miércoles, 17 de febrero de 2016

LAS CIUDADES INVISIBLES



LAS CIUDADES Y LA MEMORIA

Partiendo de allá y andando tres jornadas hacia levante, el hombre se encuentra en Diomita, ciudad con sesenta cúpulas de plata, estatuas de bronce de todos los dioses, calles pavimentadas de estaño, un teatro de cristal, un gallo de oro que canta todas las mañanas en lo alto de una torre. Todas estas bellezas que el viajero ya las conoce por haberlas visto también en otras ciudades. Pero es propio de ésta que quien llega una noche de septiembre, cuando los días se acortan y las lámparas multicolores se encienden todas a la vez sobre las puertas de las freidurías, y desde una terraza una voz de mujer grita: ¡uh!, se pone a envidiar a los que ahora creen haber vivido ya una noche igual a ésta y haber sido aquella vez felices.
Al hombre que cabalga largamente por tierras agrestes le asalta el deseo de una ciudad. Finalmente llega a Isidora, ciudad donde los palacios tienen escaleras de caracol incrustadas de caracolas marinas, donde se fabrican con todas las reglas del arte largavistas y violines, donde cuando el forastero está indeciso entre dos mujeres siempre encuentra una tercera, donde las riñas de gallos degeneran en peleas sangrientas entre los que apuestan. En todas estas cosas pensaba el hombre cuando deseaba una ciudad. Isadora es,  pues, la ciudad de sus sueños; con una diferencia. La ciudad soñada lo contenía joven; a Isadora llega a edad avanzada. En la plaza hay un murete desde donde los viejos miran pasar a la juventud: el hombre está sentado en fila con ellos Los deseos ya son recuerdos.


LAS CIUDADES Y EL DESEO

De la ciudad de Dorotea se puede hablar de dos maneras: decir que cuatro torres de aluminio se elevan en sus murallas flanqueando siete puertas del puente levadizo de resorte que franquea el foso cuyas aguas alimentan cuatro verdes canales que atraviesan la ciudad y la dividen en nueve barrios, cada uno de trescientas casas y setecientas chimeneas; y teniendo en cuanta que las muchachas casaderas de cada barrio se casan con jóvenes de otros barrios y sus familias intercambian las mercancías de las que cada una tiene la exclusividad: bergamotas, huevas de esturión, astrolabios, amatistas, hacer cálculos a base de estos datos hasta saber todo lo que se quiera de la ciudad en el pasado el presente el futuro; o bien decir como el camellero que allí me condujo: “Llegué en la primera juventud, una mañana, mucha gente iba rápida por las calles rumbo al mercado, las mujeres tenían hermosos dientes y miraban derecho a los ojos, tres soldados tocaban el clarín en una tarima, todo alrededor giraban ruedas y ondulaban carteles de colores. Hasta entonces yo sólo había conocido el desierto y las rutas de caravanas. Aquella mañana en Dorotea sentí que no había bien que no pudiera esperar de la vida. En los años siguientes mis ojos volvieron a contemplar las extensiones del desierto y las rutas de caravanas, pero ahora sé que éste es sólo uno de los tantos caminos que se me abrían aquella mañana en Dorotea.

ITALO CALVINO

miércoles, 10 de febrero de 2016

REFRANES



Ante el menesteroso, no te muestres dichoso

Antes de ser profesor, hay que pasar por alumno

Antes de tomar casa donde morar, mira su vecindad

Amistad de boquilla, no vale una cerilla

Amar sin ser amado, es como limpiarse el culo sin haber cagado

Antes encontrarás burros con cuernos que amigo perfecto

Aunque las sillas hayan cambiado, los asnos siguen siendo los mismos

Barco sin cubierta, sepultura abierta

Barriga llena no cree en hambre ajena

Bien me quieres, bien te quiero, pero no me toques el dinero

Bendito Dios que no le ha dado alas a los alacranes

Bendita se el agua, por sana y barata

Bien sabe el asno en qué casa rebuzna

Buenos y tontos, se confunden al pronto

Buena es la justicia si no la doblara la malicia

Cuando no llueve en febrero, no hay buen prado ni buen centeno

Cuando la rana críe pelo, serán los cojos buenos

Cuando el dinero habla, todos callan

Cuando el gato esta ausente, los ratones se divierten

Cree lo que vieres y no lo que oyeres

Cuando anda la lengua, paran las manos

El abrazo amado ha de ser muy apretado

Durará o no durará, pero lo que es hacerlo, hecho está

El aceite es armero, relojero y curandero

Duro con duro no hacen buen muro

Dos modos de caminar tiene el dinero: viene despacio y se va ligero

El buen saber es callar, hasta ser tiempo de hablar

El celoso, muere bilioso

El ciego que ha tropezado, le echa la culpa al mal empedrado

El corazón no habla, más adivina aunque calla

El sordo no oye, pero compone

El rico y la sanguijuela, nunca se hartan de la sangre ajena

El sabio sabe que no sabe; el necio cree que lo todo lo sabe

El que tonto se fue a la guerra, tonto volvió de ella

Para hilar una mentira siempre hace falta madeja

Para hacer un rico, hacen falta muchos pobres

Para una vez que se bañó, hasta el culo se le vio

Pasarse de listo es como pasarse de tonto

Obra con peso y compás y contento te hallarás

O calzad como vestís, o vestid como calzáis

Ocho bocas y una morcilla, caben a rodajilla

Pajarito que no canta, o algo le sobra, o algo le falta

Palabra dicha, no tiene vuelta