martes, 17 de mayo de 2011
lunes, 16 de mayo de 2011
GREGERÍAS
Como daba besos lentos duraban más sus amores.
Donde el tiempo esta más unido al polvo es en las bibliotecas.
A veces un beso no es más que chewing gun compartido.
Si vais a la felicidad llevad sombrilla.
Cuando se vierte un vaso de agua en la mesa se apaga la cólera de la conversación.
Por los ojos del caballo se asoma la noche al día.
el reloj es una bomba de tiempo, de más o menos tiempo.
Cuando una mujer te plancha la solapa con la mano ya estás perdido.
Trueno: caída de un baúl por las escaleras del cielo.
El hielo se ahoga en el agua.
La morcilla es un chorizo lúgubre.
Al caer la estrella se le corre un punto a la media de la noche.
Los ladrillos saben esperar.
Los tornillos son clavos peinados con la raya al medio.
Las alpargatas tempraneras pasan dando bofetadas al suelo.
En la manera de matar la colilla contra el cenicero se reconoce a la mujer cruel.
El arcoiris es la cinta que se pone la naturaleza después de haberse lavado la cabeza.
Tocaba las llaves que llevaba en el bolsillo para llegar más pronto a su casa.
Todos los pájaros son mancos.
En cuanto se abre la rosa comienza a dictar testamento.
Las flores que no huelen son flores mudas.
Hay matrimonios que se dan la espalda mientras duermen para que el uno no le robe al otro los sueños ideales.
Al calvo le sirve el peine para hacerse cosquillas paralelas.
El perchero está enojado porque no lo sacamos de paseo.
Después del eclipse, la luna se lava la cara para quitarse el tizne.
Hay quien se reserva para dar limosna a los pobres que haya a la puerta del cielo.
Un papel en el viento es como un pájaro herido de muerte.
El reloj no existe en la horas felices.
RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA
Donde el tiempo esta más unido al polvo es en las bibliotecas.
A veces un beso no es más que chewing gun compartido.
Cuando se vierte un vaso de agua en la mesa se apaga la cólera de la conversación.
Por los ojos del caballo se asoma la noche al día.
el reloj es una bomba de tiempo, de más o menos tiempo.
Cuando una mujer te plancha la solapa con la mano ya estás perdido.
Trueno: caída de un baúl por las escaleras del cielo.
El hielo se ahoga en el agua.
La morcilla es un chorizo lúgubre.
Al caer la estrella se le corre un punto a la media de la noche.
Los ladrillos saben esperar.
Los tornillos son clavos peinados con la raya al medio.
Las alpargatas tempraneras pasan dando bofetadas al suelo.
En la manera de matar la colilla contra el cenicero se reconoce a la mujer cruel.
El arcoiris es la cinta que se pone la naturaleza después de haberse lavado la cabeza.
Tocaba las llaves que llevaba en el bolsillo para llegar más pronto a su casa.
Todos los pájaros son mancos.
En cuanto se abre la rosa comienza a dictar testamento.
Las flores que no huelen son flores mudas.
Hay matrimonios que se dan la espalda mientras duermen para que el uno no le robe al otro los sueños ideales.
Al calvo le sirve el peine para hacerse cosquillas paralelas.
El perchero está enojado porque no lo sacamos de paseo.
Después del eclipse, la luna se lava la cara para quitarse el tizne.
Hay quien se reserva para dar limosna a los pobres que haya a la puerta del cielo.
Un papel en el viento es como un pájaro herido de muerte.
El reloj no existe en la horas felices.
RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA
TRASPIE ENTRE DOS ESTRELLAS
tienen cuerpo; cuantitativo el pelo,
baja, en pulgadas, la genial pesadumbre;
el modo, arriba;
no me busques, la muela del olvido,
parecen salir del aire, sumar suspiros mentalmente, oír
claros azotes en sus palabras!
Vanse de su piel, rascándose el sarcófago en que nacen
y suben por su muerte de hora en hora
y caen, a lo largo de su alfabeto gélido, hasta el suelo.
¡Ay de tánto!, ¡ay de tan poco!, ¡ay de ellas!
¡Ay en mi cuarto, oyéndolas con lentes!
¡Ay en mi tórax, cuándo compran trajes!
¡Ay de mi mugre blanca, en su hez mancomunada!
¡Amadas sean las orejas sánchez,
amadas las personas que se sientan,
amado, el desconocido y su señora.
el prójimo con mangas, cuello y ojos!
¡Amado sea aquel que tiene chinches,
el que lleva zapato roto bajo la lluvia,
el que vela el cadáver de un pan con dos cerillas,
el que se coge un dedo en una puerta,
el que no tiene cumpleaños,
el que perdió su sombra en un incendio,
el animal, el que parece un loro,
el que parece un hombre, el pobre rico,
el puro miserable, el pobre pobre!
¡Amado sea
el que tiene hambre o sed, pero no tiene
hambre con que saciar toda su sed,
¡Amado sea el que trabaja al día, al mes, a la hora,
el que suda de pena o de vergüenza,
aquel que va, por orden de sus manos, al cinema,
el que paga con lo que le falta,
el que duerme de espaldas,
el que ya no recuerda su niñez; amado sea
el calvo sin sombrero,
el justo sin espinas,
el ladrón sin rosas,
el que llevó reloj y ha visto a Dios,
el que tiene un honor y no fallece!
¡Amado sea el niño, que cae y aún llora
y el hombre que ha caído y ya no llora!
¡Ay de tánto! ¡Ay de tan poco! ¡Ay de ellos!
CESAR VALLEJO
jueves, 12 de mayo de 2011
HISTORIA GENERAL DE CÓRDOBA DE ANDRÉS DE MORALES
DE LA CIUDAD DE CÓRDOBA DEL PERÚ Y DE SU GOBERNADOR Y GRAN DESCUBRIDOR DON LORENZO SUÁREZ DE FIGUEROA, CABALLERO DE CÓRDOBA
Entre las provincias que propiamente se llaman Perú y Brasil, en medio del oriente y mediodía, se extienden por espacio de más de 600 leguas las provincias de Tucumán y Paraguay; a ésta llaman Río de la Plata y en aquélla son principales ciudades Santiago, San Miguel de Tucumán, la noble ciudad de Córdoba y otras, y está fundada junto al Río del Estero. De ella escriben largamente los padres de la Compañía de Jesús, a quien se debe la gran conversión de estos indios porque, con ser bien dificultosos el enseñarlos por haber casi a media legua diversas lenguas, estos santísimos padres las han aprendido y venciendo millones de trabajos han reducido aquella provincia yerma e inculta en un deleitoso paraíso del cielo. Corrieron esta tierra el padre Francisco de Angulo, caballero principal de esta ciudad y religioso apostólico de la Compañía, comisario del Santo Oficio en toda ella, y el padre Barzana, otro santísimo varón y de grandes milagros en la conversión de la gentilidad, de cuyas cartas se colige lo siguiente:
“En una de 97 los pueblos de la provincia de Tucumán son los siguientes, el primero Córdoba, es lugar rico y mantenido tiene más de 300 españoles y comarca de 10.000 indios de varias lenguas; son casi todos bautizados, ningún lugar hay más establecido ni de mayores fuerzas de Tucumán”.
En otra dice:
“Era gente que no tenía ídolos, creían que el alma era inmortal, pero no sabían dónde había de ir, sin noticia del cielo e infierno que enseña nuestra fe y menos de purgatorio. Cada pueblo tenía un cacique por sucesión, son valientes y de muy buen entendimiento, casábanse tarde porque decían que el darse a gustos de carne enflaquece mucho los cuerpos y hace hombres para poco. Tienen gran copia de maíz y mayor de pescado en los ríos, y miel por los campos, caza de todo género en abundancia. Córdoba tiene un espacio de seis leguas, cinco o seis ríos hermosísimos. Son sus gustos bailar y cantar y las muertes de los suyos las celebran con cantos suaves. Como se refiere a otras antiguas naciones del número de los convertidos por los padres de esta sagrada religión es notable, pasa de 30.000, pero éste (es) pequeño en comparación del que han reducido a lengua del Evangelio en las Indias Orientales y Occidentales”.
Añade luego estas palabras formales:
“Éste es el estado que están las cosas desde el descubrimiento y las de toda esta gobernación de Córdoba y su tierra.
Grande falta les ha de hacer la cabeza que Dios les ha quitado con la muerte del gobernador don Lorenzo de Figueroa, que este año llevó Dios para sí, a lo que se puede esperar de su divina bondad para darle el premio de los muchos trabajos que padeció en la ayuda que dio en la conversión de los indios. Pierde mucho toda esta nueva cristiandad y en especial la Compañía, porque después que los padres de ella entraran en aquellas provincias, que ha más de 10 años, les proveía con grande liberalidad y amor de lo que era necesario con un ánimo muy de padre y amigo; el cual se le había pegado de haberse criado en nuestras escuelas, en un colegio de Córdoba de España. Llevóle Nuestro Señor en los mejor de este descubrimiento para el cual había gastado cerca de 40.000 ducados con grande deseo de descubrir tierras donde fuese conocido Dios Nuestro Señor y, por llevar adelante estos buenos intentos, proveyéndole el rey nuestro señor en pago de sus trabajos en plaza de más descanso y no quiso quedarse en ésta por servir más a Dios.”
Grande falta les ha de hacer la cabeza que Dios les ha quitado con la muerte del gobernador don Lorenzo de Figueroa, que este año llevó Dios para sí, a lo que se puede esperar de su divina bondad para darle el premio de los muchos trabajos que padeció en la ayuda que dio en la conversión de los indios. Pierde mucho toda esta nueva cristiandad y en especial la Compañía, porque después que los padres de ella entraran en aquellas provincias, que ha más de 10 años, les proveía con grande liberalidad y amor de lo que era necesario con un ánimo muy de padre y amigo; el cual se le había pegado de haberse criado en nuestras escuelas, en un colegio de Córdoba de España. Llevóle Nuestro Señor en los mejor de este descubrimiento para el cual había gastado cerca de 40.000 ducados con grande deseo de descubrir tierras donde fuese conocido Dios Nuestro Señor y, por llevar adelante estos buenos intentos, proveyéndole el rey nuestro señor en pago de sus trabajos en plaza de más descanso y no quiso quedarse en ésta por servir más a Dios.”
Esto es lo que se dice por personas de toda verdad de Córdoba, descubridor tantos años y gobernador de estas provincias de Córdoba de Indias y de otras mayores que allí llaman de Mojares y Hobescos y Hobascamos; que para descubrirlos y ganarlos fue necesario 1.000 leguas. El año 1602 escribieron que la gente de Córdoba tenía grande frecuencia de sacramentos, en particular gente principal había sido los indios y, después que enviaron los padres de la Compañía en aquella tierra, se han reformado tanto en este oficio que es consuelo ver a los indios reprehender a los soldados españoles si se les desvergüenza en palabras. Un caso pasó bien público de grande edificación.
Una india hermosa, bien perseguida de un soldado, siempre constantísima en no ofender a Dios, que una vez acometida por fuerza, ya aunque le rompieron los vestidos y la pusieron un puñal a los pechos, no fue posible ablandarse, antes les dijo que la matasen porque no había de ofender a su Dios. Salió con sus intentos porque llorando a voces y bien golpeada le dio Dios lugar por donde huyese de las uñas de aquel león español.
No es caso pequeño confusión de los cristianos antiguos.
ADELINA CANO FERNÁNDEZ Y VICENTE MILLÁN TORRES
Edita: Ayto, de Córdoba, Área de Servicios Culturales y Turismo
Edición cofinanciada por:
La Excma. Diputación de Córdoba, Delegación de Cultura
miércoles, 11 de mayo de 2011
BARCAROLA
Si solamente me tocaras el corazón,
si solamente pusieras tu boca en mi corazón,
ti fina boca, tus dientes,
si pusieras tu lengua como una flecha roja
allí donde mi corazón polvoriento golpea,
si soplaras en mi corazón, cerca del mar, llorando,
sonaría como un ruido oscuro; con sonido de ruedas de tren con sueño,
como aguas vacilantes,
como el otoño en hojas,
como sangre,
con un ruido de llamas húmedas quemando el cielo,
sonando como sueños o ramas o lluvias,
o bocinas de puerto triste;
si tú soplaras en mi corazón, cerca del mar,
como un fantasma blanco,
al borde de la espuma,
en mitad del viento,
como un fantasma desencadenado, a la orilla del mar, llorando.
Como ausencia extendida, como campana súbita,
el mar reparte el sonido del corazón,
lloviendo, atardeciendo, en una costa sola,
la noche cae sin duda,
y su lúgubre azul de estandarte en naufragio
se puebla de planetas de plata enronquecida.
Y suena el corazón como un caracol agrio,
llama, oh mar, oh lamento, oh derretido espanto
esparcido en desgracias y olas desvencijadas:
de lo sonoro el mar acusa
su sombras recostadas, sus amapolas verdes.
Si existieras de pronto, en una costa lúgubre,
rodeada por el día muerto,
frente a una nuevo noche,
llena de olas,
y soplaras en mi corazón de miedo frío,
soplaras en su movimiento de paloma con llamas,
sonaría sus negras sílabas de sangre,
crecerían su incesantes aguas rojas,
y sonaría, sonaría a sombras,
sonaría como la muerte,
llamaría como un tubo lleno de viento o llanto
o una botella echando espanto a borbotones.
Así es, y los relámpagos cubrirían tus trenzas
y la lluvia entraría por tus ojos abiertos
a preparar el llanto que sordamente encierras,
y las alas negras del mar girarían en torno
de ti, con grandes garras y graznidos, y vuelos.
¿Quieres ser fantasma, que sople, solitario,
cerca del mar su estéril, triste instrumento?
Si solamente llamaras,
su prolongado són, su maléfico pito,
su orden de olas heridas,
alguien vendría acaso,
alguien vendría,
desde las cimas de las islas, desde el fondo rojo
del mar,
alguien vendría, alguien vendría.
Alguien vendría, sopla con furia,
que suene como sirena de barco roto,
como lamento,
como un relincho en medio de la espuma y la sangre,
como un agua feroz mordiéndose y sonando.
En la estación marina
su caracol de sombra circula como un grito,
los pájaros del mar lo desestiman y huyen,
sus listas de sonido, sus lúgubres barrotes
se levantan a orillas del océano solo.
PABLO NERUDA
miércoles, 4 de mayo de 2011
DE "EL LIBRO DEL SUICIDIO"
Calma. Basta de palabras duras.
Ya no queda mucho de mí.
No llores por mí. Aquí ya no hay fuego que apagar.
No me mires.
Soy una ruina, en cualquier instante me derrumbaré.
No quiero que me veas derrumbarme.
Ya no me queda sensación alguna de mi yo,
de mi peso
Pierdo pie, floto en el aire.
Aquí la fuerza de gravedad de la tierra
y la del cielo se anulan mutuamente,
Ya no me queda sensación alguna de lo que soy
yo y de lo que no soy yo.
Miro a mi alrededor: ¿soy yo eso? ¿O soy aquello?
No llores por mí,
Aquí no hay fuego que apagar
Me estoy repitiendo, pero esto que escribo ahora
Lentamente es todo lo que tengo.
¿Acaso es culpa mía?
Sólo soy una piedra que alguien ha tirado,
Un trozo de madera que alguien ha tallado.
Yo me disculpo.
La culpa es de nadie, o es mía
y no de nadie.
Escribo esto lentamente, reflexionando:
Es todo lo que tengo pero no es un gran consuelo,
Pero y a mí qué me importa eso, yo te amo
Tú eres mi hermoso espejismo
Recuerdo del tiempo en que tú
eras mi hermoso espejismo.
Tú eres hermosa
Quise volar contigo, tal y como vuelan todos, sí,
Como uno huye volando
Pero los dos estábamos enfermos
y pronto se habrá acabado todo.
Entonces, ¿a qué viene todo esto?
Te quiero, pronto me derrumbaré
¿Puedo acaso evitarlo? Me estoy haciendo invisible.
Te hago señas con la mano,
tú sólo ves mi mano
La puerta se abre, es de noche, tarde,
La luz se apaga, he regalado todo lo que tenía,
No me he guardado nada con que vivir,
por eso me voy haciendo cada vez más invisible.
Pero no moriré,
Algo queda: una puerta.
Qué otra cosa puedo hacer sino salir
de una habitación de mí mismo,
No muero, simplemente desaparezco
Quizás, angustia mía, me despierte un día
lleno de sabiduría y duda
entonces volveré y te buscaré.
GUNNAR EKELÖF
Ya no queda mucho de mí.
No llores por mí. Aquí ya no hay fuego que apagar.
No me mires.
Soy una ruina, en cualquier instante me derrumbaré.
No quiero que me veas derrumbarme.
Ya no me queda sensación alguna de mi yo,
de mi peso
Pierdo pie, floto en el aire.
Aquí la fuerza de gravedad de la tierra
y la del cielo se anulan mutuamente,
Ya no me queda sensación alguna de lo que soy
yo y de lo que no soy yo.
Miro a mi alrededor: ¿soy yo eso? ¿O soy aquello?
No llores por mí,
Aquí no hay fuego que apagar
Me estoy repitiendo, pero esto que escribo ahora
Lentamente es todo lo que tengo.
¿Acaso es culpa mía?
Sólo soy una piedra que alguien ha tirado,
Un trozo de madera que alguien ha tallado.
Yo me disculpo.
La culpa es de nadie, o es mía
y no de nadie.
Escribo esto lentamente, reflexionando:
Es todo lo que tengo pero no es un gran consuelo,
Pero y a mí qué me importa eso, yo te amo
Tú eres mi hermoso espejismo
Recuerdo del tiempo en que tú
eras mi hermoso espejismo.
Tú eres hermosa
Quise volar contigo, tal y como vuelan todos, sí,
Como uno huye volando
Pero los dos estábamos enfermos
y pronto se habrá acabado todo.
Entonces, ¿a qué viene todo esto?
Te quiero, pronto me derrumbaré
¿Puedo acaso evitarlo? Me estoy haciendo invisible.
Te hago señas con la mano,
tú sólo ves mi mano
La puerta se abre, es de noche, tarde,
La luz se apaga, he regalado todo lo que tenía,
No me he guardado nada con que vivir,
por eso me voy haciendo cada vez más invisible.
Pero no moriré,
Algo queda: una puerta.
Qué otra cosa puedo hacer sino salir
de una habitación de mí mismo,
No muero, simplemente desaparezco
Quizás, angustia mía, me despierte un día
lleno de sabiduría y duda
entonces volveré y te buscaré.
GUNNAR EKELÖF
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