“No puedo permitir que mi hija pase hambre”
Fernando y Dolores son la viva imagen de la angustia. Tras un año en el paro y con 250 euros para sobrevivir se encuentran desesperados y no descartan ya hasta la opción de robar como única salida a su situación
Malviviendo gracias al hijo
Con tres hijos a sus espaldas sobreviven a duras penas con los 250 euros que deposita, de un sueldo de 622, el único miembro de esta familia que aún conserva su puesto de trabajo: un joven de 16 años de edad y que gracias a su empleo "y a Dios, podemos más o menos ir tirando", comenta un Fernando a ratos desesperado, ya que su hijo mayor, de 22 años de edad, también se encuentra en paro y sin ningún recurso a su alcance. "¿Qué cómo me apaño?", responde Dolores a medio camino entre la sorpresa y la obviedad de su situación. "De una comida saco para dos días o más; la leche la mitad de los días la tengo que mezclar con un poco de agua, y patatas y huevos comemos casi siempre". Comenta, a la vez que su hija menor, la única presente durante la entrevista, esquiva la mirada ante la periodista mientras el padre enseña cómo le queda de corta la ropa porque no tienen medios para comprar ni lo más básico. "Cuando hay suerte y hay para cocido de los garbanzos que sobran hago tortilla o bien los hago en picadillo", prosigue Dolores a su aire hasta que reconoce estar pasando por todo un calvario y una depresión "muy gorda" provocada por la angustia que siente de verse en una situación que jamás imaginó ni en las más terrible de sus pesadillas. "Todos los días me duele la cabeza de darle tantas vueltas y casi ya no tengo ganas de ir a ningún lado, todo el día pensando en lo mismo", afirma mientras hace un inciso para reflexionar. "A lo mejor alguna vez hemos estado sin trabajo pero siempre se ha solucionado rápidamente, sin embargo, es que ahora nos falta hasta para comer" señala sobresaltada.
Fernando y Dolores, como otros tantos en esta ciudad, ya han sufrido la vergüenza de no poder pagar su piso e incluso ya le han cortado la luz de su casa "a pesar de haber respondido toda mi vida", comenta este hombre famélico de ojos azules apagados mientras se vende a sí mismo argumentando que sirve casi igual para un roto que para un 'descosío'. "Entiendo de todo, de jarnidería, fontarnería...", a la par que reconoce que la luz la ha vuelto a enganchar de 'estrangis' a la red eléctrica. "He trabajado toda mi vida y quien venga a mi casa a quitarme la luz se le va a tener que ver conmigo", manifiesta. "Tengo un currículum muy grande y extenso en la construcción y lo único que quiero es un puesto de trabajo, no quiero otra cosa, no quiero limosna de ningún tipo, tengo dos manos para trabajar y nunca he estado parado en mi vida", comenta constantemente durante la conversación que a veces interrumpe su mujer. "No queremos dineros ni nada, al menos un trabajo", suplica.
Dispuesto a todo
La niña, entre tanto, sigue mirando al suelo mientras sus padres hablan de una realidad que asola ya a miles de familas en distintos barrios de la ciudad las cuales se han unido en una plataforma para hacer frente a una crisis que no entiende ni de clases ni de condición, igualando a quienes un buen día fueron pudientes en las colas de los comedores sociales y en las del INEM, cada vez más concurridas en lucha por encontrar un empleo digno con el que poder salir adelante, ya que son conscientes que los respresentantes políticos van a su aire y ofrecen pocas soluciones. "A Zapatero -rechista Fernando- lo único que le diría es que se junte con Rajoy a ver si solucionan algo porque mucho tirarse los trastos a la cabeza y aquí nadie soluciona nada".
Esta pareja, al igual que otras, lo único que desean es un mejor reparto del trabajo y recursos que gestiona las instituciones. "Se lo dan a la gente de fuera, y eso no puede ser, cuando no a los mismos", explican mientras reconocen, sin inmutarse, que la opción de robar la acaricia a menudo debido a las pocas soluciones que ven a su problemática. "Antes de anoche me iba a ir a robar, lo que pasa que mi hija me frenó, pero es que no puedo consentir que pase hambre", insiste una y otra vez para hacer ver que lo suyo no es ficción, sino realidad. Es entonces cuando la joven reacciona y mira a su padre, quien cambia de tercio y explica orgulloso el gran potencial que tiene Cristina, como así se llama: "ha obtenido todo sobresaliente en la última evaluación", subraya, esbozándole con ello, una pequeña sonrisa. "Es una niña muy inteligente y me gustaría mantenerla con cierta dignidad en ese colegio".
"¿Lo de irnos a otro lado?" responde Dolores, “no lo contemplamos ya que hemos hablado con familiares y nos han dicho que tanto en Barcelona, como en Mallorca también se está igual o peor", asegura esta madre de familia con mirada perdida mientras su marido espeta por última vez. "A ver si hay suerte y me me apaña usted algo" , para acto seguido dar las gracias sin darse cuenta que su testimonio acerca la cara más dura del azote de la crisis en nuestra ciudad. Gracias, a tí.
Luchando por lo más básico
Los ánimos andan revueltos ya en muchas familias por la falta de ingresos. Y así se puso en evidencia en el pasado pleno municipal bastante tenso por la presencia de familias al borde de la exclusión . Por ello, la unión de fuerzas sea la única salida que de momento, ven algunos para hacer frente a una terrible realidad. En Córdoba ya han nacido dos asociaciones que tienen cometido hacer visibles a los estragos de la crisis. La Plataforma de Familias Cordobesas y la segunda, Parados en Movimiento que engloba a desempleados de larga duración. Ambas piden un reparto equitativo de las ayudas y de los puestos de trabajo que las instituciones reparten. Aunque lo llamativo es que a consecuencia de la crisis las tensiones comienzan a estar a flor de piel entre extranjeros y autóctonos que rivalizan por lo más básico. “Mi hijo ni siquiera puede coger chatarra, por los rumanos a los que les dan ayudas y le pagan pisos”. Frases que ponen de relieve que esta situación es el perfecto caldo de cultivo para actitudes xenófobas.
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