martes, 18 de marzo de 2014
martes, 4 de marzo de 2014
(FANTASÍA DE UNA NOCHE DE ABRIL)
¿Sevilla? ... ¿Granada? ... La noche de luna,
blancas paredes y obscuras ventanas.
Cerrados postigos, corridas persianas ...
El cielo vestía su gasa de abril.
Un vino risueño me dijo el camino.
Yo escucho los áureos consejos del vino,
el vino es a veces escala de ensueño.
Abril y la noche y el vino risueño
ataron en coro su salmo de amor.
La calle copiaba, con sombra en el muro,
el paso fantasma y el sueño maduro
de apuesto embozado, galán caballero:
espada tendida, calado sombrero...
La luna vertía su blanco soñar
Como un laberinto mi sueño torcía
de calle en calleja. Mi sombra seguía
de aquel laberinto la sierpe encantada,
en pos de una oculta plazuela cerrada.
La luna lloraba su dulce blancor.
La casa y la clara ventana florida,
de blancos jazmines y nardos prendida,
más blancos que el blanco soñar de la luna...
-"Señora, la hora, tal vez importuna...
¿Que espere? (La dueña se lleva el candil.)
Ya sé que sería quimera, señora,
mi sombra galante buscando a la aurora
en noches de estrellas y luna, si fuera
mentira la blanca nocturna quimera
que usurpa a la luna su trono de luz.
¡Oh dulce señora, más cándida y bella
que la solitaria matutina estrella
tan clara en el cielo! ¿Por qué silenciosa
oís mi nocturna querella amorosa?
¿Quién hizo, señora, cristal vuestra voz?...
La blanca quimera parece que sueña.
Acecha en la obscura estancia la dueña.
—Señora, si acaso otra sombra emboscada
teméis, en la sombra, fiad en mi espada...
Mi espada se ha visto a la luna brillar.
¿Acaso os parece mi gesto anacrónico?
El vuestro es, señora, sobrado lacónico.
¿Acaso os asombra mi sombra embozada,
de espada tendida y toca plumada?...
¿Seréis la cautiva del moro Gazul?
Dijéraislo, y pronto mi amor os diría
el son de mi guzla y la algarabía
más dulce que oyera ventana moruna
Mi guzla os dijera la noche de luna,
la noche de cándida luna de abril.
Dijera la clara cantiga de plata
del patio moruno, y la serenata
que lleva el aroma de floridas preces
a los miradores y a los ajimeces,
los salmos de un blanco fantasma lunar.
Dijera las danzas de trenzas lascivas,
las muelles cadencias de ensueños, las vivas
centellas de lánguidos rostros velados,
los tibios perfumes, los huertos cerrados;
dijera el aroma letal del harén.
Yo guardo, señora, en viejo salterio
también una copla de blanco misterio,
la copla más suave, más dulce y más sabia
que evoca las claras estrellas de Arabia
y aromas de un moro jardín andaluz.
Silencio... En la noche la paz de la luna
alumbra la blanca ventana moruna.
Silencio... Es el musgo que brota, y la hiedra
que lenta desgarra la tapia de piedra...
El llanto que vierte la luna de abril.
—Si sois una sombra de la primavera
blanca entre jazmines, o antigua quimera
soñada en las trovas de dulces cantores,
yo soy una sombra de viejos cantares,
y el signo de un álgebra vieja de amores.
Los gayos, lascivos decires mejores,
los árabes albos nocturnos soñares,
las coplas mundanas, los salmos talares,
poned en mis labios;
yo soy una sombra también del amor.
Ya muerta la luna, mi sueño volvía
por la retorcida, moruna calleja.
El sol en Oriente reía
su risa más vieja.
ANTONIO MACHADO
lunes, 3 de marzo de 2014
jueves, 20 de febrero de 2014
SE TRATA DE ALGO POSITIVO
Hoy, por ejemplo, estoy más bien contento.
No se bien las razones mas por si acaso anoto:
Mi estómago funciona,
mis pulmones respiran,
mi sangre apresurada me empuja a crear poemas.
(solamente -¡qué pena!- no sé medir mis versos.)
Pero igual, deliro: Rosa giratoria
que abres dentro de mí un espacio absoluto,
noches con cabezas
de cristal reluciente,
velocidades puras del iris y del oro.
(Solamente -¡qué pena!- estoy un poco loco.)
Mas es real, os digo, mi sentimiento virgen,
reales las palabras absurdas que aquí escribo,
real mi cuerpo firme,
mi pulso rojo y lleno,
la tierra que me crece y el aire en que yo crezco.
(Solamente -¡qué pena!- si vivo voy muriendo.)
GABRIEL CELAYA (1945)
No se bien las razones mas por si acaso anoto:
Mi estómago funciona,
mis pulmones respiran,
mi sangre apresurada me empuja a crear poemas.
(solamente -¡qué pena!- no sé medir mis versos.)
Pero igual, deliro: Rosa giratoria
que abres dentro de mí un espacio absoluto,
noches con cabezas
de cristal reluciente,
velocidades puras del iris y del oro.
(Solamente -¡qué pena!- estoy un poco loco.)
Mas es real, os digo, mi sentimiento virgen,
reales las palabras absurdas que aquí escribo,
real mi cuerpo firme,
mi pulso rojo y lleno,
la tierra que me crece y el aire en que yo crezco.
(Solamente -¡qué pena!- si vivo voy muriendo.)
GABRIEL CELAYA (1945)
AVISO
La ciudad es de goma lisa y negra,
pero con boquetes de olor a vaquería,
y almacenes de grano, y a madera mojada,
y a guarnicionería, y a achicoria, y a esparto.
Hay chirridos que muerden, hay ruidos inhumanos,
hay bruscos bocinazos que deshinchan
mi absurdo corazón hipertrofiado.
Yo me alquilo por horas, río y lloro con todos
pero escribiría un poema perfecto
si no fuera indecente hacerlo en estos tiempos
GABRIEL CELAYA (1946)
pero con boquetes de olor a vaquería,
y almacenes de grano, y a madera mojada,
y a guarnicionería, y a achicoria, y a esparto.
Hay chirridos que muerden, hay ruidos inhumanos,
hay bruscos bocinazos que deshinchan
mi absurdo corazón hipertrofiado.
Yo me alquilo por horas, río y lloro con todos
pero escribiría un poema perfecto
si no fuera indecente hacerlo en estos tiempos
GABRIEL CELAYA (1946)
lunes, 10 de febrero de 2014
LA LINEA DE MADERA
Yo soy un
carpintero ciego, sin manos.
He
vivido
Bajo las
aguas, consumiendo frío,
Sin
construir las cajas fragantes, las moradas
Que cedro a
cedro elevan la grandeza,
Pero mi
canto fue buscando hilos del bosque,
Secretas
fibras, ceras delicadas,
Y fue
cortando ramas, perfumando
La soledad
con labios de madera.
Amé cada materia, cada gota
De púrpura o metal, agua y espiga
Y entré en espesas capas
resguardadas
Por espacio y arena temblorosa,
Hasta
contar con boca destruida,
Como
un muerto, en las uvas de la tierra.
Arcilla,
barro, vino me cubrieron,
Enloquecí
tocando las caderas
De
la piel cuya flor fue sostenida
Como
un incendio bajo mi garganta,
Y
en la piedra pasearon mis sentidos
Invadiendo
cerradas cicatrices.
Cómo
cambié sin ser, desconociendo
Mi
oficio antes de ser,
La metalurgia
Que
estaba destinada a mi dureza,
O
los aserraderos olfateados
Por
las cabalgaduras en invierno?
Todo
se hizo ternura y manantiales
Y
no serví sino para nocturno.
Pablo
Neruda
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