jueves, 20 de mayo de 2010

HISTORIAS DE CÓRDOBA (LA INQUISICIÓN EN EL SEISCIENTOS) (EL FINAL DE LA INQUISICIÓN)

La Inquisición fue una institución muy enraizada en la sociedad en general y en la de Córdoba en particular. Nada de lo que tuviera que ver con los pensamientos y sentimientos de las personas escapaba a su vigilante pesquisa ni se libraba de sus enjuiciamientos y, en su caso, condenas.
Desde la perspectiva religiosa, la Inquisición se preocupó por la pureza de la fe católica, siendo competencias especiales suyas la lucha contra la herejía, la bigamia, la blasfemia, la usura, la sodomía, la brujería y la inmoralidad del clero. Desde el ángulo político impidió que los ideales y prácticas católicas se resquebrajasen dotando el cuerpo social de una inconsútil unidad doctrinal. Y desde una dimensión sociológica, las clases dominantes económicamente contaron con una poderosa arma eclesiástica que apuntalaba, con su defensa de valores transcendentales, una inmanente sociedad jerarquizada en estamentos sociales.
El Tribunal de la Inquisición de Córdoba fue muy celoso de su jurisdicción cuando ésta era cuestionada por el obispo o el cabildo eclesiástico, Así, en 1609, el Santo Oficio prendió al provisor del obispado, el licenciado Pedro Fernández Mansilla, por estimar que se había extralimitado en sus competencias al castigar a un clérigo de Puente de Don Gonzalo, que era también comisario de la Inquisición. No obstante la fulgurante excomunión del obispo fray Diego de Mardones, el tribunal no se arredró y el provisor continuó en la cárcel inquisitorial.
En 1643 volvió a estallar otro conflicto jurisdiccional, pero en este caso por motivos de precedencia y cortesía. El obispo Pimentel no toleraba que los predicadores de la Catedral se dirigieran al Tribunal de la Inquisición con el tratamiento de "Señor", porque entendía que éste sólo le correspondía al Rey. Lo que aparentemente parecía una causa nimia resultó ser un escándalo de dimensiones nacionales, puesto que las iglesias locales no estaban dispuestas a consentir la prepotencia inquisitorial. Naturalmente, estos conflictos jurisdiccionales traspasaban la ya lamentable significación del enfrentamiento entre las dos instituciones eclesiásticas para convertirse -y esto era lo grave- en motivo de zozobra, inquietud e, incluso, bandería entre los fieles.
En aquel "siglo de hierro" se cometieron más delitos contra las buenas costumbres -blasfemia, bigamia y brujería- que contra la ortodoxia de la fe: luteranismo, islamismo y judaismo. Todos eran cuidadosamente examinados por el Santo Oficio, pero sólo algunos de ellos eran objeto de autos de fe, en los que resaltaba la solemnidad de los desfiles procesionales y la lectura pública de las sentencias, que se pronunciaban normalmente en el convento de San Pablo, pero a veces también en San Basilio y en la plaza de la Corredera. En la Córdoba del Seiscientos, los condenados, encartados y penitenciados pasaron del medio millar. De éstos fueron condenados a la horca y a la hoguera unos 25 por lo menos. El tribunal civil era el responsable de ejecutar siempre la pena capital.

J.M.B.A.

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El giro fundamental que la Revolución Francesa produce en la marcha de la historia afecta de forma decisiva a España a partir de la invasión y guerra de 1808. La defensa de las libertades y derechos del hombre y del ciudadano que están en el trasfondo dan vida a ese movimiento revolucionario y atacan en sus raíces a la esencia misma de la Inquisición. Entre las primeras disposiciones de Napoleón está la de suprimir los tribunales del Santo Oficio por considerar que es atentatorio a la soberanía y a la autoridad civil. En Córdoba actuaron como liquidadores nombrados por el comisario regio, José Marchena, secretario provincial, José Garrido, arcediano de la Catedral, y José María de Arjona, canónigo penitenciario. El 20 de febrero de 1810 comunicaba Arjona que había "entregado a las llamas todas las causas criminales y sólo he reservado algunas otras que podran conducir para elaborar la historia literaria y de ellas he mandado formar un índice particular. He reservado las pruebas de limpieza porque tal vez contienen documentos útiles para algunas familias".
Tras el decreto de 4 de diciembre de 1809 la Inquisición deja de existir. Pero serán las Cortes de Cádiz las encargadas de resolver definitivamente el tema de la abolición o no del Santo Tribunal. Decisión ésta que dio lugar a largas discusiones. Para los liberales la Inquisición era la causa de la decadencia y descrédito de España, y para los conservadores era la guardesa de las esencias patrias. El decreto de 22 de febrero de 1813 suponía la victoria final de los liberales que lograban con él su abolición.
Córdoba se opuso al decreto de abolición. En la sesión capitular del 22 de enero de 1813 Rafael Vázquez propuso que sería muy conveniente que el Ayuntamiento se presentase al congreso nacional pidiendo el restablecimiento del Santo Tribunal de la Fe. Y por mayoría la ciudad de Córdoba envió su petición a las Cortes para que se restableciera la Inquisición.
Las cosas cambiarán sustancialmente con la llegada a España de Fernando VII. Por un decreto de 21 de julio de 1814 se decidió que funcionaran la Inquisición y demás tribunales del Santo Oficio, pero tras el levantamiento de Riego, Fernando VII decretó una vez más su abolición el 9 de marzo de 1820.
El cambio de ritmo en la historia española, tras la intervención de las tropas francesas en 1823 y el comienzo de la "década ominosa", conlleva la revocación de todos los decretos aprobados por el rey durante el trienio. Sin embargo, no hubo definición expresa de ningún tipo de impulso para un tribunal que llevará una vida lánguida hasta su total desaparición.
El 26 de junio de 1823 el cabildo del Ayuntamiento se une al del Ayuntamiento de Burgos solicitando al rey la rápida reposición del Tribunal de la Inquisición, editándose un folleto el 22 de febrero de 1824 que se tituló: "Representación que ha dirigido a S.M., el Ayuntamiento de la Ciudad de Córdoba, sobre el restablecimiento de la Inquisición". El texto es una defensa a ultranza de la Inquisición desde unas posiciones ultrarreaccionarias.
El punto final, puramente formal, sería el decreto de 15 de julio de 1834, promulgado por la reina Cristina en nombre de la reina Isabel II.

L.P.B.


Fuente: La Caja obra cultural (Caja Provincial de Ahorros de Córdoba)

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domingo, 16 de mayo de 2010

MONSTRUOS

No tengo por costumbre expresar mis pensamientos en el blog, pero, hay veces en las que uno percibe a su alrededor ciertas cosas extrañas que le llaman la atención, especialmente en lo que damos por llamar relaciones humanas.
Noto como poco a poco las relaciones entre las personas se van deteriorando, como día a día la tensión se asienta entre todos nosotros, no se si es por nuestro estilo de vida o por que causa los seres humanos vamos cayendo en una especie de vacío en el que intentamos escapar y evadirnos de todo aquello que nos rodea para finalmente no llegar a ningún lugar. ¿Qué nos esta fallando? Se supone que hoy en día prácticamente tenemos acceso a todo aquello que podría hacernos felices llamense bienes materiales, llamense bienes culturales o quizás espirituales y sin embargo somos más infelices que cuando teníamos menos, al menos antes cuando mirabas a los ojos de la gente podías ver un destello, hoy cada día que pasa notas como lo oscuro, lo ambiguo y lo carente de sentido a llenado vidas enteras.
Y me pregunto ¿Cuántas pieles de todas aquellas que nos cubren hemos de desechar para poder descubrir de nuevo nuestra piel primigenia y de esta forma volver a sentirnos personas? ¿Cuántas vidas hemos de vivir para poder vivir la nuestra propia? La lucha resulta agotadora y estéril desde el momento en el que sientes como cada mañana, tarde o noche es un muro que tienes que saltar para poder seguir viviendo o sobreviviendo.
Hay un texto de Erasmo de Rotterdam en su libro de "Elogio de la Locura" que no si servirá para poder entender un poco lo que quiero expresar, pero bueno a mí particularmente me sirve:

"Para no seguir detalle por detalle, ya veis cuánto placer produce por todas partes a los mortales, sea individualmente o en su conjunto, el Amor Propio, y casi igual que él su hermana: la Adulación. El Amor Propio, en efecto, no es otra cosa que el hecho de que alguien se lisonjee a sí mismo. Si esa misma lisonja va dirigida a otro, se tratará de Adulación. En nuestros días la adulación es tenida como algo infame; pero sucede así entre las gentes que se impresionan más por los nombres de las cosas que por las cosas mismas. Estiman que con la adulación cuadra mal la fidelidad; pero muy otra sería su opinión si se les pudiese ilustrar con ejemplos de animales irracionales. ¿Qué hay, en efecto, más adulador que un perro? No obstante eso, ¿quién más fiel? ¿Y quién más zalamero que la ardilla? ¿Hay, sin embargo, algo más amigo del hombre que ella? No; a no ser que hayamos de considerar a los fieros leones, a los crueles tigres, a los furibundos leopardos como más acordes con el modo de vida de los humanos.
De todos modos, hay cierta clase de adulación del todo perniciosa, mediante la cual algunos maliciosos y burlones llevan a los incautos hasta su perdición. En cambio, mi estilo de adulación proviene de la benignidad de ánimo y de cierta candidez, y está mucho más próximo a la virtud que aquella aspereza que es su oponente, la cual resulta hosca, ruda e insoportable, según dice Horacio. Es ella la Adulación, quien levanta los ánimos más decaídos, alienta a los tristes, estimula a los abatidos, despabila a los lerdos, repone a los enfermizos, ablanda a los iracundos, concilia afectos y luego los mantiene. Ella anima a los niños a emprender el estudio de las letras, alegra a los ancianos, da advertencias y enseñanzas a los príncipes bajo la apariencia de una alabanza, sin que se sientan ofendidos. Ella hace, en suma, que cada uno resulte a sus propios ojos más satisfactorio y apreciable, lo cual supone ya una parte muy sustancial de la felicidad. ¿Qué hay, por otra parte, más complaciente que la acción de dos mulos cuando se rascan uno a otro? Eso sin decir, además, que ella, la adulación, tiene gran importancia en las alabanzas de la elocuencia, mayor importancia aún en las de la medicina y la máxima en las de poesía: ella es, en fin, la miel y el condimento de toda relación humana."

jueves, 13 de mayo de 2010

DIFERENTES AUNQUE IGUALES

HISTORIAS DE CÓRDOBA ACTUALIDAD 8


Pese a la distancia que existe entre las distintas confesiones religiosas, evangelistas, musulmanes y católicos coinciden en sentirse “maltratados” por la intolerancia ante la diversidad de creencias y exigen un cambio

Laura Pérez

l.perez@lacalledecordoba.com



La expulsión de una alumna de un instituto de Pozuelo de Alarcón por llevar el hiyab en clase ha vuelto a abrir el debate sobre los problemas que tienen los fieles de confesiones religiosas minoritarias para ejercer su derecho a la libertad religiosa y por tanto, sobre la necesidad de adaptar la Ley de Libertad Religiosa de 1992 a la nueva realidad confesional.

Aunque no es la primera vez que hechos como estos saltan a la luz, en esta ocasión al Gobierno le ha venido como anillo al dedo para retomar su promesa de dicha modificación pues, con el aumento de las confesiones religiosas minoritarias como el Islam o la Iglesia Evangélica el rechazo en torno a la diversidad religiosa también lo ha hecho.

Algunos de los representantes de estas confesiones minoritarias en Córdoba ven en la reforma de la ley una posibilidad de cambio pues muchos de ellos de hecho, aseguran haber vivido en su piel la discriminación, los perjuicios y la intolerancia de la sociedad.

El pastor de la Comunidad de Amor Cristiano, Esteban Muñoz, perteneciente a la Iglesia Evangélica, da una percepción muy clara sobre cómo se siente quien pertenece a una confesión minoritaria en Córdoba. “Parece que lo que no es Iglesia Católica es secta, esa es la principal mentira que se dice sobre nosotros. La ignorancia hace que nos tengamos que defender diciendo lo que no somos”.

Para los evangélicos la libertad religiosa que ha visto limitada la chica de Pozuelo de Alarcón no es lejana pues, aunque la convivencia ha avanzado, aún no existe en pleno derecho. Ellos, tienen problemas a diario para celebrar su culto, encontrar espacios en los que construir sus instalaciones o incluso hacer actos públicos. Algo no muy lejano a lo que se encuentra la comunidad musulmana. “Hemos estado hasta dos años sin poder cantar o poner música en nuestras celebraciones, y para poder celebrar un acto público el Ayuntamiento nos obliga a pagar fianzas de hasta seis mil euros. Éstas son manifestaciones de nuestra religión y en ocasiones no se respetan ni facilitan”, asegura el pastor.

Sin embargo, para la comunidad evangélica, la mayor diferencia con respecto a la Iglesia Católica se ha desarrollado en el Hospital Universitario Reina Sofía. Pese a que la gerencia del centro hospitalario y la propia Consejería de Salud estuvieron de acuerdo en acreditar a sus voluntarios para que pudieran visitar a los enfermos, según asegura el pastor Esteban Muñoz, desde hace unas semanas vuelven a estar vetados y mientras “la Iglesia Católica incluso tiene una capilla dentro de las instalaciones”, asegura.

¿Qué hay de la libre expresión?

Aunque para la mayor parte de la comunidad musulmana que vive en Córdoba, formada por casi tres mil fieles, y de evangélicos la polémica nacional del uso del velo en lugares públicos o de cualquier otra manifestación religiosa es irrelevante, sí que defienden el hecho de que la libertad de expresión es otro de los grandes escollos que aún no se han superado.

El pastor de la Comunidad de Amor Cristiano insiste en que cuestiones como éstas continúan siendo sensibles hoy en día y sobre todo, es cuestión de perjuicios el que levante espinas o no. “Nos cuesta ver a una mujer con velo pero no a monjas con hábitos. El velo no perjudica a nadie y aunque hay unas normas que, como en el caso de un instituto hay que cumplir, también hay que entender que es un símbolo cultural y que es necesario regular las manifestaciones de forma concreta en la vida pública”, explica.

F, es una chica musulmana procedente de Marruecos que vive en Córdoba y que ha preferido mantener su anonimato por respeto al familiar que la ha ayudado a estar aquí. F. no usa velo y sencillamente, para ella, tan válida es la opción de quien decide llevarlo como no llevarlo. “Mientras sea la mujer quien decida libremente, que suele ser lo habitual, no le veo inconveniente alguno. Hay quien lo lleva y hay quien no y podría ser similar a que los cristianos no coman carne determinados viernes del año”, explica.

La injustificación que chicas como F. le ven a la polémica en torno a lo que puede suponer que ellas usen o no el velo se hace aún más evidente cuando es ella misma quien defiende el que no se retiren los símbolos religiosos, católicos o no, de los espacios públicos y aún menos, que se limiten las manifestaciones públicas. “Disfruto de la Semana Santa, de ver las obras de arte en las iglesias y en absoluto me molesta ver una cruz. No veo razón alguna a que se retiren de ningún sitio”, insiste. Ahora bien, añade, “es importante que se respete la libertad de cada uno”.


Con el laicismo en contra

Para un sector de los católicos, según asegura el presidente de la Asociación Presencia Cristiana, Miguel Ángel Parra, la realidad confesional de este momento tampoco les es favorable. De hecho, asegura, “hay quien se siente maltratado porque quien quiere implantar el laicismo tiene una lucha abierta contra el catolicismo. Se nos está marginando y la Administración nos está vetando el acceso y el diálogo en muchos temas”. En este punto, Miguel Ángel hace referencia al “acoso” que están sufriendo determinados círculos por la retirada de símbolos religiosos de lugares públicos, como las escuelas, cuando desde su punto de vista, ni ésta ni cualquier otra manifestación, como puede ser el velo, perjudica en absoluto a nadie.

Por otro lado, cuestiones como la falta de espacios de culto que tienen los fieles de las confesiones minoritarias o las limitaciones para expresarse abiertamente con respecto a la Iglesia Católica, Miguel Ángel considera urgente que se aborden. Si bien, cuando se trata de hablar del rezo compartido en La Mezquita, un lugar que aún perteneciendo a la Iglesia Católica, es reclamado por un sector de la comunidad musulmana por el poder que les da la historia, Miguel Ángel pide respeto. “Esto no tiene nada que ver con la libertad religiosa. Existe una reglamentación e igual que yo no entraría en una mezquita a rezar queremos respeto para que no lo hagan ellos”.

Todos piden un cambio en la ley

En lo que si es verdad que están de acuerdo tanto musulmanes, como evangélicos y católicos es en que la reforma de la ley de libertad religiosa es necesaria. Aunque eso sí, cada uno con sus puntos y sus comas. El pastor evangélico de la Comunidad de Amor Cristiano, Esteban Muñoz, es de los que consideran urgente la reforma pues no en vano, ya el mero hecho de que la Iglesia Católica se relacione con el Estado a través de un tratado internacional con el Vaticano y ellos con una ley orgánica es un símbolo de diferenciación. Ahora bien, Esteban asegura que la comunidad evangélica está expectante ante el cambio legislativo pues, insisten en que no les gustaría que fuera por determinados colores que ha tomado la Ley de Cultos de Cataluña. “Hasta ahora la libertad que hemos tenido las confesiones religiosas minoritarias ha estado en función del ayuntamiento de turno, debe regularse porque cada vez somos más pero, no hay duda de que si la reforma es muy rígida nos creará aún más perjuicios. ”, asegura.

El presidente de la Asociación Presencia Cristiana tampoco ve mala idea el hecho de reformar la norma y que el resto de confesiones sigan adquiriendo libertades. Si bien, también asegura estar pendiente del tono que está tomando el debate en la calle pues en su opinión, la nueva normativa no debe tener incompatibilidades con los acuerdos entre la Iglesia y el Estado. “Lo lógico es que las nuevas confesiones se integren de forma equilibrada. Esperamos que no nos limiten nuestras actuaciones en la sociedad y que sí que se impulsen las del resto”, explica. La reforma asegura, debe venir desde un sentido laico positivo, “valorando lo que a cada persona le aporta el papel de la religión de manera individual y no acabando con cualquier manifestación religiosa”.

Todos ellos defienden una igualdad de las distintas confesiones religiosas desde el respeto para favorecer la convivencia y evitar los problemas entre ellos. Si bien, el Gobierno tendrá que hilar fino porque es evidente que, mientras los que menos derechos tienen piden más, la que siempre ha estado al frente, la Iglesia Católica, pide no perder su lugar y ésto, como aseguran las fuentes, sí que podría generar desencuentros en la convivencia religiosa.


PUNTO DE ATENCIÓN


Medidas contra el rechazo a la diversidad religiosa


Entre los días tres y cuatro de mayo un grupo de 150 expertos a nivel internacional se dieron cita en Córdoba en una reunión de alto nivel para tratar el tema de la libertad religiosa en las sociedades democráticas como uno de los puntos previos a la reforma de la Ley de Libertad Religiosa y uno de los compromisos de la Alianza de Civilizaciones en el marco de la presidencia española de la UE. Aunque entre las intenciones se encuentra la de hacer compatibles las libertades de las distintas confesiones, el propio secretario de Estado para la UE, Diego López, ya se ha manifestado en contra de regular de forma específica el uso del velo en la Unión Europea.

En lo que sí se han mostrado favorables es en el hecho de que las distintas administraciones y reformas legales deben incluir acciones encaminadas a profundizar lo que las distintas confesiones religiosas tienen en común y en tener un mayor conocimiento de la realidad. Es decir, y tal y como también defienden los fieles de las distintas confesiones con presencia en Córdoba, apostar por la información para contrarrestar la desconfianza que en muchos ciudadanos genera la diversidad religiosa.



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Pablo Neruda (ODA AL TIEMPO)

Dentro de ti tu edad
creciendo
dentro de mí mi edad
andando.
El tiempo es decidido,
no suena su campana,
se acrecienta, camina,
por dentro de nosotros,
aparece
como un agua profunda
en la mirada
y junto a las castañas
quemadas de tus ojos
una brizna, la huella
de un minúsculo río,
una estrellita seca
ascendiendo a tu boca.
Sube el tiempo
sus hilos
a tu pelo,
pero en mi corazón
como una madreselva
es tu fragancia,
viviente como el fuego.
Es bello
como lo que vivimos
envejecer viviendo.
Cada día
fue piedra transparente,
cada noche
para nosotros fue una rosa negra,
y este surco en tu rostro o en el mío
son piedra o flor,
recuerdo de un relámpago.
Mis ojos se han gastado en tu hermosura,
pero tú eres mis ojos.
Yo fatigué tal verz vajos mis besos
tu pecho duplicado,
pero todos han visto en mi alegría
tu resplandor secreto.
Amor, qué importa
que el tiempo
el mismo que elevó como dos llamas
o espigas paralelas
mi cuerpo y tu dulzura,
mañana los mantenga
o los desgrane
y con sus mismos dedos invisibles
borre la identidad que nos separa
dándonos la victoria
de un solo ser final bajo la tierra.