martes, 4 de marzo de 2014

(FANTASÍA DE UNA NOCHE DE ABRIL)

¿Sevilla? ... ¿Granada? ... La noche de luna, 
blancas paredes y obscuras ventanas.
Cerrados postigos, corridas persianas ... 
El cielo vestía su gasa de abril.
Un vino risueño me dijo el camino. 
Yo escucho los áureos consejos del vino, 
el vino es a veces escala de ensueño. 
Abril y la noche y el vino risueño 
ataron en coro su salmo de amor.
La calle copiaba, con sombra en el muro, 
el paso fantasma y el sueño maduro 
de apuesto embozado, galán caballero: 
espada tendida, calado sombrero... 
La luna vertía su blanco soñar
Como un laberinto mi sueño torcía 
de calle en calleja. Mi sombra seguía 
de aquel laberinto la sierpe encantada, 
en pos de una oculta plazuela cerrada. 
La luna lloraba su dulce blancor.
La casa y la clara ventana florida, 
de blancos jazmines y nardos prendida, 
más blancos que el blanco soñar de la luna... 
-"Señora, la hora, tal vez importuna... 
¿Que espere? (La dueña se lleva el candil.)
Ya sé que sería quimera, señora, 
mi sombra galante buscando a la aurora 
en noches de estrellas y luna, si fuera 
mentira la blanca nocturna quimera 
que usurpa a la luna su trono de luz.
¡Oh dulce señora, más cándida y bella 
que la solitaria matutina estrella
 tan clara en el cielo! ¿Por qué silenciosa 
oís mi nocturna querella amorosa? 
¿Quién hizo, señora, cristal vuestra voz?...
La blanca quimera parece que sueña. 
Acecha en la obscura estancia la dueña. 
—Señora, si acaso otra sombra emboscada 
teméis, en la sombra, fiad en mi espada... 
Mi espada se ha visto a la luna brillar.
¿Acaso os parece mi gesto anacrónico? 
El vuestro es, señora, sobrado lacónico. 
¿Acaso os asombra mi sombra embozada, 
de espada tendida y toca plumada?... 
¿Seréis la cautiva del moro Gazul?
Dijéraislo, y pronto mi amor os diría 
el son de mi guzla y la algarabía 
más dulce que oyera ventana moruna
Mi guzla os dijera la noche de luna, 
la noche de cándida luna de abril.
Dijera la clara cantiga de plata 
del patio moruno, y la serenata 
que lleva el aroma de floridas preces 
a los miradores y a los ajimeces,
los salmos de un blanco fantasma lunar.
Dijera las danzas de trenzas lascivas, 
las muelles cadencias de ensueños, las vivas 
centellas de lánguidos rostros velados, 
los tibios perfumes, los huertos cerrados; 
dijera el aroma letal del harén.
Yo guardo, señora, en viejo salterio 
también una copla de blanco misterio, 
la copla más suave, más dulce y más sabia 
que evoca las claras estrellas de Arabia 
y aromas de un moro jardín andaluz.
Silencio... En la noche la paz de la luna 
alumbra la blanca ventana moruna. 
Silencio... Es el musgo que brota, y la hiedra 
que lenta desgarra la tapia de piedra... 
El llanto que vierte la luna de abril.
—Si sois una sombra de la primavera 
blanca entre jazmines, o antigua quimera 
soñada en las trovas de dulces cantores, 
yo soy una sombra de viejos cantares, 
y el signo de un álgebra vieja de amores.
Los gayos, lascivos decires mejores, 
los árabes albos nocturnos soñares, 
las coplas mundanas, los salmos talares, 
poned en mis labios; 
yo soy una sombra también del amor.
Ya muerta la luna, mi sueño volvía 
por la retorcida, moruna calleja. 
El sol en Oriente reía 
su risa más vieja.

ANTONIO MACHADO

jueves, 20 de febrero de 2014

SE TRATA DE ALGO POSITIVO

Hoy, por ejemplo, estoy más bien contento.
No se bien las razones mas por si acaso anoto:
Mi estómago funciona,
mis pulmones respiran,
mi sangre apresurada me empuja a crear poemas.
(solamente -¡qué pena!- no sé medir mis versos.)

Pero igual, deliro: Rosa giratoria
que abres dentro de mí un espacio absoluto,
noches con cabezas
de cristal reluciente,
velocidades puras del iris y del oro.
(Solamente -¡qué pena!- estoy un poco loco.)

Mas es real, os digo, mi sentimiento virgen,
reales las palabras absurdas que aquí escribo,
real mi cuerpo firme,
mi pulso rojo y lleno,
la tierra que me crece y el aire en que yo crezco.
(Solamente -¡qué pena!- si vivo voy muriendo.)

GABRIEL CELAYA (1945)

AVISO

La ciudad es de goma lisa y negra,
pero con boquetes de olor a vaquería,
y almacenes de grano, y a madera mojada,
y a guarnicionería, y  a achicoria, y a esparto.

Hay chirridos que muerden, hay ruidos inhumanos,
hay bruscos bocinazos que deshinchan
mi absurdo corazón hipertrofiado.

Yo me alquilo por horas, río y lloro con todos
pero escribiría un poema perfecto
si no fuera indecente hacerlo en estos tiempos


GABRIEL CELAYA (1946)

lunes, 10 de febrero de 2014

LA LINEA DE MADERA




Yo soy un carpintero ciego, sin manos.
                                                                       He vivido
Bajo las aguas, consumiendo frío,
Sin construir las cajas fragantes, las moradas
Que cedro a cedro elevan la grandeza,
Pero mi canto fue buscando hilos del bosque,
Secretas fibras, ceras delicadas,
Y fue cortando ramas, perfumando
La soledad con labios de madera.

            Amé cada materia, cada gota
            De púrpura o metal, agua y espiga
            Y entré en espesas capas resguardadas
            Por espacio y arena temblorosa,
Hasta contar con boca destruida,
Como un muerto, en las uvas de la tierra.

Arcilla, barro, vino me cubrieron,
Enloquecí tocando las caderas
De la piel cuya flor fue sostenida
Como un incendio bajo mi garganta,
Y en la piedra pasearon mis sentidos
Invadiendo cerradas cicatrices.

Cómo cambié sin ser, desconociendo
Mi oficio antes de ser,
                                      La metalurgia
Que estaba destinada a mi dureza,
O los aserraderos olfateados
Por las cabalgaduras en invierno?

Todo se hizo ternura y manantiales
Y no serví sino para nocturno.



Pablo Neruda

domingo, 9 de febrero de 2014

CIUDAD NEGRA


Cierto día se levantó el hombre del suelo
 - se puso en pie -
 y le cayó su peluda piel,
 miró hacia el cielo y el mar
y el azul se metió en sus ojos -
Hemos construido una resplandeciente bóveda celeste encima de nosotros - 
¿no es brillante acero? 
Caminamos en luz. Nuestros miembros están bañados en luz. 
Pero dentro de nosotros sueña un oscuro bosque milenario- 
allí vive un animal, oculto en la maleza: 
por las noches anuncia su hambre con aullidos 
y en un momento de descuido se lanza como un tigre 
y destroza nuestra más hermosa cierva -


 ARTUR LUNDKVIST

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