jueves, 19 de mayo de 2011

FESTIVAL DE LA GUITARRA 2011



31 edición del Festival de la Guitarra de Córdoba, del 5 al 16 de Julio
En el mes de julio, Córdoba (España) se convierte en la “ciudad de la guitarra”. El Festival de la Guitarra de Córdoba es el referente cultural y lúdico de la ciudad durante este período del verano cordobés.

El Festival, que cumple treinta y un años de edad, posee una merecida fama nacional e internacional entre los amantes de la guitarra debido a la alta calidad de intérpretes y profesores que participan.

El Festival, ofrece dos áreas complementarias:
Por un lado, el denominado PROGRAMA FORMATIVO, con cursos y MasterClass sobre guitarra antigua, guitarra clásica, flamenca, contemporánea, moderna, cursos de composición para guitarra, y cursos de baile y cante flamenco (Manuel Barrueco, Pepe Romero, Pat Metheny, Marcus Miller, Paul O’Dette, Leo Brouwer, Manolo Sanlúcar, Ralph Tower, Shin Ichi Fukuda, Egberto Gismonti, David Russell, Jayme Marques, Mike Stern, Robben Ford, Stanley Jordan …)

Por otro lado, el PROGRAMA DE CONCIERTOS Y ESPECTÁCULOS que se desarrollan en recintos y plazas emblemáticos de la ciudad (Gran Teatro, Teatro de la Axerquía, Teatro Cómico Principal, Palacio de Congresos, Plaza de la Corredera...) que hacen de la noche cordobesa una auténtica delicia.

Por el Festival de Córdoba han pasado figuras de la guitarra flamenca de la talla de Paco de Lucía, Paco Peña, Manolo Sanlúcar, Vicente Amigo, Sabicas, José A. Rodríguez , Paco Serrano, y Tomatito, entre otros. Pero la guitarra flamenca no es la única protagonista; otros pilares sobre los que se sustenta la oferta guitarrística son el jazz y la guitarra moderna, con nombres legendarios como B.B. King, Chuck Berry, Gary Moore, Bob Dylan, Mark Knopfler, Patt Metheny, Joe Bonamassa, Larry Coryell, Carlos Santana, John McLaughlin, Mike Stern, Toquinho, Raimundo Amador, John Scofield, Joe Satriani, Larry Carlton, Robben Ford, Geoge Benson, The Pretenders, Roger Hodgson, John Mayall, John Fogerty, y muchos más.

La música clásica y antigua también tiene cabida en la programación del festival con los mejores intérpretes de este género (Pepe Romero, Manuel Barrueco, Eliot Fisk, Leo Brouwer, Dúo Assad, Costas Cotsiolis, Rolf Lislevand, Paul O´Dette, Hopkinson Smith, Kazuhito Yamasita, Roland Dyens, David Russell, Ricardo Gallén, Los Angeles Guitar Quartet, Stefano Grondona…).

Para completar la oferta, la guitarra sirve como excusa para dar cabida a un gran número de actividades paralelas (Jornadas de Estudio sobre Historia de la Guitarra, Conferencias, Mesas Redondas, Exposiciones (Una aproximación visual a la Guitarra), Edición de Libros (Colección Nombres Propios de la Guitarra), Presentaciones, etc.

Córdoba y la Guitarra celebrarán su 31ª edición en la primera quincena del mes de Julio de 2011.

Les esperamos.



JULIO 2011


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miércoles, 18 de mayo de 2011

HISTORIA GENERAL DE CÓRDOBA DE ANDRÉS DE MORALES


SUCESOS DE LA GUERRA DE LOS VELEZ Y DE ÉSTE POR OTRAS PARTES DE LA ALPUJARRA HASTA SU MUERTE

Estaba el marqués de los Vélez con un pequeño campo en Berja habiéndosele ido lo mejor de su gente. Supo por algunas espías venía sobre él con más de 10.000 moros Aben Humeya. Fue tan cierto que dentro de dos días, tocando a recoger los tambores nuestros, se entraron por el lugar con increible furia y vocería los moros, dando el asalto con tal furia de escopetería y voces que atronaban el campo. Los nuestros retirados al cuerpo de guardia donde se defendían de infinita morisma que iba enviando poco a poco Aben Humeya, el marqués viendo que bien lo hacía su gente y que apretaron de manera a los enemigos que los hicieron retiras, apretó con sus caballos y alcanzó la victoria, huyendo los moros bien de priesa y dejando muertos más de 1.500.

Poco después salió Antonio de Luna, señor de Fuentidueña, llevando en su compañía a don Luis de Cardona y Córdoba, hijo del duque de Sesa y Baena, que sirvió en esta guerra como grande caballero, a Tello de Aguilar con los escuderos de Écija y a don Pedro de Pineda, caballero de Sevilla, con su compañía. Dio sobre los Albuñuelas que estaban de paz. Porque recibían moros enemigos, cautivó a más de 1.500 moros, mató muchos que se defendieron y a Lope, famoso monfí, con otros que estaban en el lugar. A los que se subían a la sierra detuvo y mató Tello de Aguilar con su gente.

En este tiempo se rebeló todo el río de Almanzora lleno de infinitos pueblezuelos. Y por orden del rey, con vehemente pretensión de razones y fuerza del duque de Sesa y del presidente, se sacaron los moriscos del Albaicín para llevarlos a Castilla y Andalucía. Espectáculo de los más tristes y miserables que vio Granada, bien merecido de su poca fe y lealtad. Estaba su majestad en Córdoba por este tiempo donde había venido con su corte honrando muchos meses aquella ciudad con su presencia. Y aunque la halló despoblada de gente y caballeros que le servían en la guerra les fue de guarda y amparo sus casas y haciendas, íntimo amador y alabador de sus cosas. Alegróse mucho de ver en su cabildo tantos y tan venerables viejos que por sus muchos años no podían menear las armas, y con su gran capacidad y consejo gobernaban la paz.

Envió el señor don Juan a don Luis de Córdoba, su caballero mayor y capitán general de la caballería en esta guerra, a socorrer a Serón donde estaba cercado el alcalde. Pero a mitad del camino supo se había rendido el castillo y se volvió a Granada. Súpose luego estaba muy a peligro Oria y Vélez el Blanco donde estaban las hijas del marqués de los Vélez en gran peligro, Ordenó el señor don Juan a Pedro del Odio, alcalde de corte que estaba en Lorca, envíase gente de socorro aquellas villas y a don Juan de Haro, caballero principal de Córdoba y capitán de los caballos del marqués del Carpio que venía de camino a Granada, con su compañía se metiese en Vélez el Blanco y tuviese cuidado de guardar aquel partido.

Deseó mucho Aben Humeya ocupar Almería por ser puerto apacible para las galeotas que esperaba de África. Dos veces envió buen número de gente con ánimo de hacer salir los cristianos a la pelea y entrarse dentro por otra parte. U lo tenía casi desconcertado con los moriscos vecinos. Al fin, viendo los nuestros tan acorralados que no osaban salirse de la ciudad, juntó un gran número de gente en Andarax para dar sobre Almería donde le decían no había gente de guerra, como era verdad. Don García de Villarroel, por sacarlo de esta verdadera opinión, dio de repente un día sobre Huecija, cuatro leguas de Andarax. Llevó una buena cabalgada y mudo de parecer Aben Humeya entendiendo había mucha gente de guerra y que los moriscos le habían engañado. Enojóse con los que tenía en su campo y a 23 de ellos los hizo matar por espías con castigos crueles. Pero no menos número de gente moría de los nuestros por estos días a manos de los moros monfíes. Uno de ellos fue el valeroso capitán Céspedes con toda su cuadrilla.

Diose orden se rehiciese el campo del marqués de los Vélez que estaba acorralado en Adra. Mandóse al comendador llevase la gente de Adra por mar y que iban a embarcarse en la playa de Motril la gente que tenía en Órjiva don Juan de Mendoza, cinco compañías que iban a orden del marqués de Ferrara y las cuatro de la ciudad de Córdoba cuyos capitanes eran don Fernando de Simancas, don Pedro de Acevedo, Cosme de Armenta y don Diego de Argote. Toda esta gente alentó al campo del marqués. Salió dividido en tres escuadras. Llevaba la vanguardia Córdoba y sus capitanes con el marqués de la Favara. Supo el poderoso ejército que tenía y así Aben Humeya a África al Habaqui a pedir socorro y don Hernando el Zaguer, su tío, le trajo gran número de moros. Salieron al camino gran multitud de ellos. Acometiólos la vanguardia donde la gente de Córdoba y, enviando el marqués por los lados alguna gente para cogerlos en medio, desmayaron y dieron a huir siguiendo el alcance los caballeros cordobeses, el marqués de la Favara y el de los Vélez con otros caballeros hasta Ugíjar y Válor donde estaba Aben Humeya. Otro día a vista de los enemigos se entró todo el campo en Ugíjar con grande honra de la nación española. A 3 de agosto salió el marqués contra Aben Humeya que estaba en Válor. Llevaba a la vanguardia don Pedro de Padilla con los soldados viejos de su tercio, en la batalla iba el marqués de Favara, caballeros de Córdoba y algunas compañías de Murcia y por retaguardia los catalanes. Estaba Aben Humeya en la ladera de un cerro debajo de Válor y en un cerrillo caballero del río y del camino por donde de forzosamente habían de pasar los nuestros se pusieron 500 arcabuceros. Llegó nuestra vanguardia a este cerrillo y acometieron con valor español. De tal manera pelearon los moros que pusieron en contingencia la victoria. Corría de unas partes a otras Aben Humeya en un caballo blanco con una aljuba de grana y un turbante turquesco en la cabeza animando a su gente. Pidió la vanguardia favor a la caballería y mandó el marqués los acompañasen don Diego Fajardo, su hijo, don Jerónimo de Guzmán, caballero de Calatrava con algunos caballos de Córdoba su patria, y don Martín de Ávila con los de Jerez. Subieron por la falda del cerro y fueron a salir a unas viñas que estaban a media ladera. Acometieron a los enemigos por donde nunca los moros pensaron pudiesen subir caballos y así desmayaron y, teniéndose por por perdidos, dejaron el sitio y lugar se se pusieron todos en huida. Procuró detenerlos Aben Humeya y no pudiendo huyó con los suyos. Y temiendo no le prendiesen los de a caballo que le iban en los alcances se apeó del suyo y, con sólo seis moros, se subió la sierra arriba entre unas breñas muy altas, entre Válor y Mecina. Aquí llegó la infantería, que cae una legua adelante de Válor, y los caballeros. Habían antes subido buen rato de la sierra hasta encaramar a los enemigos en lo más alto de ella.

El marqués pasó a la Calahorra y de allí otro día volvió a Válor, donde estaba alojada la gente, con algún refresco que le trajeron de Guadix de que tenía grande necesidad. Y fue tal que por el hambre que se padedía en el campo se fue deshaciendo. Retiróse a Calahorra el marqués por esperar allí bastimento de Granada. Éste no vino y el de la tierra era corto. Fue la necesidad tan grande que no le quedó casi gente. Sucedió esta desgracia después de tan gran victoria, cuando acababa de llegar Fernando Alhabaqui con 400 turcos escopeteros de Argel y por capután Hoscein, hombre sedicioso que en llegando a España de secreto y encubierto entró en Granada, Almería y Guadix reconociendo la tierra. Animó a los modix ofreciéndoles hacerles señores del reino. Aben Humeya repartió sus fronteras en mucha paz porque no había quien le hiciese la guerra desbaratados y deshechos los ejércitos cristianos. Y los moriscos, como señores en todo, sembraban y cogían sus frutos sin peligro. Llegó su desvergüenza a dara una madrugada 2.000 de ellos sobre el Padul, tres leguas de Granada, 11 banderas tendidas acometieron el lugar con tanto ímpetu que, antes que los nuestros se pudiesen recoger en el fuerte, mataron a 36 soldados y robaron 30 caballos de una compañía de gente de Córdoba que estaba allí de presidio cuyo capitán era don Alonso de Valdelomar. Saquearon las casas y pusieron cerco al fuerte pero defendiéndola los de dentro mataron muchos moros. Cuatro horas enteras estuvieron quemando, saqueando el lugar y batiendo el fuerte. Al principio de este combate salió del fuerte un escudero de Córdoba y por medio de los enemigos pasó libre. Llegó a Granada donde avisó del peligro. Acudieron algunos caballeros y, retirándose los moros, les fueron picando las espaldas el duque de Sesa que salió al socorro, dejando bien prevenido el fuerte. Dio la vuelta a Granada Aben Humeya con 10.000 hombres, corrió el río Almanzora y dio sobre la ciudad de Vera después de haber ocupado las Cuevas, lugar del Marqués de los Vélez. Cercóla, plantó alguna pequeña artillería y llegó a derribar la muralla con picos. Taló los campos y sabiendo venía mucha gente de socorro se retiró sin temor del marqués de los Vélez que estaba con muy poca gente acorralado en la Calahorra, donde si no fuera por el cuidado de su hijo don Diego Fajardo y don Jerónimo Guzmán, caballeros de Córdoba, con los escuderos cordobeses de su compañía se le fueron unos pocos, que quedaban al fin el campo de 12.000 hombres que traía vino a disminuirse en sólo 3.000 soldados.

No permitió Nuestro Señor que las tiranías y robos del traidor Aben Humeya pasasen más adelante. Levantáronse contra él Diego Alguacil y otros deudos suyos por una prima suya que traía el reyezuelo por manceba deshonrando al linaje y por otras crueldades. Fingen una carta en que mandaba matar los turcos. Ésta se la pusieron ellos en sus manos. Llevados de cólera y enojo le prendieron, saquearon la casa y Diego Alguacil y Diego de Arcos le ahogaron con la toca que traía y le enterraron en un muladad. Honroso premio de su desvario. Dicen murió, diciendo que era cristiano el que profesaba la ley de Mahoma y estaba cercado de mujeres.

ADELINA CANO FERNÁNDEZ Y VICENTE MILLÁN TORRES


Edita: Ayuntamiento de Córdoba, Área de Servicios Culturales y Turismo
Edición cofinanciada por la Excma. Diputación de Córdoba, Delegación de Cultura.

lunes, 16 de mayo de 2011

GREGERÍAS

Como daba besos lentos duraban más sus amores.


Donde el tiempo esta más unido al polvo es en las bibliotecas.


A veces un beso no es más que chewing gun compartido.

Si vais a la felicidad llevad sombrilla.


Cuando se vierte un vaso de agua en la mesa se apaga la cólera de la conversación.


Por los ojos del caballo se asoma la noche al día.


el reloj es una bomba de tiempo, de más o menos tiempo.


Cuando una mujer te plancha la solapa con la mano ya estás perdido.


Trueno: caída de un baúl por las escaleras del cielo.


El hielo se ahoga en el agua.


La morcilla es un chorizo lúgubre.


Al caer la estrella se le corre un punto a la media de la noche.


Los ladrillos saben esperar.


Los tornillos son clavos peinados con la raya al medio.


Las alpargatas tempraneras pasan dando bofetadas al suelo.


En la manera de matar la colilla contra el cenicero se reconoce a la mujer cruel.


El arcoiris es la cinta que se pone la naturaleza después de haberse lavado la cabeza.


Tocaba las llaves que llevaba en el bolsillo para llegar más pronto a su casa.


Todos los pájaros son mancos.


En cuanto se abre la rosa comienza a dictar testamento.


Las flores que no huelen son flores mudas.


Hay matrimonios que se dan la espalda mientras duermen para que el uno no le robe al otro los sueños ideales.


Al calvo le sirve el peine para hacerse cosquillas paralelas.


El perchero está enojado porque no lo sacamos de paseo.


Después del eclipse, la luna se lava la cara para quitarse el tizne.


Hay quien se reserva para dar limosna a los pobres que haya a la puerta del cielo.


Un papel en el viento es como un pájaro herido de muerte.


El reloj no existe en la horas felices.

RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA

TRASPIE ENTRE DOS ESTRELLAS


Hay gentes tan desgraciadas, que ni siquiera
tienen cuerpo; cuantitativo el pelo,
baja, en pulgadas, la genial pesadumbre;
el modo, arriba;
no me busques, la muela del olvido,
parecen salir del aire, sumar suspiros mentalmente, oír
claros azotes en sus palabras!


Vanse de su piel, rascándose el sarcófago en que nacen
y suben por su muerte de hora en hora
y caen, a lo largo de su alfabeto gélido, hasta el suelo.
¡Ay de tánto!, ¡ay de tan poco!, ¡ay de ellas!
¡Ay en mi cuarto, oyéndolas con lentes!
¡Ay en mi tórax, cuándo compran trajes!
¡Ay de mi mugre blanca, en su hez mancomunada!


¡Amadas sean las orejas sánchez,
amadas las personas que se sientan,
amado, el desconocido y su señora.
el prójimo con mangas, cuello y ojos!


¡Amado sea aquel que tiene chinches,
el que lleva zapato roto bajo la lluvia,
el que vela el cadáver de un pan con dos cerillas,
el que se coge un dedo en una puerta,
el que no tiene cumpleaños,
el que perdió su sombra en un incendio,
el animal, el que parece un loro,
el que parece un hombre, el pobre rico,
el puro miserable, el pobre pobre!


¡Amado sea
el que tiene hambre o sed, pero no tiene
hambre con que saciar toda su sed,


¡Amado sea el que trabaja al día, al mes, a la hora,
el que suda de pena o de vergüenza,
aquel que va, por orden de sus manos, al cinema,
el que paga con lo que le falta,
el que duerme de espaldas,
el que ya no recuerda su niñez; amado sea
el calvo sin sombrero,
el justo sin espinas,
el ladrón sin rosas,
el que llevó reloj y ha visto a Dios,
el que tiene un honor y no fallece!


¡Amado sea el niño, que cae y aún llora
y el hombre que ha caído y ya no llora!


¡Ay de tánto! ¡Ay de tan poco! ¡Ay de ellos!


CESAR VALLEJO

jueves, 12 de mayo de 2011

HISTORIA GENERAL DE CÓRDOBA DE ANDRÉS DE MORALES

DE LA CIUDAD DE CÓRDOBA DEL PERÚ Y DE SU GOBERNADOR Y GRAN DESCUBRIDOR DON LORENZO SUÁREZ DE FIGUEROA, CABALLERO DE CÓRDOBA

Entre las provincias que propiamente se llaman Perú y Brasil, en medio del oriente y mediodía, se extienden por espacio de más de 600 leguas las provincias de Tucumán y Paraguay; a ésta llaman Río de la Plata y en aquélla son principales ciudades Santiago, San Miguel de Tucumán, la noble ciudad de Córdoba y otras, y está fundada junto al Río del Estero. De ella escriben largamente los padres de la Compañía de Jesús, a quien se debe la gran conversión de estos indios porque, con ser bien dificultosos el enseñarlos por haber casi a media legua diversas lenguas, estos santísimos padres las han aprendido y venciendo millones de trabajos han reducido aquella provincia yerma e inculta en un deleitoso paraíso del cielo. Corrieron esta tierra el padre Francisco de Angulo, caballero principal de esta ciudad y religioso apostólico de la Compañía, comisario del Santo Oficio en toda ella, y el padre Barzana, otro santísimo varón y de grandes milagros en la conversión de la gentilidad, de cuyas cartas se colige lo siguiente:

“En una de 97 los pueblos de la provincia de Tucumán son los siguientes, el primero Córdoba, es lugar rico y mantenido tiene más de 300 españoles y comarca de 10.000 indios de varias lenguas; son casi todos bautizados, ningún lugar hay más establecido ni de mayores fuerzas de Tucumán”.

En otra dice:

“Era gente que no tenía ídolos, creían que el alma era inmortal, pero no sabían dónde había de ir, sin noticia del cielo e infierno que enseña nuestra fe y menos de purgatorio. Cada pueblo tenía un cacique por sucesión, son valientes y de muy buen entendimiento, casábanse tarde porque decían que el darse a gustos de carne enflaquece mucho los cuerpos y hace hombres para poco. Tienen gran copia de maíz y mayor de pescado en los ríos, y miel por los campos, caza de todo género en abundancia. Córdoba tiene un espacio de seis leguas, cinco o seis ríos hermosísimos. Son sus gustos bailar y cantar y las muertes de los suyos las celebran con cantos suaves. Como se refiere a otras antiguas naciones del número de los convertidos por los padres de esta sagrada religión es notable, pasa de 30.000, pero éste (es) pequeño en comparación del que han reducido a lengua del Evangelio en las Indias Orientales y Occidentales”.

Añade luego estas palabras formales:

“Éste es el estado que están las cosas desde el descubrimiento y las de toda esta gobernación de Córdoba y su tierra.
Grande falta les ha de hacer la cabeza que Dios les ha quitado con la muerte del gobernador don Lorenzo de Figueroa, que este año llevó Dios para sí, a lo que se puede esperar de su divina bondad para darle el premio de los muchos trabajos que padeció en la ayuda que dio en la conversión de los indios. Pierde mucho toda esta nueva cristiandad y en especial la Compañía, porque después que los padres de ella entraran en aquellas provincias, que ha más de 10 años, les proveía con grande liberalidad y amor de lo que era necesario con un ánimo muy de padre y amigo; el cual se le había pegado de haberse criado en nuestras escuelas, en un colegio de Córdoba de España. Llevóle Nuestro Señor en los mejor de este descubrimiento para el cual había gastado cerca de 40.000 ducados con grande deseo de descubrir tierras donde fuese conocido Dios Nuestro Señor y, por llevar adelante estos buenos intentos, proveyéndole el rey nuestro señor en pago de sus trabajos en plaza de más descanso y no quiso quedarse en ésta por servir más a Dios.”

 
Esto es lo que se dice por personas de toda verdad de Córdoba, descubridor tantos años y gobernador de estas provincias de Córdoba de Indias y de otras mayores que allí llaman de Mojares y Hobescos y Hobascamos; que para descubrirlos y ganarlos fue necesario 1.000 leguas. El año 1602 escribieron que la gente de Córdoba tenía grande frecuencia de sacramentos, en particular gente principal había sido los indios y, después que enviaron los padres de la Compañía en aquella tierra, se han reformado tanto en este oficio que es consuelo ver a los indios reprehender a los soldados españoles si se les desvergüenza en palabras. Un caso pasó bien público de grande edificación.


Una india hermosa, bien perseguida de un soldado, siempre constantísima en no ofender a Dios, que una vez acometida por fuerza, ya aunque le rompieron los vestidos y la pusieron un puñal a los pechos, no fue posible ablandarse, antes les dijo que la matasen porque no había de ofender a su Dios. Salió con sus intentos porque llorando a voces y bien golpeada le dio Dios lugar por donde huyese de las uñas de aquel león español.

No es caso pequeño confusión de los cristianos antiguos.

ADELINA CANO FERNÁNDEZ Y VICENTE MILLÁN TORRES

Edita: Ayto, de Córdoba, Área de Servicios Culturales y Turismo
Edición cofinanciada por:
La Excma. Diputación de Córdoba, Delegación de Cultura

miércoles, 11 de mayo de 2011

BARCAROLA




Si solamente me tocaras el corazón,
si solamente pusieras tu boca en mi corazón,
ti fina boca, tus dientes,
si pusieras tu lengua como una flecha roja
allí donde mi corazón polvoriento golpea,
si soplaras en mi corazón, cerca del mar, llorando,
sonaría como un ruido oscuro; con sonido de ruedas de tren con sueño,
como aguas vacilantes,
como el otoño en hojas,
como sangre,
con un ruido de llamas húmedas quemando el cielo,
sonando como sueños o ramas o lluvias,
o bocinas de puerto triste;
si tú soplaras en mi corazón, cerca del mar,
como un fantasma blanco,
al borde de la espuma,
en mitad del viento,
como un fantasma desencadenado, a la orilla del mar, llorando.


Como ausencia extendida, como campana súbita,
el mar reparte el sonido del corazón,
lloviendo, atardeciendo, en una costa sola,
la noche cae sin duda,
y su lúgubre azul de estandarte en naufragio
se puebla de planetas de plata enronquecida.


Y suena el corazón como un caracol agrio,
llama, oh mar, oh lamento, oh derretido espanto
esparcido en desgracias y olas desvencijadas:
de lo sonoro el mar acusa
su sombras recostadas, sus amapolas verdes.


Si existieras de pronto, en una costa lúgubre,
rodeada por el día muerto,
frente a una nuevo noche,
llena de olas,
y soplaras en mi corazón de miedo frío,
soplaras en su movimiento de paloma con llamas,
sonaría sus negras sílabas de sangre,
crecerían su incesantes aguas rojas,
y sonaría, sonaría a sombras,
sonaría como la muerte,
llamaría como un tubo lleno de viento o llanto
o una botella echando espanto a borbotones.


Así es, y los relámpagos cubrirían tus trenzas
y la lluvia entraría por tus ojos abiertos
a preparar el llanto que sordamente encierras,
y las alas negras del mar girarían en torno
de ti, con grandes garras y graznidos, y vuelos.
¿Quieres ser fantasma, que sople, solitario,
cerca del mar su estéril, triste instrumento?
Si solamente llamaras,
su prolongado són, su maléfico pito,
su orden de olas heridas,
alguien vendría acaso,
alguien vendría,
desde las cimas de las islas, desde el fondo rojo
del mar,
alguien vendría, alguien vendría.


Alguien vendría, sopla con furia,
que suene como sirena de barco roto,
como lamento,
como un relincho en medio de la espuma y la sangre,
como un agua feroz mordiéndose y sonando.


En la estación marina
su caracol de sombra circula como un grito,
los pájaros del mar lo desestiman y huyen,
sus listas de sonido, sus lúgubres barrotes
se levantan a orillas del océano solo.


PABLO NERUDA