sábado, 21 de noviembre de 2009

OPINIÓN

Vuelta a las andadas

JOSÉ CALVO POYATO Sábado , 21-11-09

La Consejería de Educación de la Junta de Andalucía vuelve a las andadas, es decir, reincide en una mala costumbre, ante los pésimos resultados que en diferentes barómetros presenta el sistema educativo en nuestra comunidad. Si el informe PISA sobre las capacidades del alumnado nos dejó tiritando, el informe de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) acerca del abandono escolar, arrojó un nuevo jarro de agua fría para nuestro sistema educativo. La contundencia de las cifras no necesita de muchos comentarios.

Si en el quinquenio de 2002 a 2007 el abandono escolar en la Unión Europea había pasado del 17´1 al 14´8 por ciento, en España para el mismo periodo las cifras de abandono habían evolucionado del 29´9 al 31´0 por ciento. Por lo que se refería al número de alumnos que habían de repetir algún curso en la enseñanza secundaria, el panorama es tan desalentador como en el caso del abandono escolar. La media en los países de la OCDE se ha mantenido prácticamente invariable en torno al tres por ciento, mientras que en España estamos por encima del 16. El siguiente país en número de alumnos repetidores es Portugal, con un 13 por ciento, y el tercero, Luxemburgo, ya no llega al 8, la mitad que en España.

¿Es la repetición de curso consecuencia de un alto nivel de exigencia para nuestros alumnos? ¿Se les obliga a un desmedido esfuerzo, muy superior al de los otros países de la OCDE? La respuesta es un no rotundo. El informe PISA dejó claro que nuestros alumnos ocupan un pésimo lugar en cuanto a su nivel de conocimientos en matemáticas, ciencias y lectura. Una situación que, opinión de los expertos de dicho organismo, puede convertirse en un grave lastre para la economía del país en un horizonte temporal no muy lejano. Andrés Fuentes, uno de ellos, señalaba refiriéndose a España que: «El porcentaje de jóvenes con una escasa educación en el mercado laboral es inusualmente grande para un país rico».

En Andalucía las cifras son más alarmantes que en el conjunto de España. Los alumnos andaluces salen entre los peor parados en el informe PISA y el abandono escolar está varios puntos por encima de la media española. Son muchos los profesores que esperan de las autoridades educativas una actuación muy diferente a la que nos han legado casi media docena de leyes en tres décadas, para hacer frente al fracaso y al abandono escolar, así como a muchas de las dificultades a las que se enfrentan en el desempeño de sus tareas cotidianas. Las causas del problema que aqueja a nuestro sistema educativo son profundas porque se lleva muchos años jugando con fuego. No es la menor de ellas la posibilidad de desarrollar el trabajo en las aulas en un clima sosegado. Hay demasiados centros en los que brota, cada vez con más frecuencia, lo que ha venido en llamarse violencia escolar. Un problema ante el que los docentes, en las actuales circunstancias, es poco lo que pueden hacer.

Ante este panorama la consejería de Educación insiste en una iniciativa por tercer año consecutivo: ofrecer a los profesores 7.000 euros de incentivo económico para que acepten un plan que haga disminuir el fracaso escolar. Es decir, los centros cuyos profesores acepten la dádiva se comprometen a un aumento sustancial del número de aprobados entre sus alumnos. Muchos profesores se sienten ofendidos y hasta humillados cuando se les plantea una mejora de retribuciones a cambio de un mayor número de aprobados. Los profesores andaluces han rechazado de forma masiva -hasta el momento en dos ocasiones- la propuesta de los 7.000 euros. Pero la consejería de Educación, como decíamos al principio, insiste en el planteamiento y vuelve a las andadas por tercer año consecutivo.


Fuente: Diario ABC de Córdoba

jueves, 19 de noviembre de 2009

FOTOS

CÓRDOBA: LA AGITADA HISTORIA DE LA NORIA DE LA ALBOLAFIA

El edificio conocido como Molino de la Albolafia es uno de los más famosos de cuantos constituyen la Parada del Puente. Según Asín Palacios, su nombre significa "de la buena suerte" o "de la buena salud", en tanto que para Rafael Castejón el mismo provendría de un nombre propio, Abu´l-Afia, que podría traducirse como "padre de felicidad", quizá maestro de obras o personaje árabe relacionado con su edificación.

Durante la época musulmana sólo existió en este lugar una gran noria que sacaba agua del río para llevarla a los jardines del Alcázar, semejante a las que existieron en muchos lugares del mundo islámico, desde Hamah en Siria hasta Murcia. Su origen y fecha de construcción ha sido muy discutido; Levi-Provençal asegura que fue edificada por el emir Tashfin, gobernador almorávide de Córdoba, en 1136, pero no menciona la fuente de la que obtiene dicha noticia; otros autores remontan su existencia al siglo X. Lo seguro es que existía ya en la primera mitad del siglo XIII, cuando los cristianos reconquistan Córdoba, porque aparece en el sello de la ciudad pocos años después y porque durante los Siglos XIV y XV la parada de molinos ubicada junto al Puente Romano fue conocida como Parada de la Añora debido a la presencia de esta gran noria o ñora.

Algunos autores, como Félix Hernández, aseguran que la noria fue desmontada en 1485, pero la opinión más generalizada, conpartida por Julio Caro Baroja, Leopoldo Torres Balbás y José de la Torre, es la de que fue desmontada en los días en que Isabel la Católica se hallaba enferma en el Alcázar de Córdoba (junio de 1492), pues su ruido molestaba a la reina atormentada por las fiebres.

Ya con anterioridad al desmonte de la noria en 1492, sabemos que se construyó un molino aprovechando la parte baja del edificio que la sujetaba. La primera mención cierta del Molino de la Albolafia data de 1483 y su existencia está testimoniada en época moderna; durante algún tiempo debió de albergar un batán, porque en la primera mitad del siglo XVII era llamado Batán del Albolafia. Desde fines del siglo XV el molino-batán de la Albolafia quedó muy transformado respecto a su imagen de época medieva y debió de mostrar una fisonomía muy similar a la que aparece en los abundantes dibujos y litografías que de él se realizaron durante el siglo XIX, hoy conservados en el Museo de Bellas Artes de Córdoba, entre ellas destacan los grabados de David Roberts (1832) y Vivian.


La segunda gran transformación del edifico tuvo lugar con ocasión de la construcción del murallón en torno a 1850, pues entonces se destruyó la mitad del molino, que quedo reducido al edificio meridional, tal como se aprecia en las fotografías de la primera mitad del siglo XX. La última y tercera transformación la llevó a cabo Félix Hernández entre los años 1963 y 1965, cuando destruyó una pequeña parte del edificio existente para coloar en su lugar la gran noria de madera que ahora lo preside. la noria hubo de ser restaurada en 1977 y, tras sufrir un incendio en 1993, volvió a serlo por los alumnos de la escuela taller del Alcázar de los Reyes Cristianos.
Los restos que hoy son visibles pertenecen, pues, a tres momentos distintos. Los arcos que rematan el edificio y sobre los que discurre el primitivo canalillo para el transporte de agua corresponden a la época inicial de la noria y formaban parte del acueducto que llevaba el agua al Alcázar, aunque posiblemente no sean de origen árabe, sino reconstruidos en le siglo XIV. La parte baja o sala del molino, originaria del siglo XV, presenta un aspecto similar al que tenía en el siglo pasado, por lo que puede datar de los siglos XVII-XVIII. Finalmente, la actual rueda elevadora de madera fue colocada en 1994.


R.C.L.


Fuente: LA CAJA OBRA CULTURAL - CAJA PROVINCIAL DE AHORROS DE CÓRDOBA

martes, 17 de noviembre de 2009

UN POCO DE HISTORIA


EL NOMBRE DE CÓRDOBA


Pocas palabras se pronuncian tanto a diario en una ciudad como el nombre de la misma, aunque a menudo desconocemos su origen. Los nombres de las ciudades antiguas aportan cierta información histórica, ya que tienen que ver con circunstancias o hechos relacionados con su fundación. Con respecto a Córdoba lo primero que debemos señalar es que ha conservado hasta hoy día el viejo nombre indígena prerromano, con más de veintidós siglos de solera. Y ello por encima de cambios onomásticos circunstanciales, ya en la misma Antigüedad, como el título de Colonia Patricia que recibió en época imperial romana.
Posiblemente Corduba fue el nombre con el que que sus habitantes conocieron el antiguo poblado prerromano localizado arqueológicamente en el área del Parque Cruz Conde, que pervivió incluso después de que el general romano Claudio Marcelo fundara la nueva Córdoba en el solar del actual casco viejo, a mediados del siglo II A.C. Tal debía ser la fuerza evocativa de un topónimo, quizás prestigiado en su entorno territorial por algún poder político al estilo de los régulos o reyezuelos turdetanos, que conocieron los romanos durante la conquista militar del sur de hispania. Lo cierto es que la nueva población creada por Marcelo mantuvo el nombre indígena del lugar. No olvidemos que la nueva ciudad incorporó una parte selecta de la población nativa vecina, como indica el geógrafo Estrabón en época de Augusto, lo cual influiría en ello.
Para el nombre de Corduba se han buscado diversas explicaciones, algunas ciertamente exóticas. El sufijo -uba aparece en los nombres de algunas ciudades de la Andalucía prerromana, así Iponuba, Onuba, etc..., El elemento -Cord pudo esta relacionado con el nombre indígena del río Guadalquivir, llamado Certir segun el historiador Tito Livio, quien cita un personaje de Castulo de nombre Cerdubelo, quizás con similar raíz. En tal caso habría significado "ciudad del río Guadalquivir". O bien pudo tratarse de una forma alternativa de -Tord=Turd-(etani), con el significado de "Ciudad de los Turdetanos" si, como parece posible, ejerció una cierta capitalidad sobre el territorio vecino antes de la conquista romana. El nombre, en todo caso, es indígena, aunque dificilmente puede asignarse a un contexto cultural concreto, al estar la ciudad en una zona de contacto entre dos áreas lingüísticas prerromanas, la tartésica y la ibérica.

El primer documento escrito donde encontramos el nombre antiguo de nuestra ciudad lo constituyen las monedas acuñadas posiblemente a finales del siglo II A.C., en cuyo reverso aparece la leyenda Corduba junto a una figura de Eros. Nuestra ciudad sigue siendo mencionada como Corduba entre los historiadores romanos de fines de época republicana (S.I A.C.).
No obstante, a raíz de recibir el título de "colonia", la más alta categoría político-administrativa que podía tener una ciudad romana, pasó a denominarse Colonia Patricia Corduba, denominación que encontramos en documentos epigráficos y numismáticos de época imperial. El epíteto Patricia alude a su alto rango entre las ciudades del Imperio Romano, y especialmente entre las de la provincia Bética, en ninguna de las cuales se constata ese distinguido apelativo. Pero no sabemos exactamente qué político romano se lo otorgó, quizás Cesar o Augusto.
Los cordobeses de entonces tenían como "denominación de origen" la de Patricienses, como vemos en varias inscripciones romanas. Pero el nombre primitivo, Corduba, no se perdió. Incluso en época visigoda algunos monarcas acuñaron monedas en la ciudad donde vuelve a aparecer simplemente el nombre Corduba, forma latinizada del viejo topónimo indígena que definitivamente fue el que quedó para la posteridad.


(J.F.R.N.)


Fuente:La Caja Obra Cultural - Caja Provincial de Ahorros de Córdoba

lunes, 16 de noviembre de 2009

LA CONDENA DE QUE TU HIJO TE MALTRATE

SOCIAL ACTUALIDAD 10


Las agresiones y amenazas de muerte de niños a sus padres llenan ya el 15 por ciento de los asuntos del Juzgado de Menores. Un problema en aumento que psicólogos y jueces achacan a la falta de autoridad y formación en valores

Laura Pérez

l.perez@lacalledecordoba.com

Desde que cumplió los catorce años el referido menor comenzó a presentar una actitud desafiante y agresiva con sus padres, mostrando hacia ellos un comportamiento ofensivo, caracterizado por hablarles a voces, de forma grosera y con continuos insultos, amenazas y reproches”. De esta forma tan explícita y tan dura al mismo tiempo, explica una sentencia judicial cómo empezó la historia de un niño que maltrataba a sus padres y que, tras pasar por el juzgado, acabó en un grupo de convivencia cumpliendo una medida de libertad vigilada y alejado de su familia durante más de un año y medio.

En el juzgado de Menores de Córdoba es cada vez más habitual escuchar relatos como estos, en los que una madre cuenta como su hijo “le golpea con patadas y puñetazos” cada vez que ésta se niega a darle dinero. De hecho, los asuntos relacionados con violencia familiar suponen ya alrededor del 15 por ciento de la carga total que llega allí, “un porcentaje demasiado elevado y que crece a un ritmo muy preocupante”, tal y como asegura el titular de este órgano, Luis Rabasa. Tanto es así que últimamente, es muy normal que el juzgado reciba entre ocho y diez medidas cautelares con menores en un solo día y que todas sean referidas a agresiones físicas o psicológicas de hijos a sus padres.

Este incremento de la violencia familiar ejercida por niños ya empezó a notarse el año pasado en los asuntos que llegaron a la Fiscalía de Menores de Córdoba. En 2008 se incoaron 190 diligencias por delitos de maltrato cometidos por menores en el ámbito familiar frente a los 170 del año anterior, de los que 75 derivaron en expedientes de reforma, diez más que los registrados en 2007.

En los episodios violentos que recoge la mayor parte de sentencias judiciales de este tipo y a las que ha tenido acceso este semanario, se reproducen muchas escenas en común. Por lo general, como explica Rabasa, el agresor suele ser un menor de entre 14 y 16 años, procedente de una familia normalizada, de clase media o acomodada, que la emprende con la víctima más débil de casa, su madre.

Las amenazas de muerte y las agresiones verbales del tipo “te tengo que matar, hija de puta, me tienes harto”, que los menores suelen descargar sobre sus progenitoras son sólo la punta de un maltrato que alcanza las más crueles y violentas agresiones físicas. De hecho, como asegura el juez de menores, ni los insultos, ni los robos, ni la preocupación porque sus hijos han dejado de asistir a clase o están consumiendo drogas, son motivo suficiente para que los padres reaccionen y acudan al juzgado. Por lo general, cuando lo hacen ya han sentido los golpes, los empujones y las patadas y realmente tienen miedo a que con la próxima paliza lleguen a cumplir sus amenazas de muerte.


“Me hizo pensar en el suicidio”

La actitud de superioridad que tienen los niños hacia sus padres, creyendo que éstos tienen la obligación de darles todo lo que ellos quieren como si de pequeños dictadores se tratara es otro de los rasgos que se dejan ver en las sentencias judiciales contra menores. Las frases del tipo “me da todo igual, esta es mi casa” y “no eres nadie para decirme lo que tengo que hacer” se repiten en todas ellas. De hecho, como destaca la psicóloga y educadora, Beatriz Perea, quien durante varios años ha ejercido en un grupo de convivencia a dónde los jueces envían a los menores maltratadores como medida judicial, asegura que para estos niños “no existen límites ni normas y están convencidos de que se lo merecen todo porque sí”.

Precisamente éste ha sido el comportamiento que María Ángeles L. ha soportado de su hijo durante los cinco últimos años. Apenas tenía 13 y cada vez que su madre se negaba a darle dinero o le prohibía salir, comenzaba el show. “Me gritaba, estrellaba contra la pared todo lo que tenía a mano y acabó robándome lo poco que tenía de oro para venderlo”, recuerda María Ángeles.

Lo peor llegó a los quince años, el día que empezaron los golpes. “Me pidió para unas zapatillas, me negué y sin decir nada me tiró el mando de la televisión a la cabeza y empezó a darme patadas mientras yo me encogía en el sofá”, asegura.

Tras eso, las agresiones se volvieron mucho más habituales y aunque María Ángeles nunca supo cuando perdió la ocasión de poner límites a su hijo, sí que recuerda que fueron varias las veces en las que la angustia incluso la llevó a pensar en quitarse la vida. “La amargura de ver que era mi propio hijo quien me pegaba me hizo pensar en el suicidio. No lo reconocía”, asegura.


El freno puede llegar a tiempo

Ni profesionales judiciales ni psicólogos son capaces aún de marcar con exactitud cuál es el momento o la actitud que convierte a un niño en el maltratador de sus padres. Sin embargo, sí tienen claro que, como afirma Luis Rabasa, existe un instante, “el de la primera salida de todo o falta de respeto, en el que los padres deben imponer su autoridad y marcar unos límites a su hijo”.

En este sentido, la psicóloga Beatriz Perea descarga a los padres del sentido de culpabilidad que suelen sentir al asegurar que el problema que tienen los niños de hoy en día que desarrollan conductas violentas viene marcado por la relajación en la formación en valores y principios de la que se está pecando tanto en el ámbito educativo como familiar. “Ahora esa permisividad y comprensión hacia los menores se vuelve en contra nuestra, y lo que es peor, en contra de ellos mismos”.

La solución, asegura Rabasa, debe empezar en la familia pero eso sí, “con el apoyo de las instituciones sociales y educativas desde el momento en que empiecen a aparecer comportamientos violentos. Y eso, junto con el rechazo de muchos padres a pedir ayuda, de momento, no está funcionando del todo bien”.



Libertad vigilada en grupos de convivencia es la medida usual

Por lo general, las sentencias referentes a violencia familiar de hijos a sus padres que se resuelven en el juzgado de menores de Córdoba son de conformidad. La medida más común que se le impone al niño es la libertad vigilada en convivencia con un grupo educativo durante un mínimo de nueve meses y un máximo de un año y medio. Aunque esta medida es de régimen abierto, se asemeja bastante al internamiento en un centro pues el niño tiene que acatar unas normas y estar alejado de su familia mientras que los educadores trabajan para que abandone su conducta violenta y pueda volver a casa. Sólo cuando la relación entre padres e hijo no está del todo deteriorada, el juez opta porque dicha intervención se haga en el propio domicilio y en algunas, añade Rabasa, aconseja una intervención también con las familias.

Las escasas sentencias en las que los menores maltratadores salen absueltos, como explica el juez, se debe a que los padres, cuando llegan al juzgado se derrumban, no declaran en contra de sus hijos y éstos niegan los hechos. Entonces, “nos dejan sin herramientas para intervenir”.



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jueves, 12 de noviembre de 2009

Centros de hoy con normas de hace 12 años


EDUCACIÓN - ACTUALIDAD 10

Centros de hoy con normas de hace 12 años

La reforma del funcionamiento de colegios e institutos que ha propuesto la Consejería ha abierto un nuevo frente en la comunidad educativa, en el que los docentes priorizan los medios humanos para paliar el fracaso y la conflictividad

Laura Pérez

l.perez@lacalledecordoba.com


La realidad social que hay en los colegios e institutos de Andalucía y el marco legislativo del sistema educativo han cambiado de forma radical en la última década y a día de hoy, pese a las inversiones públicas y los programas educativos que se han puesto en marcha, nuestros alumnos están obteniendo resultados cada vez más bajos. El fracaso escolar, la conflictividad y los problemas de convivencia han ido asentándose en las aulas de todos los centros y, como reflejan estudios como el informe PISA o las cifras de la OCEDE, es más que evidente que éstos necesitan contar con las herramientas de gestión y los recursos que les permitan cambiar esta dinámica.

Sin embargo, lo cierto es que en Andalucía tanto los colegios como los institutos continúan teniendo los reglamentos de funcionamiento que se aprobaron en 1997. Una fecha en la que la Ley Orgánica de Educación y la Ley Andaluza de Educación, vigentes en este momento, no existían, y en la que además, el clima de convivencia en los centros, las enseñanzas e incluso la relación entre los profesores y los alumnos eran totalmente distintos a los de ahora.

Ante la necesidad de cambio, la Consejería de Educación abrió un debate en la comunidad escolar para que profesores, padres, personal no docente e incluso alumnos dieran sus propuestas de cara a modificar los Reglamentos Orgánicos de los centros de Primaria y Secundaria en Andalucía, y ahora, en noviembre, verán la luz los primeros borradores de estas normativas.

Pese a las diferencias, los docentes y las familias esperan que los nuevos reglamentos permitan a los colegios e institutos contar con el modelo de gestión y la nueva concepción pedagógica que necesitan para avanzar hacia la calidad del sistema educativo. Sin embargo, al mismo tiempo presagian que a la Consejería se le va a hacer muy difícil conseguir unos reglamentos que contenten a toda la comunidad educativa y sus propios intereses.

La presidenta del sector de enseñanza de CSI-CSIF, Elena García, lo tiene claro y sea cual sea el contenido de los nuevos reglamentos de funcionamiento de los centros, lo que hace falta es que éstos garanticen los recursos humanos y la financiación que necesitan los centros para ofrecer un sistema de calidad pues, “la falta de medios y las restrinciones nos han impedido hacer muchas cosas”, asegura.


Efectos de tener normas obsoletas

Efectivamente, a lo largo de estos años tanto las fórmulas de gestión como el progresivo aumento de programas educativos complementarios impulsados por las administraciones, han provocado entre otras cosas un aumento desproporcionado de las tareas burocráticas que tienen que sacar adelante los docentes. Y al tiempo, en lugar de mejorar paulatinamente los resultados, las consecuencias han sido un crecimiento de las tasas de fracaso escolar.

En este contexto, en contraposición a la reclamación docente de alcanzar una enseñanza más personalizada y especializada, las aulas han ido masificandose de alumnos curso tras curso y con ello, las posiblidades pedagógicas de los profesores cada vez se han reducido más.

Al mismo tiempo, la conflictividad en las aulas ha crecido y ni tan siquiera con los planes para rebajar la violencia escolar, los colegios ni los institutos han contando con el personal suficiente ni las herramientas para atajarla. Como ejemplo, García pone el hecho de que sólo los centros más problemáticos pueden disfrutar de la figura del educador social permanente pues de hecho, la Consejería apenas había puesto a disposición de las provincia 34 de estos profesionales. El resto de centros con suerte, cuenta con uno de forma eventual y en ocasiones, gracias a la intervención de colectivos sociales.

La necesidades están claras

Para ofrecer una solución a estas carencias, la Consejería de Educación tiene intención de dotar a los centros de mayor autonomía, aunque para los docentes las mejoras deben ir más allá.

En primer lugar lo que es más inmediato en pro de dar calidad al sistema educativo, según el secretario provincial de CCOO enseñanza, Javier Delmás, es que los profesores recuperen más de la labor docente que les compete y que sea personal administrativo en plantilla quien realice esas tareas que los sobrecargan. Así, y junto a una mayor capacidad para reorganizar las plantillas en los centros, añade, los profesores podrán dedicar más tiempo a su verdadera función y entre ellas al hecho de “ampliar las horas de tutorías tan importantes en la intervención con los alumnos que empiezan a tener rasgos de fracaso escolar”.

La masificación de las aulas es otro de los inconvenientes que, según los docentes, está restando calidad al sistema. Por ello, Elena García apunta la necesidad de que además, los centros puedan disponer de personal suficiente para establecer desdobles de grupos y sobre todo, profesores y maestros que hagan posible el refuerzo educativo tan importante contra el fracaso escolar. Sin embargo, lo cierto es que en este momento y durante los últimos años, los colegios se las ven y se las desean para contar con personal que cubra las bajas de los docentes y esto les ha llevado a perder figuras y acciones con los alumnos tan necesarias como el profesor de apoyo.


Reorganización interna

Otra de las intenciones de la Consejería, en cuanto a la organización de los centros, pasa por reducir el número de departamentos de Secundaria. “Podrán agruparse en las áreas de conocimiento científico tecnológica, social lingüística y artística”, cita el texto, lo que supondría dejar una quincena de materias, dirigidas hasta ahora por especialistas en manos de tres jefes de Departamento.

En este sentido, García denuncia que la especialización es necesaria para mejorar los resultados académicos y con esta reducción de departamentos, sólo se contribuirá a acabar con la escasa especialización que existe hoy. “Ya servimos para un roto y un descosido, en Secundaria la Consejería está abusando y tira de cualquier sitio cuando tiene que cubrir bajas sin importar la especialidad de los profesores”. De hecho, como ha podido saber El Semanario este año ya se ha agotado la bolsa de interinos perteneciente a la especialidad de Matemáticas y en Córdoba, la Delegación de Educación está tirando de la bolsa de Física y Química para cubrir las bajas de los profesores en los institutos de la provincia.

Además, aunque desde CSI-CSIF apuntan al hecho de que los reglamentos permitan a los centros potenciar los departamentos de orientación y el profesorado de compensatoria como vía para mejorar el clima de convivencia, consideran fundamental que además den a los claustros de profesores no sólo autoridad sino capacidad sancionadora directa contra los alumnos conflictivos. “Las medidas para mejorar la convivencia están bien pero al igual que en el resto de las iniciativas hay que analizar si realmente están contribuyendo a acabar con el mal clima de los centros y el fracaso escolar”, insiste Elena García.

Aunque es cierto que los antiguos reglamentos de los centros han frenado el desarrollo de la comunidad educativa de cara a aplicar la nueva legislación, es evidente que como insiste García, la falta de personal y de financiación que sufren los colegios e institutos ha sido el principal lastre. “Eso es lo que en primer lugar tendrá que asegurar la Consejería”, añade.



Las familias quieren más poder de decisión

La principal exigencia que las familias tienen de cara a la negociación de los nuevos Reglamentos Orgánicos de Centros (ROC) es que éstos aumenten su presencia y la capacidad de decisión que los padres y madres tienen dentro de los consejos escolares de los colegios e institutos. El presidente de la Federación de Asociaciones de Padres y Madres, Francisco Mora, explica que hasta ahora las familias han estado en minoría dentro de estos órganos escolares y “prácticamente nos vemos obligados a asumir las decisiones que toman los docentes en los claustros”. De hecho, más allá de que los reglamentos amplíen las vías de participación que los actuales ofrecen a las familias lo que éstas reclaman es que la Consejería de Educación garantice que los centros estén abiertos a su intervención y que los equipos directivos apliquen las normativas que ya hay vigentes para ello. No obstante, Mora considera indispensable que además, Educación dispense medidas de información y formación a las familias para que aquellos que no conocen cuáles son las formas de intervención puedan emplearlas en pro de la educación de sus hijos.


Fuente: 2000-2009 © Copyright El Semanario la Calle de CÓRDOBA

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