fueron publicados en 1938 en París (y prohibidos curiosamente por los nazis alemanes cuando ocuparon Francia durante la Segunda Guerra Mundial). El libro de Ciliga contaba con gran precisión el funcionamiento de los campos de concentración y de los "isolators" de la URSS de los años treinta. Orwell muere cuando empiezan a conocerse las grandes purgas de la postguerra que a partir de Checoslovaquia se extienden a los otros países del Este. Y esta información que hoy conocemos y que está al alcance de todos, que Orwell no pudo utilizar, nos confirma lo exacto del libro 1984. No cabe duda de que Orwell conocía el libro de Zamiatin We (Nosotros). Lo que viene despues de la desestanilización, con sus hospitales psiquiátricos, nos confirma el hospital de 1984. Los escritos de Solzhenitsyn evidentemente no le pudieron ayudar. Pero el libro de Orwell los comprende (en el doble sentido de englobarlos y entenderlos) a todos.
Ante el libro 1984 la pregunta que se nos plantea es: ¿de dónde ha sacado Orwell todo lo que dice? A esta pregunta, la respuesta es simple; de donde sacan todos los escritores lo que escriben es de su experiencia personal.
Ya veo la objeción a esta explicación. Orwell no tenía una experiencia personal, no podía tenerla de lo que les iba a pasar a Bukoski o a Pliuch muchos años después de la propia muerte de Orwell. Sin duda, Orwell no vivió en la URSS, pero no hay que olvidar que fue, no sólo estudiante en Eton sino también algo así como oficial de una especie de Guardia Civil. Él mismo lo dice al describir su vida en el prólogo que hizo para la edición ukraniana de Animal Farm (Rebelión en la Granja). "... Entré en la policía imperial India, que es una especie de gendarmerie muy parecida a la Guardia Civil española o a la Garde Mobile francesa...". No hay que olvidadr tampoco que participó en la guerra civil española, que allí fue herido en combate, que vivió la liquidación de la fuerzas revolucionarias, POUM y anarquistas, en 1937 en Barcelona. Liquidación llevada a cabo con el apoyo total de los comunistas españoles inspirados por los comunistas rusos, y que conoció también toda la propaganda que siguió a ese triste suceso. Además, vivió y escribió sobre los problemas de los trabajadores en el Reino Unido en los años de la Gran Crisis y que conoción la marginación voluntaria y aceptada en Francia y en su país. De ello y de su reflexión son testigos sus libros: "Down out París and London" (1933), Burmese days (1934), The road to Wigan Pier (1937) y Homege to Catalonia (1938).
El mismo cuenta su experiencia del totalitarismo, su toma de conciencia contra la opresión resentida a través de la pobreza y la humillación. Su papel en la policía imperial de Birmania, su doble experiencia de España, Hitler y Stalin , los dos en acción...
Sí, lo pudo sacar todo de su experiencia personal, experiencia que implica en los escritores de una cierta dimensión, como Orwell, una reflexión sobre lo vivido y lo sentido, reflexión que funda, cuando está hecha con honestidad, la calidad del escritor. Evidentemente no pretendo que de la biografía de Eric Blair se pueda deducir lo que va a escribir G.Orwell, el cual consideraba con cierta razón que "...una vida vista desde dentro es una simple serie de derrotas", frase que él se aplica a sí mismo, pero que en el caso de la cita es un comentario sobre la autobiografía de Salvador Dalí. Yo me limito a indicar que en su vida hay material suficiente para describir lo que escribió y que su sana imaginación junto con su sensibilidad hicieron posible su obra. Es más que probable que, con la excepción de Homage to Catalonia (que, por el tema tratado y el momento en que se escribe, 1938, es puro testimonio riguroso que relata cuidadosamente los acontecimientos), el resto de su obra sólo sea una interpretación imaginativa de la realidad. La imaginación modulada por su sensibilidad le permite llegar al fondo de lo descrito,a la verdad propia y profunda de lo relatado. Hay quienes consideran que puede ser que nunca fuese testigo de un ahorcamiento y que nunca mató a un elefante, y se refieren aquí a los dos relatos de Orwell considerados universalmente como modelos de precisión y rigor. Es muy problable, al menos yo lo creo, que esa imaginación rigurosa guiada por la sensibilidad fue la que permitió ese acertar increible de 1984.
Este relato realista de 1984 cuenta no sólo lo que se siente cuando se es torturado o humillado, sino que cuenta, y lo hace con el tono justo, cómo se vive en ese medio. Y dice más, pues nos da la clave del cambio que va del totalitarismo de origen, el de los nazis germánicos y el de los comunistas rusos, a los regímenes de hoy. O´Brien dice como los inquisidores, los defensores del antiguo despotismo decían: "Tú no debes", que el mandamiento de los totalitarios nazis o comunistas era: "Tú debes". Hoy nuestro mandamiento, dice O´Brien, es "Thou art", "sé". Es curioso que O´Brien emplee la forma antigua y solemne del verbo ser cuando los O´Brien aconsejan emplear la neolengua para no pecar. Este empleo de la forma solemne les traiciona indicándonos el punto débil de los totalitarios de hoy: la búsqueda permanente de un fundamento que justifique su dominación.

En el propio proceso que se exige que "sea" "el hombre nuevo" está el que pueda creer, realmente creer:




        • "Que la libertad es la esclavitud" (Freedom is slavery)

        "Que dos y dos son cinco" (Two and two make five)

        Y, sobre todo que Dios es el Poder (God is Power)


        Winston, el triste héroe de 1984, "lo acepta todo. El pasado podía ser modificado. El pasado no había sido modificado jamás... Todo podía ser verdad. Las llamadas leyes de la naturaleza eran insensateces. La ley de la gravitación carecía de sentido" Aquí de nuevo todo es posible. No por haber muerto Dios, como creía Nietzsche, sino por haber muerto en Winston el hombre humano, el que está siempre, hasta su fin, en crecimiento.
        Adulto y alcohólico, es el límite que alcanza el "hombre nuevo". El mecanismo de "educación" que se describe en 1984 tiende a asegurar al hombre contra el error, que es el pecado. Por el bien del hombre nuevo, se emplean todos los medios: reforma física (tortura), química (drogas), modificación psicológica (hospital psiquiátrico), reforma intelectual (educación en un saber fijo e inmutable). Ese saber que en la novela es el Ingsoc y que en la realidad se llama el Dia-Mat. El resultado de todo el mecanismo, de todo proceso, es acabar constatando en un café con la ayuda de la ginebra de la Victoria endulzada con sacarina y aromatizada con clavo "que la lucha había terminado, que había conseguido la victoria sobre él mismo, que amaba a Big Brother".
        Pero volvamos a la pregunta sobre el origen de esas ideas de Orwell. La respuesta era que las sacó de su propia experiencia y de su sensibilidad e imaginación. Lo que no quiere decir otra cosa sino que el horror descrito en la novela estaba en él. No me refiero a tendencias que ciertos críticos pretenden encontrar en Orwell, a lo mórbido, al sadismo, a lo oscuro, etc...; no, simplemente, que lo que escribe estaba en él como está en cada uno de nosotros. Es esto lo que hace de 1984 una novela que durará hasta el triunfo definitivo del sistema Big Brother, es decir, hasta el fin de la humanidad.
        Esa sociedad monstruosa que describe la novela y que existe realmente con mayor o menor intensidad en los países que denominamos del Este, lugares donde se ha realizado efectivamente 1984, no se mantiene a tiros ni gracias a una violencia masiva y extrema. No pretendo aquí negar la represión violenta existente en estos países, incluso las visitas turísticas deben bastar para apercibirse del carácter represivo que reina en esos países del "área socialista", a poca sensibilidad que tenga el turista. Yo creo que, por el contrario, la violencia que reina en esos países es un rayo de esperanza para la humanidad, ya que nos indica claramente que necesitan aún, casi setenta años después de su instalación, ( es el caso de la URSS) una gran dosis de violencia represiva para subsistir. Represión ejercida en todos los terrenos, incluso en los que nos parecen más anodinos, tales como leer ciertos libros, escuchar ciertas radios, ir a la iglesia, bailar o escuchar ciertos tipos de música. Esas prohibiciones que la represión castiga con cárceles, campos de trabajos forzados y hospitales psiquiatricos-prisiones, nos dicen lo conscientes que son los dirigentes de esos países de lo frágil de la estructura que les sirve de base. Al mismo tiempo se constata que no hay una reacción masiva contra el sistema, el cual es aceptado por la mayoría y goza de un consenso popular evidente. Esto nos dice lo estable que es el sistema, a condición de no hacer nada, no innovar nada, no pensar nada que no sea oficial. El sistema es al mismo tiempo frágil como el vidrio y estable como la muerte.

        Esta extraña sociedad "soviética" es un producto que podemos producir nosotros aquí, sin la ayuda de nadie. Ese sistema no es el fruto de la aplicación de una doctrina como creen muchos. Marx buscaba el máximo de libertad para el hombre y creía que, al añadir seguridad, añadía libertad. En el esquema marxiano, el movimiento que conduce a la sociedad futura, definitivamente libre, pasaba por tres etapas, o por decirlo con el lenguaje de los filósofos, por tres momentos: el primero era la Revolución Proletaria, que ella misma establece, el segundo momento de la dictadura del proletariado, que, al declinar da paso de un modo natural al tercer momento, la etapa final del fin de la dominación del hombre por el hombre y de la lucha (de clases). La realidad transcurrió de otro modo. Desde el momento de la apropiación de la revolución por un grupo que se autodefinía como el más consciente, y como consecuencia de las luchas entre los distintos partidos, grupos, facciones, clases, sectores sociales, etc..., que participaron en la revolución, se produjo por esas luchas internas un crecimiento asombroso de la dominación de ciertos hombres sobre todos los hombres. Y en la práctica el recorrido de las etapas condujo a una centralización despersonalizad de la dominación como no se había conocido jamás en la historia, y ésa ha sido la gran novedad aportada por la revolución socialista.
        Sería un error craso considerar esa estructura abrerrante como simple producto del marxismo. No hay doctrina, engendrada por el hombre, capaz de tal éxito.Para los herederos de Marxs, ya quedan pocos y de poca calidad desgraciadamente, como lo indica la aterradora mediocridad cultural de la conmemoración del centenario de la muerte del maestro; sería pues, si fueran capaces, un buen tema de estudio marxista el poner en evidencia el mecanismo, el efecto perverso, por el cual los ideales de Marx al hacerse efectivos se han convertido en sus contrarios.
        La obra de Orwell no es ni anti-marxista, ni anti-socialista. Esto lo confirma su actuar en los últimos años de su vida. Basta para convencerse de ello leer la biografía de Orwell por B.Crick, o la de T.R.Fyvel, o en los ensayos y cartas de los últimos años de su vida. Se podría decir que lo que es anti-marxista y anti-socialista es el modo de funcionar y vivir los países del Este. De todas formas, el marxismo es posiblemente la doctrina actual que mejor se adapta a esa estructura social y acaso el término socialista coincida lo suficiente con lo que sucede en los países "socialistas" como para que su uso como adjetivo en esos casos no requiera comillas. Pero el problema no está en las etiquetas, aunque las etiquetas no sean tema a tratar a la ligera o despreciable, ni menos aún que el uso de las mismas sea gratuito. El problema, lo grave, lo que nos advierte Orwell, no es que el marxismo o el socialismo sean malos, es que eso que esta ahí en el Este puede suceder aquí incluso sin la ayuda del agente oficial de ese sistema, es decir, del partido comunista local. Lo que nos dice que el horror está en nosotros.

        Orwell nos da el alerta. El hombre es un animal en peligro de extinción, no por una disminución creciente de su natalidad, fruto del uso de calzoncillos tipo slip o estrechos vaqueros, ni de las radiaciones que se pueden escapar de las centrales nucleares, ni como fruto maduro de una guerra general atómica. No, simplemente por suicidio, por aceptar "ser" lo que exige el sistema Big Brother. (Sistema que la experiencia de los últimos años en los países más avanzados del Este muestra que no se requiere para subsistir la precensi de un Big Brother personalizado: un decrépito y caquéctico secretario general al borde de la degradación física y mental basta para cumplir la función. El sistema sostiene a Big Brother y no lo inverso. Experiencia histórica ésta que nos dice con Orwell que el problema no reside en el tirano, ya que no hay tirano efectivo.) Esta evidencia de la tiranía sin tirano nos obliga a dar aquí la definición del término "totalitario" que utilizamos para andar por estas páginas. Totalitarismo es todo régimen cuyo gobierno no conoce límites a su intervención en todos los ámbitos de la sociedad y que controla, o pretende controlar, en una proporción considerable la vida de sus súbditos y no tolera la existencia de organizaciones independientes y fuera de su control. La amplitud del control de los súbditos, el carácter y método de este control permiten diferenciar los totalitarismos de las otras tiranías. Es la eficacia de ese control lo que confiere esa estabilidad a las sociedades burocratico-totalitarias. La agitación permanente de los hombres, sus cambios continuos de opiniones y deseos son el equivalente social del "ruido" en física. Este "ruido" social perturba lo ordenado de la sociedad al tiempo que favorece su evolución y adaptabilidad que es condición necesaria para permanecer con una buena dosis de libertad. Ese "ruido" es el que quieren hacer callar,y, para conseguirlo, el método que se sigue es como en física el de la congelación del sistema. Es el estar en situación permanente de llegar a ser lo que caracteriza al hombre. Es la "neotenia" humana, ser incompleto, eterno niño, jamás adulto, lo que ha hecho de ese bípedo pelado el hombre. El humano es animal sin un sistema de comportamiento claro y bien definido como sucede en los otros animales y tiene que sustituirlo, si quiere vivir en sociedad, por una serie de reglas éticas que es lo que llamamos una moral. Este su sistema de comportamiento (moral) se lo tiene que inventar él; su moral la produce como la araña produce su tela, y como la araña tiene que arreglarla en permanencia para adaptarla a las modificaciones de los tiempos. El conocimiento de este descubrimiento de Kant, de que somos padre y madre de nuestra moral, es fundamental para saber dónde estamos. La capacidad humana de inventar nos dice que nada humano está escrito arriba en el "gran rollo", como creía Jacques de Diderot, y, por lo tanto, nada social es eterno ni seguro. Esta incertidumbre del mañana aleatorio es el riesgo que hay que correr, el baile que hay que bailar, para seguir siendo humano. y esta incertidumbre que hizo al humano es también y al mismo tiempo fuente de angustia. Así, día a día, siglo a siglo, los sentimientos de los humanos han oscilado entre el deseo de ser libres, felices y autónomos y el temor del mañana incierto que conduce a desear ser protegido.

        Múltiples han sido los métodos y sistemas que se han propuesto y aplicado para reproducir ese temor y satisfacer ese deseo de seguridad, para atenuar ese riesgo del futuro no escrito: son normas sociales fijas como el bronce, determinaciones estelares o cósmicas, religiones de sólidos dogmas, sistemas políticos y sociales "milenarios", cuando no eran eternos, teorías de "eternos retornos"... Todos esos proyectos de seguros tenían y tienen en común la intención clara y neta de reducir la máximo las variaciones erráticas del comportamiento humano, regulándolo. Pero hoy, ya no se trata de regular desde el exterior el comportamiento, sino de fijar el ser conformándolo de tal modo que llegue a adulto y deje de ser historia personal y colectiva, y, así fijado, estático, su angustia del mañana disminuirá siendo compensada por la pesada tristeza de lo ya muerto.
        Conseguir esa rigidificación de la personalidad no requiere gran esfuerzo. Precisamente el carácter de niño prolongado propio del humano comporta no sólo el deseo de descubrir y aprender, sino que, íntimamente ligado a ello, está el deseo de ser protegido por padre o hermano mayor. El estado de rigidez social y personal que reina en los países del Este no es el mero producto de una opresión exterior, es la aceptación de someterse tras un balance de pérdidas y ganancias. Ya desde la mitad del siglo XVI, La Boétie, el amigo de Montaigne, señalaba con agudeza que el tirano tiraniza con la ayuda de los tiranizados. En su Discours de la servitude volontaire dice: " Es increible cómo el pueblo, a partir del momento en que es sometido, cae tan bruscamente en un olvido tan profundo de la lubertad, que no es posible que se despierte para recuperarla, sirviendo tan limpia y voluntariamente que se diría, viéndolo, que no ha perdido su libertad, sino que ha ganado en servidumbre. Es cierto que al principio sirve obligado y vencido por la fuerza; pero los que vienen después sirven sin pesar, y hacen voluntariamente lo que sus predecesores hacían forzados. Es que los hombres nacidos bajo el yugo, alimentados y educado en la servidumbre, sin más lejos, se contentan con vivir como han nacido, y no creen tener otro bien ni otro derecho que lo que han encontrado, que consideran como su natural, el estado de su nacimiento".
        Los que se sorprenden del grado de consenso y contentamiento de la mayoría de los soviéticos ante su sistema, pueden encontrar una explicación en el texto de La Boétie.



        El libro de Orwell es una advertencia de que aquí y ahora se puede pasar de una situación de tipo soviético. Hay en estas sociedades de la Europa Occidental tendencias, que surgen de nosotros, a convertirnos en "seres nuevos". Milgram en su libro de 1974 "Obedience to Authority" describe una experiencia que realizó que es de lo más inquietante, la de la obediencia a la autoridad que conduce a unos individuos vulgares y corrientes a conducirse como verdugos torturadores. La experiencia de Stanley ;ilgram nos aclara el mecanismo de cómo se llega a ser verdugo sin tener que ser desde el principio un monstruo de maldad. Pero hay otras advertencia en 1984. Al final del libro Orwell publica un apéndice titulado "The principles of Nwspeak" (Los principios de la neolengua o del nuevo lenguaje), donde de un modo atinado nos muestra lo importante que es, para conservar la libertad, el hablar bien, el no simplificar abusivamente nuestro modo de expresión.
        La lectura de este apéndice puede ser de gran utilidad para aquellos que hablan y escriben cada día, los periodistas de periódicos, radios y televisiones. Este apéndice nos dice la raíz de libertad humana que hay en la lengua. Y nos muestra, sin vuelta de hoja, que la libertad es también función de la riqueza lingüística. Una lengua rica es condición necesaria, aunque no sea suficiente, de la libertad.

        Hoy, aquí, en estos países que gozan de posibilidades de libertad, hay acciones cotidianas, engendradas por el miedo, que nos preparan por hábito a la droga de la servidumbre. Es, por ejemplo, poner en el mismo pie de igualdad de sistemas sociales violensto, el uno , totalitario, y el otro, no. Es el negarse a condenar una injusticia porque esstá vestida de un color que nos gusta. Estos comportamientos son deslizamientos morales tenues que pueden conducir a aceptar la servidumbre al sustituir poco a poco normas morales por afinidades políticas. Por ejemplo. justificar un asesinato porque ha sido realizado en nombre de la libertad o de una política que nos caen bien. Esta justificación es un paso importante en la demolición de ese entaramado que nos sostiene y nos mantiene juntos y que tenemos que fabricar y retocar cada día, eso que llamamos la moral. Decía Godwin, atacando a los tiranicidas: "Allí donde hay un asesinato, allí termina la confianza entre los hombres", y donde no hay confianza entre los hombres, el factor de cohesión social será la coerción brutal. La lectura de 1984 deja un mal sabor de boca. Y hace pensar en ese otro texto de Orwell de 1939: "Lo aterrador de las dictaduras modernas es que constituyen un fenómeno totalmente sin precedentes. No se puede prever su fin. En el pasado, todas las tiranías, más pronto o más tarde, eran derribadas, o a lo menos provocaban una resistencia, por eso de que la "naturaleza humana" en el orden normal de las cosas desea la libertad. Pero nada nos asegura que la "naturaleza humana" sea un factor constante. Podría suceder que se llegue a producir una nueva raza de hombres que carezcan de toda aspiración a la libertad, del mismo modo que se podría crear una raza de vacas sin cuernos".


        1984: el alerta está dado.


        Antonio López Campillo
        Selecciones Austral - Espasa Calpe - UNED

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