lunes, 7 de agosto de 2017
sábado, 15 de julio de 2017
SONATAS
Sonatas
vacías de música
resbalan
sus eclécticos sonidos
en
yermos campos de piedras aceradas,
llenos
de gentes uniformadas
que
acechan el horizonte
con
miradas renqueantes
intentando
atisbar,
el
fragor luminoso del rayo
que
recorre el camino
antes
de llegar al final.
Sonata
gris
de
grasienta música machacona
incapaz
de sonar más allá
del
pendular caminar
de obreros grises de inmaculadas manos
y
apretadas corbatas
igual que nudos corredizos
que
estuviesen a punto de estrangularlos,
grises obreros perplejos
ante el cálido fulgor del amanecer
invadiendo las calles
de
las ciudades deshabitadas,
convertidas
en lugares muertos
donde
los cantos fenecidos
recorren
los espacios
en
los que las sombras
del
ayer más cercano,
acariciando con prostituida lentitud
los
pensamientos olvidados
entre
las ruinas amarillentas
de
desangelados habitáculos
vacíos
de caricias,
vacíos
de risas,
vacíos
de miradas cómplices
de amantes
que
retozando su amor clandestino
en
oxidadas camas de hierro fundido,
se ocultan invisibles,a las miradas inquisidoras
de las mentes bienpensantes.
Obreros
de ojos glaucos
tomando
los espacios
perdidos
por la luz,
balanceándose
cual borrachas peonzas
entre
las deterioradas columnas
de
deshabitados templos
donde
la diosa morfina
guía
los desvencijados pasos
de
cuerpos olvidados
entre
polvorientas sábanas.
Sonatas
de alargados vasos sanguíneos
mecidos
por el frío viento del norte
como
rotas notas musicales
asomadas
al
insondable vacío
de
plazas empedradas,
de
escaleras imposibles de subir,
de
gestos aprendidos
entre
volutas de humo azul
más
allá de lejanas esquinas,
en
las que el continuo clíquear
de
los ruidos se desmorona
lentamente
en los oídos
hasta
llegar al fondo adormecido
de
polvorientos sumideros.
AMADO2017
miércoles, 5 de julio de 2017
HE VISTO 1
He
visto altas torres desgastadas
que
humean su derrota
atrapando
nubes
entre
los goznes oxidados
de
sus ventanas sin cristales.
He
visto en desvencijadas torres
ennegrecidas
por el paso del tiempo
a
los hijos de Saturno,
(rompedores
de almas)
devorar
a sus hermanos
mientras
bebían con placer mezquino
en
copas hechas
con
la piel descolorida
de
los cuerpos torturados,
de
los cuerpos desmembrados,
de
las venas rotas,
de
la sangre gastada en luchas inútiles,
de
los huesos reducidos
al
polvo más insignificante,
aquel
que transportado por el viento
bordea
la temblorosa línea
que
el silencio,
hace
recorrer a una gota
que
cae despacio desde el infinito
hasta
escurrirse por el herrumbroso tejado
de
un viejo techo carcomido
siempre
dispuesto a morir
en
cualquier momento.
He
visto,
altas
torres empequeñecidas
por
los dedos inexorables
de
los años,
bostezando
su derrota
atrapando
insectos
con
sus bocas descarnadas
de
dientes podridos,
convertidas
en refugio
de
temblorosas aves
que
anidan su miedo
entre
los huecos vacíos
de
pálidas paredes desconchadas.
AMADO 2017
HE VISTO 2
He
visto a una sociedad caníbal
adoradora
de la diosa mentira
engullir
a sus hijos
entre
brillantes luces de neón
y
escupirlos
hasta
la más profunda de las cloacas
al
tiempo que una torpe sonrisa
de
salivas envenenadas
iluminaba
su rostro de dama decadente.
He
visto la cansada indolencia
de
aquellos que miran el mundo
con
gesto aletargado
desde
las solapas de sus camisas
volver
la cara
al
terreno baldío
de
la soledad y la desesperación
de
otros
desde
el cómodo asiento
de
sus bien amuebladas oficinas.
He
visto a una sociedad caníbal
de
rostros de plástico
reír
hasta la extenuación
y
caer de rodillas
entre
falsos lamentos
de
penas no creídas,
de
palabras escritas
vacías
de sentimiento,
de
ojos que miran,
pero,
no ven;
He
visto una onanista sociedad caníbal,
convertida
en una voluptuosa amante
de
pornográfica luz azulada
y
fláccidas carnes amarillentas,
apuñalar
las emociones de los niños
y
quebrar sus sueños
cual
ave de rapiña
que
rasgase la carne de sus victimas
antes
de devorarla.
AMADO2017
martes, 27 de junio de 2017
sábado, 24 de junio de 2017
CERCA Y RINDE CÉSAR A ATEGUA, CIUDAD GRANDE, A CUATRO LEGUAS DE CÓRDOBA
Fue Ategua una grande y fuerte
ciudad a cuatro leguas de Córdoba, vese hoy su sitio despoblado en
el camino derecho a Castro del Río donde se ven sus ruinas famosas y
en ella se han hallado no pocas veces cantidad de dineros romanos,
moneda de plata de valor de diez cuartos nuestros, testigo soy de
vista de buen número de ellas. Refiere casi el nombre antiguo
llamándose hoy Teba la Vieja. Tierras son del mayorazgo de don Luis
Hinestrosa, caballero principal de Córdoba de quien diremos
adelante. Vese en el asiento del lugar en muy alto, cercado todo de
dos fuertes murallas con buena copa de torres.
Era la mayor fuerza que tenían
los hijos de Pompeyo, como refiere Hircio, tenían en ella muchas
provisiones de guerra. Deseando grandemente César ganarla y así,
viendo a los dos hermanos ocupados en Córdoba, pasando por el puente
de Alcolea con todo su ejército muy en orden hace mención Hircio
de dos lugares famosos a cuya vista corrió César la tierra. E
primero es Castro del Río llamado entonces Castro Julii del nombre
del mismo Julio César, villa hoy de las más ciudadanas que hay en
Andalucía, cercada de bien fuertes muros que ya con el tiempo
padecen ruina. El otro lugar se llama Espejo y en aquella edad, como
se ve en Hircio, Ucubi. Otros le llaman Lucubi, patria de Anneo Vero,
excelente caballero, padre de un emperador del mundo como diremos
adelante. El tercero es Attubi, que no sé quién pueda ser el sitio,
que se echa de ver era más cercano Ategua y ambos muy cerca del río
Guadajoz, llamado en la dicha historia río Salado.
Asedió César con terrible
cerco a Ategua. Vino volando Cneyo Pompeyo a socorrerla y defenderla
porque le iba la vida en ello. Trajo consigo nueve legiones, a 5500
hombres, pero la mayor fuerza estaba en las cuatro. Hacíale Cesar
ventaja en la caballería y así Pompeyo no osaba darle batalla.
Entreteníanse en varias escaramuzas. La tierra, dice Hircio, era a
propósito para guerras; alábala de su fertilidad, bien conocida es
la campiña de Córdoba. Dice había muchas atalayas a la usanza
africana, sin duda les enseñó esta costumbre Anibal, como se ve en
Florián de Ocampo (lib. IV, cap. 10). Dilatábase la guerra y
jornada estándose ambos ejércitos a vista sin acometer, aunque el
uno nunca dejaba de apretar la ciudad y el otro la favorecía. Tenía
César gente en unos montes cercanos, vino contra ellos Pompeyo desde
Castro del Río donde era el asiento de su ejército. Acudió César
con tres legiones, peleó con la dicha y el valor que solía y,
muertos mucohos pompeyanos, hizo que los demás volviesen infamemente
las espaldas.
Otro día llegó de Itálica
Arguecio, caballero romano con buen número de gente a caballo y
cinco compañías de Monviedro. Con el nuevo socorro de su contrario
desmayó Cneyo Pompeyo, como refiere Hircio, y aquella noche pegó
fuego al real y se partió huyendo a Córdoba. Salióle al camino un
rey llamado Indo, que no se sabe quién fue, se metió entre los
pompeyanos con poca consideración y él y los suyos fueron pasados a
cuchillo. Cogió en el camino unos legados de los cesarianos que
dentro en Córdoba vivían, y enviólos al César a quien iban
cortadas las manos. Por estas crueldades desampararon el bando
pompeyano Marcio, tribuno de una legión, y Cayo Fundiano y se
pasaron a César, el cual tenía muy apretada Ategua, derribada ya
una parte del muro delantero. Los vecinos se daban a partido pero
César no los quiso porque eran con ventajas grandes del contrario.
Dio la vuelta a su puesto Cneyo Pompeyo reforzado de más gente, puso
su real de la otra parte del Guadajoz de donde trabó varias
escaramuzas. Dice Dión, autor grave, que envió Pompeyo por general
a Ategua, que tenían falta de buena cabeza que los rigiese, a
Munacio Flaco, el cual, llegando sólo de noche a las primeras
centinelas del César, les persuadió era sobre ronda. Creyéronlo
fácilmente viéndole venir solo, a los que le seguían fue fácil
hacerles creer les enviaba César a Ategua, donde entrando halló los
vecinos muy alborotados porque unos se querían huir, otros rendir a
César aunque, como valerosos cordobeses que eran siempre combatidos,
se rebatían sus enemigos con fuegos artificiales y piedras haciendo
en ellos mucho daño. Minacio Flaco, como cruel e inhumano, subió a
todos los aficionados de César a vista del real en los muros y allí
los hizo degollar echando sus cuerpos en el campo con gran lástima
de los presentes. Y como añade Valerio Máximo (lib. IX, cap. 2)
mandó matar todas las mujeres de los que andaban en el real de César
y las echaron del muro abajo diciendo a voces sus nombres. Mayor
crueldad usó con los niños, matándolos en el pecho de sus madres,
y echándolos de alto los hacía recibir en las picas o clavarlos con
ellas en el suelo. Pasara muy adelante esta matanza si Junio, un
soldado honrado, no se la afeara mucho.
Otro día salieron dos hombres
principales de Ategua, Tberio Tulio y C. Antonio, que era natural de
Extremadura, y presentándose delante del César dijo Tiberio:
“Pluguiera a Dios que yo
hubiera sido tu soldado y no de Pompeyo y que esta constancia que he
tenido con él la hubiera mostrado en tus victorias, pues veo que tus
promesas han venido a parar en que, sufriendo nosotros tanto en este
cerco, él nos desampara y quita la vida con tanta crueldad;
desamparados de Pompeyo y vencidos de tu valor suplicamos la vida a
tu clemencia, pidiendo te muestres tal con tus ciudadanos y sangre
cual te han hallado las extrañas naciones.”
No dice Hircio la respuesta que
llevaron, que está algo oscuro el lugar. Sucedió, pues , que
defendiéndose valerosamente de dos asaltos y viéndose sin remedio,
echó una carta por el muro pidiendo la vida de merced y que le sería
leal soldado. Volvieron a salir los embajadores suplicando solamente
otorgase la vida a los vecinos y se darían, César les respondió:
“Yo soy Julio César y
aguardaré lo que debo a quien soy.”
Entregarónle la ciudad de
Ategua a dieciocho de febrero, de donde le saludaron los soldados y
vecinos con nombre de emperador. Dión refiere los perdonó a todos
con su natural clemencia, aunque Hircio, con hallarse presente en
toda esta jornada, no le hizo memoria del perdón.
fuente:
HISTORIA GENERAL DE CÓRDOBA DE ANDRÉS DE MORALES (TOMO I)
ADELINA CANO FERNÁNDEZ Y VICENTE MILLÁN TORRES
EDITA AYUNT. DE CÓRDOBA, ÁREA DE SERVICIOS CULTURALES Y TURISMO, EDIC. COFINANCIADA POR LA EXCMA. DIPUTACIÓN DE CÓRDOBA
domingo, 18 de junio de 2017
Hoy Quisiera
Hoy quisiera...,
poder escribir un poema de amor,
Llenar mis labios de sencillas palabras
Dibujadas en el comenzar del día
Mientras beso los ojos de quien amo.
Hoy quisiera dejar vagar
Mis sentidos
en pos de un sueño inacabado,
De nubes,
De aguas pasadas,
De sentimientos,
De dedos entrelazados,
De caricias furtivas
Que escapan
Ligeras como un suspiro
Tras la luz
Del silencio primerizo
Que emana
De las miradas que se encuentran.
Hoy quisiera...,
escribir un pequeño
poema de amor
en el que vaciar
lentamente
la emoción inacabada
del tacto ligero de la piel,
del rozar breve
de una gota de rocío
en mis labios resquebrajados,
del cómplice silencio infinito
del rojo atardecer
que se escurre como un soplido
hasta el fondo del alma
mientras una canción lejana
acuna entre sus notas
el rumor del mar.
Hoy quisiera..., para ti,
escribir un pequeño
poema de amor,
leve como un susurro
de palabras calladas,
liviano sentir
de noches sosegadas
en el regazo calmo
del viento del sur,
brisa queda
de leves suspiros soñados
en noches de luna llena.
Hoy quisiera,
para ti mi amor,
escribir un poema
lleno de luz,
lleno de paz,
en el que embarcarme
más allá
del horizonte diario,
más allá
del retumbar
de los ruidos
que engarzados
entre las piedras
de ciudades olvidadas
acumulan los miedos
de aquellos que olvidaron amar,
de aquellos que olvidaron sentir,
de aquellos....,
que muertos en vida,
ansían el calor del sol
en sus huesos desgastados.
Hoy,
para ti,
mi amor...,
quisiera poder escribir
un poema de amor
en el que dejarme mecer
por la corriente aérea
de tus labios
más allá del último segundo
acumulado en mis bolsillos
antes de partir.
Amado 2017
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