miércoles, 8 de diciembre de 2010

SÉNECA "DE LA IRA" XI


"Pero contra los enemigos, dicen, la ira es necesaria". Nunca lo es menos: en la guerra no deben ser los movimientos desordenados, sino arreglados y dóciles. ¿Qué otra cosa hizo a los Bárbaros inferiores a nosotros, cuando tienen cuerpos más robustos, más fuertes y endurecidos en los trabajos, sino la ira, perjudicial siempre por sí misma? Al gladiador también le protege el arte, y le expone la ira. Además, ¿cómo necesitar la ira cuando la razón consigue el mismo objeto? ¿Crees, acaso, que el cazador monta en ira contra las fieras? Espéralas cuando le acometen, las persigue en su fuga, y la razón hace todo esto en calma. ¿A qué se debe que tantos militares de Cimbrios y de Teutones desparramados por los Alpes, fuesen destruidos por tal matanza que, no quedando mensajero, la fama sola llevó a su país la nueva de tan inmensa derrota, sino a que la ira reemplazaba en ellos al valor? Si algunas veces derriba y destruye todos los obstáculos, frecuentemente también se pierde a sí misma. ¿Quiénes más animosos que los Germanos? ¿Quiénes más impetuosos en el ataque? ¿Quiénes más apasionados por las armas, en medio de las que nacen y crecen, formando su principal cuidado, mostrándose indiferentes para todo lo demás? ¿Quiénes más endurecidos en los sufrimientos, cuando la mayor parte de ellos ni siquiera piensan en cubrir sus cuerpos no abrigarlos contra los perpetuos rigores de su clima? Y sin embargo, tales hombres quedan derrotados por los Españoles, por los Galos, por las endebles tropas del Asia y de la Siberia antes de que se presente una legión romana; porque nada hay como la ira para favorecer las derrotas. La razón da disciplina a esos cuerpos, a esas almas que ignoran las delicias, el lujo y las riquezas: para no decir nada excesivo, necesario será que nos fijemos en las antiguas costumbres romanas. ¿Por qué medio reanimó Fabiano las extenuadas fuerzas del Imperio? Supo contemporizar, esperar, tener paciencia, cosas todas que no puede hacer el iracundo. El Imperio perecía, encontrándose ya en la pendiente del abismo, si Fabiano hubiese intentado lo que le aconsejaba la ira. Pero atendió al bien público, y calculando sus recursos, de los que ni uno solo podía arriesgar sin arriesgarlo todo, prescindió de resentimientos y venganzas. Atento solamente a aprovechar las ocasiones, venció la ira antes de vencer a Aníbal. ¿Qué hizo Scipión? Alejándose de Aníbal, del ejército púnico y de todo aquello que debía irritarle lle vó la guerra al África con lentitud tan calculada, que la envidia puede acusarle de molicie o indolencia. ¿Qué hizo el otro Scipión? ¿No se mantuvo con perseverante obstinación alrededor de Numancia, soportando con firmeza aquel dolor tan personal com público de ver a Numancia más lenta para caer que Cartago? Y entretando estrecha y encierra al enemigo hasta reducirlo a sucumbir bajo su propia espada.

lunes, 6 de diciembre de 2010

CÓRDOBA EN DEFENSA DEL EMPERADOR: "EL FRACASO DE LAS COMUNIDADES"



Uno de los primeros problemas con los que tuvo que enfrentarse Carlos I a su llegada a España fue la sublevación de las Comunidades en Castilla y las Germanías en Valencia y Mallorca. Las Comunidades tuvieron lugar entre 1519 y 1523. Esta sublevación fue un intento por parte de las ciudades de preservar sus privilegios frente a la política de la monarquía, tendente a la concentración del poder.

Los problemas financieros del monarca le llevaron a pedir en las Cortes de Valladolid de 1518 y en las de Santiago - La Coruña en 1520 la concesión de un "servicio" de 200 millones, a lo que algunas ciudades, entre ellas Córdoba, se negaron rotundamente si antes el monarca no atendía las reivindicaciones que ellas le presentaron en un largo memorial. Finalmente este servicio se concedió con la oposición de ciudades como Toledo, Córdoba, Salamanca, Madrid, Murcia y otras. Los procuradores en Cortes por Córdoba, Francisco Pacheco y Pedro Gutiérrez de los Ríos, pidieron que sólo pagaran este servicio las ciudades que lo otorgaron, pero que Córdoba en este caso quedara exenta. No obstante esta actitud contraria a los deseos del monarca, Córdoba, una vez que el rey se convirtió en Emperador, se acomodó a la situación. Para demostrar su actitud en pro del emperador se celebró una fiesta en la ciudad para conmemorar su coronación, donde se corrieron 12 toros y se jugaron cañas.

Dada la actitud de los procuradores de la ciudad en Cortes, Toledo escribió al cabildo cordobés el 15 de junio de 1520 invitándole a que se uniera a la insurrección que Toledo junto a Valladolid y Burgos estaban protagonizando en contra de la Corona. Córdoba rehusó participar en las Comunidades y, parece que alentada por el Emperador, no sólo se manifestó al servicio de él sino que se hizo cargo de mantener el orden en Andalucía. En este sentido escribió a Jaén reprendiéndola por su actitud; procuró calmar la sublevación en Ubeda y Baeza, Sevilla, etc. Parece ser que Córdoba tenía gran fuerza y significación en Andalucía, pues según palabras del corregidor Osorio "estando Córdoba sosegada y pacífica, es bastante para estarlo Andalucía".

Sin embargo, esta actitud no era unánime en la ciudad, pues algunos nobles -Marqués de Comares, de Priego, Conde de Santiesteban, etc.-, y otros miembros del clero -el agustino Fray Juan Bravo-, se mostraron decididos defensores de los comuneros. Por ello la ciudad tomó sus precauciones y nombró una comisión de cuatro caballeros veinticuatro para que aprovisionaran a la ciudad de picas y lanzas con lo que hacer frente a posibles levantamientos, y se hizo salir de la ciudad al Marqués de Comares y otros nobles, y se persiguió a Fray Juan Bravo que predicaba la Comunidad en iglesias y monasterios.

El papel de Córdoba en este hecho no acabó en el ámbito local, sino que tuvo un eco mayor, pues en enero de 1521 presidió una reunión el La Rambla a la que acudieron las ciudades de Andalucía bajo el título Santa y Real Confederación. Estuvieron representadas Sevilla, Jerez, Sanlúcar, Cádiz, Ronda, Gibraltar, Carmona, Arjona, Porcuan, Martos, Torredonjimeno y, más tarde, Jaén, Alcalá la Real, Ecija y algunos nobles andaluces. Era la Contracomunidad. Para la seguridad de la reunión estuvieron protegidos por 400 soldados y acordaron escribir a las ciudades rebeldes invitándolas a que depusieran su actitud, ofreciéndose a su vez a interceder por ellas ante el Emperador.

Cuando los comuneros fueron derrotados en Villalar, la ciudad lo celebró con una gran fiesta popular. El emperador agradeció a Córdoba en numerosas ocasiones su lealtad en momentos tan difíciles.
M.J.G.C.
FUENTE: CAJA PROVINCIAL DE AHORROS DE CÓRDOBA

REFRANES

Cuando el agua llegue aquí, ¡ay, Sevilla qué será de tí!

De dinero y santidad, la mitad de la mitad.

Las migas en la poyata, quien no venga no las cata.

Dios al humilde levanta y al orgulloso quebranta.

El que se ríe de mal que le ocasiona a otro, se ríe del suyo propio.

La muerte no perdona ni al Rey ni al Papa ni a quien no tiene capa.

Las visitas gusto dan cuando se van.

Más vale vivir un día en pie que no un año de rodillas.

Mes de la Pascua, se vive junto a la brasa.

Ni muerte sin llanto, ni boda sin canto.

Salud y pesetas, lo demás son puñetas.

Lo que no pensé antes de hablar, después de hablar me da que pensar.

Remienda, remienda y no vayas a la tienda.

Al juzgar un hecho, mete la mano en tu pecho.

Los mandamientos de la Carraca, que cada uno fume de su petaca.

No hay pena que dure siempre, ni desengaño que mate.

En casa de mujer rica, ella manda, y ella grita.

En tiempo de la vendimia, la boca es libre.

Lo que es bueno para el bazo es malo para el espinazo.

Si quieres ver a un amigo andar, parate a mear.

El garbanzo y el melón, cuanto más chicos mejor.

La viña y el potro, que los críe otro.

Cuando ladra el Perro de Rota, el agua viene que trota.

La puerta abierta, al justo tienta.

Chica es mi casilla, pero vale más que toda Sevilla.

El que quiera saber, que compre un viejo.

Las obras del rey van a paso de buey.

El que te acaricia más de lo que suele, en que te ha engañado o engañarte quiere.

Cuando el carpintero tiene madera que labrar y la mujer harina que amasar, nunca le falta ni leña ni pan.

lunes, 22 de noviembre de 2010

SENECA "DE LA IRA" VIII


Nadie gana sino con daño de otro: se detesta a los felices y se desprecia a los desgraciados; los humillados por los grandes humillan a los pequeños; a todos animan diferentes pasiones, y todo lo destruirían por leve placer o ligero provecho. Esta es vida de gladiadores que habitan en común para pelear unos con otros. Esta es sociedad de fieras, exceptuando que las fieras son mansas entre sí y se abstienen de desgarrar a sus semejantes, mientras el hombre quiere la sangre del hombre. En una cosa sola se distingue de los animales: en que estos deponen su furor ante el que les lleva el pasto, mientras que la rabia del hombre devora a los que le alimentan. Nunca cesará de irritarse el sabio si una vez comienza. Lleno está todo de crímenes y vicios, y se comenten muchos más de los que pueden corregirse con la coerción. Trabada esta empeñada lucha de maldad, diariamente aumenta el apetito del mal y va siendo menor la vergüenza. Desterrando todo respeto de los honesto y lo justo, la pasión se precipita a su capricho, y ya no se ocultan los crímenes en la sombra, sino que caminan a la vista: la depravación se ha hecho tan común, y de tal manera domina en los corazones, que la inocencia no es escasa ya sino nula. ¿Acaso son pocos y raros los que violan la ley? Por todas partes, y como a señal dada, precipítanse todos para confundir el bien y el mal.

.... Non hospes ab hospite tutus,
Non socer a genero; fratrum quoque gratia rara est,
Imminet exitio vir conjugis, illa mariti.
Lurida terribiles miscent aconita novercae.
Filius ante diem patrios inquirit in annos.

Esta es pequeña parte de los crímenes, porque no describe un pueblo dividido en dos campos enemigos, los padres y los hijos ligados por juramentos diferentes, la patria entregada a las llamas por la mano de un ciudadano, y la caballería registrando con rabia por todas partes para descubrir el refugio de los proscritos, y las fuentes públicas emponzoñadas, y la peste propagada con la mano, y los fosos abiertos por nosotros mismos en derredor de nuestros padres sitiados, llenas las cárceles, y el incendio devorando ciudades enteras y dominaciones funestas, y las ruinas de los estados y de los reinos tramadas en secretos consejos, y la gloria atribuida a acciones que son crímenes cuando se las puede reprimir; los raptos y violaciones, y el libertinaje que ni siquiera exceptúa la boca.

SENECA (LOS PRINCIPIOS Y LA CONDUCTA)


Pero alguno de ésos que ladran contra la filosofía dirá, como suelen: "¿Por qué hablas con más energía que vives? ¿Por qué bajas el tono delante de un superior, y consideras que el dinero es para tí un instrumento necesario, y te alteras por un contratiempo, y lloras al enterarte de la muerte de tu esposa o de un amigo, y miras por tu fama, y te afectan las habladurías malévolas?, ¿Por qué tu campo está más cultivado de lo que pide el uso natural?, ¿Por qué no cenas según tus preceptos? ¿Por qué tienes un mobiliario demasiado elegante?, ¿Por qué se bebe en tu casa un vino más viejo que tú?, ¿Por qué se instala una pajarera, ¿Por qué se plantan árboles que no han de dar más que sombra?, ¿Por qué tu mujer lleva en las orejas la renta de una casa opulenta?, ¿Por qué tus esclavos se visten con ropas preciosas?, ¿Por qué es en tu casa un arte el servir la mesa y no se coloca la plata al azar y de cualquier manera, sino que se sirve con pericia y tienes un maestro de arte cisoria?". Añade aún, si quieres:" ¿Por qué tienes posesiones más allá del mar?, ¿Y más de las que conoces=. Es una vergüenza que seas tan negligente como para no conocer a unos poquillos esclavos, o tan fastuosos como para tener más que los que la memoria alcanza a conocer". Ayudaré enseguida a tus reproches y me haré más objeciones que las que imaginas; ahora te responderé esto: "No soy un sabio y, para que tu benevolencia se regocije, nunca lo seré. Por esto no exijo de mí ser igual que los mejores, sino mejor que los malos: me basta con podar todos los días algo de mis vicios y castigar mis extravíos. No he llegado a la salud, ni llegaré siquiera; compongo para mi gota más calmantes que remedios, contento si los ataques son menos frecuentes y menos dolorosas, pero comparado con vuestros pies, yo, impotente, soy un corredor".