sábado, 3 de abril de 2010

FOTOS Y POEMA



BALADA DEL MAR NO VISTO, RITMADA EN VERSOS DIVERSOS

No he visto el mar.

Mis ojos
- vigías horadantes, fantásticas luciérnagas;
mis ojos avizores entre la noche; dueños
de la estrella comba,
de los astrales mundos;
mis ojos errabundos
familiares del hórrido vértigo del abismo;
mis ojos acerados de viking, oteantes,
mis ojos vagabundos
no han visto el mar...

La cántiga ondulosa de su trémula curva
no ha mecido mis sueños,
ni oí de sus sirenas la erótica quejumbre,
ni aturdió mi retina con el rútilo azogue
que rueda por su dorso...
Sus resonantes trombas,
sus silencios, yo nunca pude oír...!
sus cóleras ciclópeas, sus quejas o sus himnos,
ni su mutismo impávido cuando argentos y oros
de los soles y lunas, como perennes lloros
diluyen sus riquezas por el glauco zafir...!

Ni aspiré su perfume!

Yo sé de los aromas
de amadas cabelleras...
Yo sé de los perfumes de los cuellos esbeltos
y frágiles y tibios,
de senos donde esconden sus hálitos las pomas
preferidas de Venus!
Yo aspiré las redomas
donde el Nirvana enciende los sándalos simbólicos,
las zábilas y mirras del mago Zoroastro...
Mas no aspiré las sales ni los lodos del mar!

Mis labios sitibundos
no en sus odres la sed
apagaron:
no en sus odres acerbos
mitigaron la sed...
Mis labios, locos, ebrios, ávidos, vagabundos,
labios cogitabundos
que amargaron los ayes y gestos iracundos
y que unos labios -vírgenes- captaron en tu red!

Hermano de las nubes
yo soy.
Hermano de las nubes, de las ilusas del espacio:
vagarosos navíos
que empujan acres soplos anónimos y fríos,
que impelen recios ímpetus voltarios y sombríos!
Viajero de las noches
yo soy.
Viajero de las noches embriagadoras; nauta
de sus golfos ilímites,
de sus golfos ilímites, delirantes, vacíos,
-vacíos de infinito..., vacíos...- Dócil nauta
yo soy,
y mis soñares derrotados navíos...
Derrotados navíos, rumbos ignotos, antros
de piratas... ¡el mar!

Mis ojos vagabundos
-viajeros insaciados- conocen cielos, mundos,
conocen noches hondas, ingraves y serenas,
conocen noches trágicas,
ensueños deliciosos,
sueños inverecundos...
Saben de penas únicas,
de goces y de llantos,
de mitos y de ciencia,
del odio y la clemencia,
del dolor
y el amar...!

Mis ojos vagabundos,
mis ojos infecundos...!
no han visto el mar mis ojos,
no he visto el mar

LEÓN DE GREIFF (1925 - Tergiversaciones)

domingo, 14 de marzo de 2010

SIN TITULO

A veces duele el pensamiento
duele como el clamor de voces perdidas
en noches de sangre y muerte,
duele como el dolor del tiempo detenido
sobre cuerpos rotos en el oscurecido fondo
de una fosa común.

A veces, el pensamiento quebrado
por agonizantes palabras
que levantan su puño de hierro
sobre el rostro de los amantes,
duele como cenagosos ríos
de miedos fundidos
con los primeros días de la primavera.

A veces callado, sombrío..., inerte,
el pensamiento con cadavéricos dedos
acaricia levemente
como una promesa olvidada
el cabello marino
de alguna ninfa de blanca piel
que al alba levanta sus brazos
para acunar entre sus acuosas manos
los frágiles
primeros rayos que al amanecer
le ragala el sol.

A veces duele el pensamiento,
duele como el mortuorio tañido
de campanas lejanas,
duele, velado quizás
por amorosas manos
en la última noche de la vida.

jueves, 11 de marzo de 2010

A ROMA SEPULTADA EN SUS RUINAS

Buscas en Roma a Roma, ¡oh peregrino!,
Y en Roma misma a Roma no la hallas:
Cadáver con las que ostentó murallas,
Y tumba de sí propio el Aventino.

Yace donde Reinaba el Palatino,
Y limadas del tiempo las medallas,
Más se muestran destrozo a las batallas
De las edades que Blasón Latino.

Sólo el Tiber quedó, cuya corriente,
Si Ciudad la regó, ya sepultura
La llora con funesto son doliente.

¡Oh Roma, en tu grandeza, en tu hermosura
Huyó lo que era firme, y solamente
Lo fugitivo permanece y dura!

Francisco de Quevedo

A LAS SILLAS DE MANOS CUANDO ACOMPAÑADAS DE MUCHOS GENTILES HOMBRES

Ya los pícaros saben en Castilla
Cuál mujer es pesada y cuál liviana,
Y los bergantes sirven de Romana
Al cuerpo que con más diamantes brilla.

Ya llegó a Tabernáculo la silla,
Y cristalina el hábito profana
De la custodia, y temo que mañana
Añadirá a las hachas campanilla.

Al trono en correones las banderas
Ceden en hacer gente, pues toda
La juventud ocupan en hileras.

Una silla es pobreza de una boda,
Pues empeñada en oro y vidrieras,
Antes la honra que el chapín se enloda.

Francisco de Quevedo