martes, 17 de noviembre de 2009

UN POCO DE HISTORIA


EL NOMBRE DE CÓRDOBA


Pocas palabras se pronuncian tanto a diario en una ciudad como el nombre de la misma, aunque a menudo desconocemos su origen. Los nombres de las ciudades antiguas aportan cierta información histórica, ya que tienen que ver con circunstancias o hechos relacionados con su fundación. Con respecto a Córdoba lo primero que debemos señalar es que ha conservado hasta hoy día el viejo nombre indígena prerromano, con más de veintidós siglos de solera. Y ello por encima de cambios onomásticos circunstanciales, ya en la misma Antigüedad, como el título de Colonia Patricia que recibió en época imperial romana.
Posiblemente Corduba fue el nombre con el que que sus habitantes conocieron el antiguo poblado prerromano localizado arqueológicamente en el área del Parque Cruz Conde, que pervivió incluso después de que el general romano Claudio Marcelo fundara la nueva Córdoba en el solar del actual casco viejo, a mediados del siglo II A.C. Tal debía ser la fuerza evocativa de un topónimo, quizás prestigiado en su entorno territorial por algún poder político al estilo de los régulos o reyezuelos turdetanos, que conocieron los romanos durante la conquista militar del sur de hispania. Lo cierto es que la nueva población creada por Marcelo mantuvo el nombre indígena del lugar. No olvidemos que la nueva ciudad incorporó una parte selecta de la población nativa vecina, como indica el geógrafo Estrabón en época de Augusto, lo cual influiría en ello.
Para el nombre de Corduba se han buscado diversas explicaciones, algunas ciertamente exóticas. El sufijo -uba aparece en los nombres de algunas ciudades de la Andalucía prerromana, así Iponuba, Onuba, etc..., El elemento -Cord pudo esta relacionado con el nombre indígena del río Guadalquivir, llamado Certir segun el historiador Tito Livio, quien cita un personaje de Castulo de nombre Cerdubelo, quizás con similar raíz. En tal caso habría significado "ciudad del río Guadalquivir". O bien pudo tratarse de una forma alternativa de -Tord=Turd-(etani), con el significado de "Ciudad de los Turdetanos" si, como parece posible, ejerció una cierta capitalidad sobre el territorio vecino antes de la conquista romana. El nombre, en todo caso, es indígena, aunque dificilmente puede asignarse a un contexto cultural concreto, al estar la ciudad en una zona de contacto entre dos áreas lingüísticas prerromanas, la tartésica y la ibérica.

El primer documento escrito donde encontramos el nombre antiguo de nuestra ciudad lo constituyen las monedas acuñadas posiblemente a finales del siglo II A.C., en cuyo reverso aparece la leyenda Corduba junto a una figura de Eros. Nuestra ciudad sigue siendo mencionada como Corduba entre los historiadores romanos de fines de época republicana (S.I A.C.).
No obstante, a raíz de recibir el título de "colonia", la más alta categoría político-administrativa que podía tener una ciudad romana, pasó a denominarse Colonia Patricia Corduba, denominación que encontramos en documentos epigráficos y numismáticos de época imperial. El epíteto Patricia alude a su alto rango entre las ciudades del Imperio Romano, y especialmente entre las de la provincia Bética, en ninguna de las cuales se constata ese distinguido apelativo. Pero no sabemos exactamente qué político romano se lo otorgó, quizás Cesar o Augusto.
Los cordobeses de entonces tenían como "denominación de origen" la de Patricienses, como vemos en varias inscripciones romanas. Pero el nombre primitivo, Corduba, no se perdió. Incluso en época visigoda algunos monarcas acuñaron monedas en la ciudad donde vuelve a aparecer simplemente el nombre Corduba, forma latinizada del viejo topónimo indígena que definitivamente fue el que quedó para la posteridad.


(J.F.R.N.)


Fuente:La Caja Obra Cultural - Caja Provincial de Ahorros de Córdoba

lunes, 16 de noviembre de 2009

LA CONDENA DE QUE TU HIJO TE MALTRATE

SOCIAL ACTUALIDAD 10


Las agresiones y amenazas de muerte de niños a sus padres llenan ya el 15 por ciento de los asuntos del Juzgado de Menores. Un problema en aumento que psicólogos y jueces achacan a la falta de autoridad y formación en valores

Laura Pérez

l.perez@lacalledecordoba.com

Desde que cumplió los catorce años el referido menor comenzó a presentar una actitud desafiante y agresiva con sus padres, mostrando hacia ellos un comportamiento ofensivo, caracterizado por hablarles a voces, de forma grosera y con continuos insultos, amenazas y reproches”. De esta forma tan explícita y tan dura al mismo tiempo, explica una sentencia judicial cómo empezó la historia de un niño que maltrataba a sus padres y que, tras pasar por el juzgado, acabó en un grupo de convivencia cumpliendo una medida de libertad vigilada y alejado de su familia durante más de un año y medio.

En el juzgado de Menores de Córdoba es cada vez más habitual escuchar relatos como estos, en los que una madre cuenta como su hijo “le golpea con patadas y puñetazos” cada vez que ésta se niega a darle dinero. De hecho, los asuntos relacionados con violencia familiar suponen ya alrededor del 15 por ciento de la carga total que llega allí, “un porcentaje demasiado elevado y que crece a un ritmo muy preocupante”, tal y como asegura el titular de este órgano, Luis Rabasa. Tanto es así que últimamente, es muy normal que el juzgado reciba entre ocho y diez medidas cautelares con menores en un solo día y que todas sean referidas a agresiones físicas o psicológicas de hijos a sus padres.

Este incremento de la violencia familiar ejercida por niños ya empezó a notarse el año pasado en los asuntos que llegaron a la Fiscalía de Menores de Córdoba. En 2008 se incoaron 190 diligencias por delitos de maltrato cometidos por menores en el ámbito familiar frente a los 170 del año anterior, de los que 75 derivaron en expedientes de reforma, diez más que los registrados en 2007.

En los episodios violentos que recoge la mayor parte de sentencias judiciales de este tipo y a las que ha tenido acceso este semanario, se reproducen muchas escenas en común. Por lo general, como explica Rabasa, el agresor suele ser un menor de entre 14 y 16 años, procedente de una familia normalizada, de clase media o acomodada, que la emprende con la víctima más débil de casa, su madre.

Las amenazas de muerte y las agresiones verbales del tipo “te tengo que matar, hija de puta, me tienes harto”, que los menores suelen descargar sobre sus progenitoras son sólo la punta de un maltrato que alcanza las más crueles y violentas agresiones físicas. De hecho, como asegura el juez de menores, ni los insultos, ni los robos, ni la preocupación porque sus hijos han dejado de asistir a clase o están consumiendo drogas, son motivo suficiente para que los padres reaccionen y acudan al juzgado. Por lo general, cuando lo hacen ya han sentido los golpes, los empujones y las patadas y realmente tienen miedo a que con la próxima paliza lleguen a cumplir sus amenazas de muerte.


“Me hizo pensar en el suicidio”

La actitud de superioridad que tienen los niños hacia sus padres, creyendo que éstos tienen la obligación de darles todo lo que ellos quieren como si de pequeños dictadores se tratara es otro de los rasgos que se dejan ver en las sentencias judiciales contra menores. Las frases del tipo “me da todo igual, esta es mi casa” y “no eres nadie para decirme lo que tengo que hacer” se repiten en todas ellas. De hecho, como destaca la psicóloga y educadora, Beatriz Perea, quien durante varios años ha ejercido en un grupo de convivencia a dónde los jueces envían a los menores maltratadores como medida judicial, asegura que para estos niños “no existen límites ni normas y están convencidos de que se lo merecen todo porque sí”.

Precisamente éste ha sido el comportamiento que María Ángeles L. ha soportado de su hijo durante los cinco últimos años. Apenas tenía 13 y cada vez que su madre se negaba a darle dinero o le prohibía salir, comenzaba el show. “Me gritaba, estrellaba contra la pared todo lo que tenía a mano y acabó robándome lo poco que tenía de oro para venderlo”, recuerda María Ángeles.

Lo peor llegó a los quince años, el día que empezaron los golpes. “Me pidió para unas zapatillas, me negué y sin decir nada me tiró el mando de la televisión a la cabeza y empezó a darme patadas mientras yo me encogía en el sofá”, asegura.

Tras eso, las agresiones se volvieron mucho más habituales y aunque María Ángeles nunca supo cuando perdió la ocasión de poner límites a su hijo, sí que recuerda que fueron varias las veces en las que la angustia incluso la llevó a pensar en quitarse la vida. “La amargura de ver que era mi propio hijo quien me pegaba me hizo pensar en el suicidio. No lo reconocía”, asegura.


El freno puede llegar a tiempo

Ni profesionales judiciales ni psicólogos son capaces aún de marcar con exactitud cuál es el momento o la actitud que convierte a un niño en el maltratador de sus padres. Sin embargo, sí tienen claro que, como afirma Luis Rabasa, existe un instante, “el de la primera salida de todo o falta de respeto, en el que los padres deben imponer su autoridad y marcar unos límites a su hijo”.

En este sentido, la psicóloga Beatriz Perea descarga a los padres del sentido de culpabilidad que suelen sentir al asegurar que el problema que tienen los niños de hoy en día que desarrollan conductas violentas viene marcado por la relajación en la formación en valores y principios de la que se está pecando tanto en el ámbito educativo como familiar. “Ahora esa permisividad y comprensión hacia los menores se vuelve en contra nuestra, y lo que es peor, en contra de ellos mismos”.

La solución, asegura Rabasa, debe empezar en la familia pero eso sí, “con el apoyo de las instituciones sociales y educativas desde el momento en que empiecen a aparecer comportamientos violentos. Y eso, junto con el rechazo de muchos padres a pedir ayuda, de momento, no está funcionando del todo bien”.



Libertad vigilada en grupos de convivencia es la medida usual

Por lo general, las sentencias referentes a violencia familiar de hijos a sus padres que se resuelven en el juzgado de menores de Córdoba son de conformidad. La medida más común que se le impone al niño es la libertad vigilada en convivencia con un grupo educativo durante un mínimo de nueve meses y un máximo de un año y medio. Aunque esta medida es de régimen abierto, se asemeja bastante al internamiento en un centro pues el niño tiene que acatar unas normas y estar alejado de su familia mientras que los educadores trabajan para que abandone su conducta violenta y pueda volver a casa. Sólo cuando la relación entre padres e hijo no está del todo deteriorada, el juez opta porque dicha intervención se haga en el propio domicilio y en algunas, añade Rabasa, aconseja una intervención también con las familias.

Las escasas sentencias en las que los menores maltratadores salen absueltos, como explica el juez, se debe a que los padres, cuando llegan al juzgado se derrumban, no declaran en contra de sus hijos y éstos niegan los hechos. Entonces, “nos dejan sin herramientas para intervenir”.



Fuente: 2000-2009 © Copyright El Semanario la Calle de CÓRDOBA

jueves, 12 de noviembre de 2009

Centros de hoy con normas de hace 12 años


EDUCACIÓN - ACTUALIDAD 10

Centros de hoy con normas de hace 12 años

La reforma del funcionamiento de colegios e institutos que ha propuesto la Consejería ha abierto un nuevo frente en la comunidad educativa, en el que los docentes priorizan los medios humanos para paliar el fracaso y la conflictividad

Laura Pérez

l.perez@lacalledecordoba.com


La realidad social que hay en los colegios e institutos de Andalucía y el marco legislativo del sistema educativo han cambiado de forma radical en la última década y a día de hoy, pese a las inversiones públicas y los programas educativos que se han puesto en marcha, nuestros alumnos están obteniendo resultados cada vez más bajos. El fracaso escolar, la conflictividad y los problemas de convivencia han ido asentándose en las aulas de todos los centros y, como reflejan estudios como el informe PISA o las cifras de la OCEDE, es más que evidente que éstos necesitan contar con las herramientas de gestión y los recursos que les permitan cambiar esta dinámica.

Sin embargo, lo cierto es que en Andalucía tanto los colegios como los institutos continúan teniendo los reglamentos de funcionamiento que se aprobaron en 1997. Una fecha en la que la Ley Orgánica de Educación y la Ley Andaluza de Educación, vigentes en este momento, no existían, y en la que además, el clima de convivencia en los centros, las enseñanzas e incluso la relación entre los profesores y los alumnos eran totalmente distintos a los de ahora.

Ante la necesidad de cambio, la Consejería de Educación abrió un debate en la comunidad escolar para que profesores, padres, personal no docente e incluso alumnos dieran sus propuestas de cara a modificar los Reglamentos Orgánicos de los centros de Primaria y Secundaria en Andalucía, y ahora, en noviembre, verán la luz los primeros borradores de estas normativas.

Pese a las diferencias, los docentes y las familias esperan que los nuevos reglamentos permitan a los colegios e institutos contar con el modelo de gestión y la nueva concepción pedagógica que necesitan para avanzar hacia la calidad del sistema educativo. Sin embargo, al mismo tiempo presagian que a la Consejería se le va a hacer muy difícil conseguir unos reglamentos que contenten a toda la comunidad educativa y sus propios intereses.

La presidenta del sector de enseñanza de CSI-CSIF, Elena García, lo tiene claro y sea cual sea el contenido de los nuevos reglamentos de funcionamiento de los centros, lo que hace falta es que éstos garanticen los recursos humanos y la financiación que necesitan los centros para ofrecer un sistema de calidad pues, “la falta de medios y las restrinciones nos han impedido hacer muchas cosas”, asegura.


Efectos de tener normas obsoletas

Efectivamente, a lo largo de estos años tanto las fórmulas de gestión como el progresivo aumento de programas educativos complementarios impulsados por las administraciones, han provocado entre otras cosas un aumento desproporcionado de las tareas burocráticas que tienen que sacar adelante los docentes. Y al tiempo, en lugar de mejorar paulatinamente los resultados, las consecuencias han sido un crecimiento de las tasas de fracaso escolar.

En este contexto, en contraposición a la reclamación docente de alcanzar una enseñanza más personalizada y especializada, las aulas han ido masificandose de alumnos curso tras curso y con ello, las posiblidades pedagógicas de los profesores cada vez se han reducido más.

Al mismo tiempo, la conflictividad en las aulas ha crecido y ni tan siquiera con los planes para rebajar la violencia escolar, los colegios ni los institutos han contando con el personal suficiente ni las herramientas para atajarla. Como ejemplo, García pone el hecho de que sólo los centros más problemáticos pueden disfrutar de la figura del educador social permanente pues de hecho, la Consejería apenas había puesto a disposición de las provincia 34 de estos profesionales. El resto de centros con suerte, cuenta con uno de forma eventual y en ocasiones, gracias a la intervención de colectivos sociales.

La necesidades están claras

Para ofrecer una solución a estas carencias, la Consejería de Educación tiene intención de dotar a los centros de mayor autonomía, aunque para los docentes las mejoras deben ir más allá.

En primer lugar lo que es más inmediato en pro de dar calidad al sistema educativo, según el secretario provincial de CCOO enseñanza, Javier Delmás, es que los profesores recuperen más de la labor docente que les compete y que sea personal administrativo en plantilla quien realice esas tareas que los sobrecargan. Así, y junto a una mayor capacidad para reorganizar las plantillas en los centros, añade, los profesores podrán dedicar más tiempo a su verdadera función y entre ellas al hecho de “ampliar las horas de tutorías tan importantes en la intervención con los alumnos que empiezan a tener rasgos de fracaso escolar”.

La masificación de las aulas es otro de los inconvenientes que, según los docentes, está restando calidad al sistema. Por ello, Elena García apunta la necesidad de que además, los centros puedan disponer de personal suficiente para establecer desdobles de grupos y sobre todo, profesores y maestros que hagan posible el refuerzo educativo tan importante contra el fracaso escolar. Sin embargo, lo cierto es que en este momento y durante los últimos años, los colegios se las ven y se las desean para contar con personal que cubra las bajas de los docentes y esto les ha llevado a perder figuras y acciones con los alumnos tan necesarias como el profesor de apoyo.


Reorganización interna

Otra de las intenciones de la Consejería, en cuanto a la organización de los centros, pasa por reducir el número de departamentos de Secundaria. “Podrán agruparse en las áreas de conocimiento científico tecnológica, social lingüística y artística”, cita el texto, lo que supondría dejar una quincena de materias, dirigidas hasta ahora por especialistas en manos de tres jefes de Departamento.

En este sentido, García denuncia que la especialización es necesaria para mejorar los resultados académicos y con esta reducción de departamentos, sólo se contribuirá a acabar con la escasa especialización que existe hoy. “Ya servimos para un roto y un descosido, en Secundaria la Consejería está abusando y tira de cualquier sitio cuando tiene que cubrir bajas sin importar la especialidad de los profesores”. De hecho, como ha podido saber El Semanario este año ya se ha agotado la bolsa de interinos perteneciente a la especialidad de Matemáticas y en Córdoba, la Delegación de Educación está tirando de la bolsa de Física y Química para cubrir las bajas de los profesores en los institutos de la provincia.

Además, aunque desde CSI-CSIF apuntan al hecho de que los reglamentos permitan a los centros potenciar los departamentos de orientación y el profesorado de compensatoria como vía para mejorar el clima de convivencia, consideran fundamental que además den a los claustros de profesores no sólo autoridad sino capacidad sancionadora directa contra los alumnos conflictivos. “Las medidas para mejorar la convivencia están bien pero al igual que en el resto de las iniciativas hay que analizar si realmente están contribuyendo a acabar con el mal clima de los centros y el fracaso escolar”, insiste Elena García.

Aunque es cierto que los antiguos reglamentos de los centros han frenado el desarrollo de la comunidad educativa de cara a aplicar la nueva legislación, es evidente que como insiste García, la falta de personal y de financiación que sufren los colegios e institutos ha sido el principal lastre. “Eso es lo que en primer lugar tendrá que asegurar la Consejería”, añade.



Las familias quieren más poder de decisión

La principal exigencia que las familias tienen de cara a la negociación de los nuevos Reglamentos Orgánicos de Centros (ROC) es que éstos aumenten su presencia y la capacidad de decisión que los padres y madres tienen dentro de los consejos escolares de los colegios e institutos. El presidente de la Federación de Asociaciones de Padres y Madres, Francisco Mora, explica que hasta ahora las familias han estado en minoría dentro de estos órganos escolares y “prácticamente nos vemos obligados a asumir las decisiones que toman los docentes en los claustros”. De hecho, más allá de que los reglamentos amplíen las vías de participación que los actuales ofrecen a las familias lo que éstas reclaman es que la Consejería de Educación garantice que los centros estén abiertos a su intervención y que los equipos directivos apliquen las normativas que ya hay vigentes para ello. No obstante, Mora considera indispensable que además, Educación dispense medidas de información y formación a las familias para que aquellos que no conocen cuáles son las formas de intervención puedan emplearlas en pro de la educación de sus hijos.


Fuente: 2000-2009 © Copyright El Semanario la Calle de CÓRDOBA

FOTOS

DE OTRO MODO

Si en vez de ser así,
si las cosas de espaldas (fijas desde los siglos)
se volviesen de frente
y las cosas de frente (inmutables)
volviesen las espaldas,
y lo diestro viniese a ser siniestro
y lo izquierdo derecho...
¡No sé cómo decirlo!
Sueñalo
con un sueño que está detrás del sueño,
un sueño no soñado todavía,
al que habría que ir,
al que hay que ir,
(¡no se como decirlo!)
como arrancando mil velos de niebla
y al fin el mismo sueño fuese niebla.

De todos modos, suéñalo
en ese mundo, o en éste que nos cerca y nos apaga
donde las cosas son como son, o como dicen que son
o como dices que deberian ser...
Vendríamos cantando por una misma senda
y yo abriría los brazos
y tú abrirías los brazos
y nos alcanzaríamos.
Nuestras voces unidas rodarían
hechas un mismo eco.

Para vernos felices
se asomarían todas las estrellas.
Querría conocernos el arcoiris
palpándonos con todos sus colores
y se levantarían las rosas
para bañarse un poco en nuestra dicha...
(¡Si pudiera ser como es,
o como no es... En absoluto diferente!)

Pero jamás,
jamás.
¿Sabes el tamaño de esta palabra:
Jamás?
¿Conoces el sordo gris de esta piedra:
Jamás?
¿Y el ruido que hace
al caer para siempre en el vacío:
Jamás?
No la pronuncies, dejámela.
(Cuando esté solo yo la diré en voz baja
suavizada de llanto, así:
Jamás...)

Emilio Ballagas

EL RUGIDO DE LA SIRENA DE LA FÁBRICA

El rugido de la sirena de la fábrica debería ser
para nosotros un grito de júbilo que cortase
el espacio con color rojo de sangre y no el
latigazo que sacude nuestras cansadas espaldas.

Deberíamos ser alegres creadores (creadores
de cosas diversas y maravillosas) y no máquinas
cansadas que trabajan con miembros pesados
y ojos muertos y un alma caída como una
brasa medio apagada, perdida en las profundidades.

EL fondo de nuestra vida es negro como la noche
y sus estrellas son escasas y pálidas
-¡oh, debería ser azul y estar iluminado por el sol!

Artur Lundkvist

miércoles, 11 de noviembre de 2009

El placer de lo prohibido

ARTE CULTURAS 20

Menores, religión y sexo, un cóctel de lo más explosivo

El placer de lo prohibido

El arte continúa teniendo sus propios tabúes y los creadores que los representan de un modo subversivo lo pagan con la censura. Esta es la lista negra de las obras prohibidas en Córdoba

Julia Zafra

j.zafra@lacalledecordoba.com


En arte no todo vale. Y es que, aunque se diga que a estas alturas está todo visto y la vida cotidiana ya suministre la sobredosis de imágenes impactantes necesaria para perder toda sensibilidad, hoy, obras controvertidas acaban guillotinadas por la censura, ya sea a manos de las instituciones propietarias de la sala donde se exponen, de la crítica más despiadada, o de los propios artistas, que no tienen más remedio que tamizarlas para poder exhibirlas.

En Córdoba, la pintura, la videocreación, la literatura o la música tampoco se han librado de la censura, y algunos de sus autores han pasado a engrosar lo que podría denominarse como la lista negra del arte cordobés. Su pecado, tocar temas incómodos para un determinado sector. El Semanario hace un repaso por las más destacadas, al tiempo que cuestiones como qué empujó a sus creadores a hacerlas y qué esconden los que las vetaron, reabren las viejas heridas de, por un lado, la falta de libertad de expresión y, por otro, la necesidad de imponer límites éticos al arte. Cinco de estas piezas prohibidas conforman la colección de fotografías que el malagueño Carlos Aires realizó por encargo para la primera edición de Eutopía en el 2006. En ellas, diversos menores promocionaban otros tantos eventos culturales ficticios que tenían lugar en el Polígono Sur.

Sin embargo, días antes de su exposición, Aires recibió un correo electrónico en el que la organización le comunicaba que retiraba su trabajo del festival. Dichas instantáneas constituían una crítica a la centralización y el elitismo de la cultura actual, pero el argumento que le facilitaron fue que una administración no estaba obligada a mostrar imágenes de menores. Como solución, Aires, que también revolucionó el panorama artístico vienés con un cartel publicitario de un menage à trois protagonizado por unos personajes que lucían las caretas de George Bush, Isabel II y Jacques Chirac, se prestó a presentar los contratos firmados por los padres, pero de nuevo obtuvo un no rotundo como respuesta.
Tres años después, en septiembre del 2009, el festival Scarpia ha rescatado las mismas fotografías, que se han visto sin reparos en vallas publicitarias colocadas en distintas zonas de la ciudad, lo que cuestiona aún más el verdadero motivo de aquella exclusión.

El pudor después del erotismo

Otro ejemplo, Paco Serrano. Este pintor cordobés, que se ha ganado la fama de provocador en los círculos más moralistas por cuadros como el del desfile de esqueletos encapuchados con ropa interior de Victoria’s Secret, lleva nueve años sin exponer en la ciudad. “Las galerías de aquí no me quieren”, dice. Mientras tanto, Serrano es requerido desde otros lugares y en breve exhibirá su obra en Granada y Viena. El problema surgió cuando presentó un cuadro en una exposición homenaje a Julio Romero de Torres en el 2006. “Pinté a una mujer con mucho vello en los genitales femeninos y lo titulé Viva el pelo del coño”, relata. Las reacciones no se hicieron esperar, y mientras algunos se lo tomaron como un descarado desnudo y alabaron la osadía, otros lo tacharon de pornográfico y obsceno. Al final, “me dijeron que no lo colgaban”, indica Serrano.

Pero éste no es el único caso polémico relacionado con la exhibición de las partes íntimas. La primera vez que Juan López recibió una amonestación fue en 2005. Optaba a unas ayudas a la creación contemporánea de una institución, en las que recaló con una videocreación en torno a los nuevos conceptos de masculinidad: “Un miembro del jurado me dijo que mi obra estuvo a punto de no ser seleccionada porque mostraba a hombres desnudos y semidesnudos de forma muy explícita y se tuvo que discutir si aquello estaba bien visto”, cuenta. Años más tarde, y gracias a otra beca, expuso en otro organismo público. “Había desnudos en todo su potencial y penes erectos”, describe. A una semana de inaugurar la muestra, López se acercó por la sede para comprobar si sus vídeos arrancaban, pero se encontró con que a todos les habían cortado el audio. “Era una semana de mucha tensión política y aquel día, además, se celebraba un pleno –recuerda-. El de seguridad me explicó que ya estaban las cosas demasiado tirantes como para que mi obra metiera más cizaña”.

Cuando el arte es un pecado

Así, para no pasar a integrar la lista de artistas prohibidos y seguir trabajando, algunos se han visto obligados a desplegar la picaresca para eludir la censura. Sus trucos consisten básicamente en “hilar fino”, indica López, y abarcan desde cuidar el tratamiento estético y narrativo, a dejar las obras abiertas o hacer “malabares verbales” a la hora de justificarlas.

Mientras, otros como Alfonso Alonso, no han tenido más remedio que optar por la autocensura, suavizando unos originales que sabía levantarían ampollas. De este modo, su obra más polémica, La Pasión, constituye un homenaje a la erección, pues “todos estamos en este mundo gracias a una”, esgrime. La fotografía en cuestión muestra a un personaje masculino con los brazos en cruz rodeado por tres mujeres en actitud sádica, una de ellas agarrada al miembro erecto. La imagen, que puede interpretarse como un Cristo crucificado y que esconde en realidad “una crítica a la postura de la Iglesia de utilizar ciertos placeres como algo pecaminoso”, revela, ya fue censurada en Almería, donde la crítica la hizo añicos calificándola como un “insulto a la sensibilidad cristiana”.

Antes de que la historia se volviera a repetir en Córdoba, Alonso pidió consejo a un amigo artista, famoso por pintar escenas pornográficas con personajes religiosos. A él “le habían quemado el coche dos veces, recibía amenazas y tenía que salir de casa disfrazado”, comenta, así que, la experiencia de su colega de profesión acabó disuadiéndolo y presentó una obra “más light”.
Pero, ¿cuál es la verdadera intención que hay detrás de estas controvertidas obras? ¿Se trata de libertad creativa o de provocación?


¿Libertad o provocación?

Según estos artistas, con tales obras no pretenden provocar ni escandalizar, sino reivindicar un tratamiento más natural de ciertas cuestiones como el cuerpo humano o la sexualidad que, consideran, no se han abordado de forma explícita.
De hecho, López, con su último trabajo ha vuelto a sumergirse en otro polémico asunto, que le ha valido el Primer Premio en el III Concurso de Creación Contemporánea sobre la Memoria de Andalucía, Imaginera, en el apartado documental. En Espectros pone rostro a la muerte, el de personas y lugares decadentes, que planta frente al espectador. Y por ello, asegura, no teme que lo tilden de morboso. “Para mí todos los temas son iguales”, zanja.
Una vez abierta la Caja de Pandora, estos artistas reparan en la eterna disyuntiva de a qué se debe llamar arte y a qué no. En este sentido, Serrano defiende su trabajo alegando que urge más decidir si piezas “enfermizas” como los cuerpos humanos plastinados de Gunther Von Hagens, el canibalismo infantil o la muerte en directo de un perro (por la obra del artista costarricense Guillermo Vargas, Habacuc), deben elevarse a la categoría de arte. “Hay cosas que no se pueden hacer”, agrega.

La moral de unos pocos

En cualquier caso, ellos rechazan la censura por cuanto, en vez de controlar cuestiones realmente graves y bizarras, favorece “el interés” de unos pocos, cuya ideología puede diferir de la del resto: “No pueden censurarme una obra porque sus creencias sean distintas a las mías. Yo no ofendo a nadie cuando expreso algo como yo lo veo y según mis principios”, defiende Alonso. “Para mí sólo existe mi propia moral, no la que impongan los demás”, asevera Serrano. Máxime cuando los medios de comunicación bombardean diariamente con imágenes de asesinatos de niños a sangre fría y sexo explícito que se consumen con la sopa del mediodía.
El problema, opinan, estriba en que por ignorancia hoy el arte provoca más que la realidad. “Es la doble moral -increpa López-. Lo cotidiano es lo cotidiano, sin lecturas subliminales, y en arte no se sabe si hay una doble intención”. “Nos creemos y asimilamos todo lo que sale en los medios y el arte no es mediático”, añade Alonso.

La lista de obras y autores censurados se extiende, salpicando también a la música y a la literatura cordobesas. No obstante, como indica Serrano, al igual que ocurre en las artes plásticas, al final sus interpretaciones dependerán del mismo criterio inquisidor, de los ojos que las miren, de modo que, donde unos ven un cono, otros verán un falo y hasta un capirote nazareno.


PUNTO DE ATENCIÓN

La nueva censura, la económica

Pese a que la censura persiste en la actualidad, sí es cierto que no en la misma medida que en periodos más represivos de la historia. No obstante, algunos artistas como Juan López no respiran tranquilos y hablan de un nuevo modelo de veto que para él es incluso peor, el económico. Y es que, “si la economía te impide hacer lo que quieres, es un límite externo que ya no depende de ti”, afirma. De modo que, ya sea por las pocas subvenciones a la creación, como por el escaso respaldo a las iniciativas de los artistas, la falta de apoyo económico se ha convertido en el mal endémico del arte cordobés.

Sin embargo, Alonso no está de acuerdo y considera “un error” pensar que el arte debe ser subvencionado. “Hoy el artista vive de ayudas y eso no es así. El que es artista puro le importa un pepino la censura y hace su obra por encima de cualquier cosa”, arroja.
No obstante, aparte del cierre del grifo monetario, López menciona otras “pequeñas cortapisas: yo he participado en exposiciones sin cobrar con la excusa de meter a creadores cordobeses con otros nacionales, y esta es una censura que pretende callar bocas y aquí habría que ser díscolo y no participar”, reconoce.



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