domingo, 13 de mayo de 2018
sábado, 5 de mayo de 2018
A VECES
A
veces, en algunas ocasiones,
quisiéramos
vivir la vida del otro,
la
vida de aquel
que
de forma fugaz,
se
sienta a nuestro lado,
quisiéramos
aprender sus palabras,
sus
gestos,
sus
reacciones,
quisiéramos
ser él, sin más,
y
olvidarnos del yo,
de
aquel que sostiene,
nuestra
carne y nuestros huesos,
quisiéramos
olvidarnos del rumor
de
las palabras,
aquellas
que como gritos
de
gaviotas enfurecidas
saltando
al vacío
de
un mar gris y embravecido,
se
engarzan como perlas
entre
los huecos vacíos,
de
las horas perdidas
aprendiendo
los movimientos
del
mecer de las olas
entre
las piedras desgastadas
por
el tiempo,
quisiéramos
olvidar el sonido metálico
del
chirriar desgastado de los frenos
de
los transportes públicos
que
se afanan por atrapar el segundo final
de
la noche que termina,
del
bostezo de los búhos
que
ven llegar la mañana,
sin
haberse llevado
un
espumoso trozo de carne a la boca
con
el que calmar el hambre.
A
veces, sólo en algunas ocasiones,
tenemos
la oportunidad inapreciable,
de
ser nosotros,
de
ser capaces de sentir
el
paso fugaz de una lagrima
por
nuestro rostro
acariciando
nuestra piel agrietada,
sólo
en algunas ocasiones,
somos
capaces de reconocernos
entre
los reflejos opacos de espejos
en
los que manchas grasientas
hacen
mella y forman leves surcos
en
los que de forma imperceptible,
el
leve sentir del tiempo,
se
muestra como el compañero
fiel
e inexorable
al
que rendirle la pleitesía
de
aquel que nos ha acompañado
a
lo largo de nuestros días.
A
veces, queremos ser la vida de otro
y
en algunas ocasiones,
dejarnos
llevar
por
las emociones que no nos pertenecen
como
si caminásemos,
despacio,
lentos,
por
algún camino
donde
no existen ni los baches,
ni
las piedras
que
como afiladas cuchillas
encontramos
en nuestro camino.
AMADO
mayo 2018
martes, 1 de mayo de 2018
martes, 24 de abril de 2018
CIUDAD
La ciudad,
animal salvaje
de estudiados movimientos embriagadores,
pulveriza los huesos
de sus habitantes
convirtiéndolo en suave polvo
decolorado,
resquebraja la piel
reblandecida por las sombras matutinas
de oscuros jardines,
en los que la carne fláccida
de los muertos en vida
cuelga en hebras resecas
de las ramas de los árboles,
como luminiscentes bombillas
de aturdidas farolas fundidas
en incompletos anocheceres
donde los niños,
victimas propiciatorias
de su mortal mirada,
juegan entre enmohecidas cajas de cartón
antes de volver a sus lechos
donde dormirán
quizás su último sueño feliz.

La ciudad,
imperturbable
como un dios antiguo,
atrapa el aire entre sus dedos
antes de arrebatárselo a los pulmones
de sus habitantes.
Animal salvaje
de enrocada piel descolorida,
se agazapa
acurrucada
en el filo oxidado
de un banco
buscando a su siguiente victima
entre los escaparates polvorientos
de vacías tiendas impersonales
donde quejumbrosas ropas
de gasa transparente gritan
el dolor de los cuerpos desvanecidos
en probadores sin salida.

La ciudad disfrazada
de seductora hurí,
anhelante difamadora,
busca a su próxima victima
atrapa el aire entre sus dedos
antes de arrebatárselo a los pulmones
de sus habitantes.
Animal salvaje
de enrocada piel descolorida,
se agazapa
acurrucada
en el filo oxidado
de un banco
buscando a su siguiente victima
entre los escaparates polvorientos
de vacías tiendas impersonales
donde quejumbrosas ropas
de gasa transparente gritan
el dolor de los cuerpos desvanecidos
en probadores sin salida.

La ciudad disfrazada
de seductora hurí,
anhelante difamadora,
busca a su próxima victima
entre las rendijas de las alcantarillas,
aquella a la que poder seducir
y llevarla hasta el altar
donde sacrificará su vida
antes de comer sus entrañas
y beber su sangre,
con su canto inútil de sirena envejecida
hundida en la miseria de los efluvios
del alcohol barato
que camareros sin manos,
sirven en mugrientos vasos
de cristal empañado
sobre resquebrajadas barras
de filos acerados.
aquella a la que poder seducir
y llevarla hasta el altar
donde sacrificará su vida
antes de comer sus entrañas
y beber su sangre,
con su canto inútil de sirena envejecida
hundida en la miseria de los efluvios
del alcohol barato
que camareros sin manos,
sirven en mugrientos vasos
de cristal empañado
sobre resquebrajadas barras
de filos acerados.
AMADO (ABRIL 2018)
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