martes, 8 de septiembre de 2015

SÉNECA (LA VIDA)



EN QUE OCUPAMOS NUESTRA VIDA

Gran parte de la vida se nos pasa haciendo mal, la mayor parte no haciendo nada, y otra parte de la vida haciendo otra cosa que lo debido.

EL PASO POR LA VIDA

Nada de esto es extraordinario, nada inesperado, es tan ridículo dejarse golpear por esas cosas como quejarse de que te salpiquen en el baño, o te zarandeen entre la gente o te manches en el barro. La condición de la vida es la misma  que la de los baños, la masa, los caminos: unas cosas te lanzarán a sabiendas, otras vendrán por casualidad. El vivir no es cuestión de remilgos. Has emprendido un largo camino y fatalmente resbalarás, y tropezarás, y caerás, y te cansarás, y gritarás “¡oh, muerte!”, y mentirás. En un lugar dejarás un compañero, en otro le darás sepultura, en otro tendrás miedo. A través de tropiezos como éstos hay que recorrer este camino escabroso.



SE HA PERDIDO LA CORDURA TAMBIÉN EN LA VIDA PÚBLICA

Se ha perdido la cordura, no sólo en privado sino también en público. Reprimimos los homicidios, los asesinatos individuales, pero ¿qué hay de las guerras y ese glorioso crimen de matar pueblos enteros? No conoce límites la avaricia, ni tampoco la crueldad. Y aun esas acciones, mientras son realizadas a escondidas y por individuos, resultan menos funestas y menos monstruosas: mas tales atrocidades se llevan a cabo de acuerdo con decretos oficiales y votos del pueblo, y se ordena en nombre del Estado lo que se prohíbe en el terreno particular.
En todo se busca el placer propio, ningún vicio se mantiene dentro de sus límites: el afán de lujo conduce a la avaricia. El olvido de la honradez nos invada: no hay vergüenza si el beneficio es satisfactorio. El hombre, cosa sagrada para el hombre, es asesinado en nuestros días por juego y pasatiempo.
Aunque te digas a ti mismo: “éstos son tus deberes para con tu padre, éstos para con tus hijos, éstos para con tus amigos, éstos para con tus huéspedes”, la avaricia te frenará intentarlos. Sabrá que hay que sudar hasta la extenuación por los amigos, pero se lo impedirán las delicias de la vida. Sabrá que una querida es la forma más grave de insultar a una esposa, pero su lujuria lo empujará a lo contrario.
De nada servirá, por tanto, dar preceptos, si antes no quitas de en medio lo que pone obstáculos a estos preceptos, no más que lo que serviría poner armas a la vista de alguien y acercárselas, si no se le sueltan las manos con que ha de usarlas. Para que el alma pueda acercarse a los preceptos que le damos, hay que librarla de ataduras.
Esté siempre en nuestro espíritu y en nuestra boca aquel verso:

“Hombre soy y nada humano me parece ajeno”.

jueves, 27 de agosto de 2015

SÉNECA: FRASES

Quien de su cuna se jacta, mérito de otros alaba.

Las armas no tienen mesura: no es fácil aplacar ni contener la ira de una espada desnuda.

Lo que fue duro sufrir es dulce de recordar.

La primera hora que nos dio la vida ya ella misma nos la quita

Lo más cerca de unas manos inocentes: las que son de su crimen inconscientes.

El que ruega y no insistió está incitando al no.

Las penas ligeras hablan, la más profundas se callan.

Lo que quieras que otro calle mejor te lo callas antes.

Lo que la razón no puede, cura el tiempo muchas veces.




El que peca y se arrepiente cerca está del inocente.

Más fácilmente perdone el que necesita perdón.

La lealtad ganada con dinero es vencida con dinero.

Amenaza horrible muerte
al que todos bien conocen
y muere sin conocerse.

Todo aquel que rehuye el camino de enmedio, nunca ha de correr por seguro sendero.

El que, pudiendo, no evita un delito, a él incita.

A quien menos se le debe permitir es a quien le está todo permitido.

El hombre, para el hombre, un peligro cotidiano.

La vida es como el teatro: no importa lo que dure la representación, sino lo bien que se haga.

Ha nacido para pocas personas el que se limita a pensar en la gente de su época.





Sufre más de lo necesario el que sufre antes de lo necesario.

No consideres nunca feliz al que está pendiente de la felicidad.

El mejor olor del cuerpo es no tener ninguno.

Mienten los que dicen en que no perciben la existencia de dios, pues, aunque lo aseguren de día, de noche y solos, dudan.

El mejor remedio contra la ira es la demora.

¿Quieres no estar enfadado? No haber sido curioso.

Mal ha de vivir el que no sepa bien morir.

Merece que lo engañen el que, cuando da, piensa en recibir.

Os fijáis en los granitos ajenos estando llenos de úlceras.