jueves, 21 de mayo de 2009

Ahondaré con mis manos
Hasta el fondo de tus huesos de cristal,
Mientras rompo tu carne
De mil años de vida
En busca de un rastro de luz.
Escribiré tu nombre
Con letras de molde en los muros
De las calles perdidas,
De las plazas olvidadas
Y anidaré en tu cerebro
Con los restos rotos de alguna caída
Al vacío permanente de la muerte
Con la que escribo cada uno de mis días
Y pensaré despacio,
Apenas sin prisa
En la historia olvidada
De algún candado oxidado
En la puerta de una casa

Herrumbrosa,
A punto de caer entre los desperdicios
De las palabras que a cada momento
Guardo en mis bolsillos rotos
Por el paso del tiempo.
Y dejaré de ser un rumor,
De ser un pérfido aliento,
De ser un vil canalla,
Al tiempo que suspiras levemente
Entre los brazos marmóreos
De algún sindicalista venido a menos,
De alguna vieja gloria fascista
Empeñada en retomar la historia olvidada,
Empeñada en llenar de nuevo las avenidas de sangre.

Ahondaré con un sutil suspiro de mis labios
El final de tu camino,
Y callaré mientras duermo,
La última palabra
Que tengo envuelta para ti en blancos lienzos de algodón
Traídos desde algún rincón
Del abandonado mundo interior de tus días
Y te escribiré un hermoso epitafio
Cuando mueras,
Cuando caigas,
Cuando tu espalda se rompa
Bajo el peso inexorable de los años
Que han de venir
Acompañado por el llanto inconsolable
De un recién nacido.


Sin Título VIII

miércoles, 6 de mayo de 2009

Cuando los viejos cocodrilos lloran de amor
y abren desmesuradamente sus fauces.
Cuando los dioses de Asia son reentronizados en sus derechos
y los ritos se propagan como epidemias.
Cuando ya no se les puede negar a las mujeres
el ser curas, soldados y verdugos.
Cuando las leyes proclaman el incuestionable derecho de la juventud
de autoaniquilarse.
Cuando unos cuantos hipnotizadores dominan
a las masas dormidas.
Cuando la psicología se ha convertido en un arte de amaestrar
que proporciona tanta felicidad como dinero.
Cuando la revolución recibe asistencia médica en los manicomios
y se aplaca con inyecciones.
Cuando las máquinas aspiradoras hacen desaparecer los pájaros.
Cuando el último caballo se convierte
en el huésped de honor del cóctel rodeado por un enjambre de admiradoras.
Cuando los señores y las señoras orinan en las botellas de champán
(las señoras con ayuda de un embudo).
Cuando un inesperado pensamiento hace que la colmena comience a arder.
Cuando la cera derretida cae en los ojos de la reina de la belleza.


Entonces,
entre deseos que sirven a la muerte sin saberlo,
pasean mis miradas hacia el horizonte.
Entonces, entre máquinas que sirven a la muerte
imitando la vida,
siento deseos de marcharme lejos, muy lejos.
Hacia hombres que viven pensativos en grandes árboles.
Hacia manos que vuelan por su cuenta
en su desesperación por hacer algo.
Hacia un niño prodigio que nace por la boca de una jirafa.
Sí, lejos, muy lejos,
donde una máquina de coser enamorada vuele
en torno a una novia menor de edad,
donde un dragón mueva una fragua golpeando
con su cola,
donde las armas estén congeladas en bloque de hielo
y los huevos crezcan como uvas en las grietas de los acantilados.


Artur Lundkvist (TEXTO EN LA NIEVE - 1964)

MIS FOTOS

jueves, 30 de abril de 2009

EL REFRANERO DE LOS ANDALUCES

LOS ESPÁRRAGOS DE ABRIL, PARA MÍ, LOS DE MAYO PARA MI CABALLO.


EN MARZO, SACA LA CABEZA EL LAGARTO.

EN FEBRERO, BUSCA LA SOMBRA EL PERRO.

NINGÚN PERRO, LAMIENDO, ENGORDA.


AL QUE DIOS NO LE DA HIJOS, EL DIABLO LE DA SOBRINOS.


AL MEJOR CAZADOR SE LE ESCAPA UNA LIEBRE.


HAMBRE QUE ESPERA HARTURA, NO ES HAMBRE NINGUNA.


LOS PARIENTES Y LOS TRASTOS VIEJOS, POCOS Y LEJOS.


NO BEBAS AGUA QUE NO VEAS, NI FIRMES PAPEL QUE NO LEAS.


EL QUE MALA SEMILLA SIEMBRA, MALA SEMILLA RECOGE.


UN PADRE ES PARA CUEN HIJOS Y CIEN HIJOS NO SON PARA UN PADRE.


LA MEJOR PALABRA ES LA QUE NO SE DICE.

NUEVOS RETOQUES

Ocultos en su anonimato
Los cobardes
Blanden la bandera de la infamia,
Al tiempo que acunan con sopor
Sus gestos destemplados,
Sus palabras aprendidas en bocas
De otros,
Esclavos de sí mismos se abandonan
Entre rumores
Por los huecos de escaleras enmohecidas.
¡Difama! Dicen alegres,
Mientras sucumben entre estertores
De orgasmos inacabados
En las cloacas de su propio infierno.

Marionetas de su propio fin,
Escarban en la arena
Rompiendo sus uñas
En busca de un sol no nacido,
De un mar muerto hace un millón de años,
De una palabra en la que esconder
Sus falacias
Cuando sonríen bobamente
Reunidos en torno
A la luz de las farolas.

Ocultos en su anonimato
Los cobardes,
Abandonan sus escondites
En barcos derruidos por el tiempo
Como ratas malolientes,
Escupen su cobardía
De frases hirientes,
De gestos aprendidos
En algún bar de carretera
Perdido entre los escombros
De su propia ruindad,
Mientras aplauden
Frenéticos su propio fin
Envueltos en los lodos inmundos
De su propia existencia.

Sin Título VII

miércoles, 29 de abril de 2009

Los vendedores de sueños
Ágiles andarines de caminos antiguos
Caminan felices entre los restos macilentos
De amarillentas imágenes
Olvidadas en el fondo apolillado
De viejos armarios,
De viejos baúles,
De viejas almas atormentadas
En alejadas playas.
Con pasos huecos, calmados
Acuchillan las esquinas de las calles
Con afilados golpes de tacón
Mientras esconden sus manos de cristal
En ajustados guantes de satén,
Lanzan proclamas,
Vierten mentiras,
Aclaman, berrean, silencian y callan
Al tiempo que aplauden al poder
Que los mima con mano de seda y acero.


Los vendedores de sueños,
Vierten sus falacias

En caros vasos de plástico reciclado
Como si se tratase de un costoso vino de reserva
Mientras aclaman al Becerro de Oro.
Y adoran ferozmente
Al nuevo dios inventado para ellos
en orgías infinitas de sangre y fuego,
y aman creyendo que su amor es verdadero,
y sueñan creyendo que sus sueños son verdaderos,
y padecen de males extraños creyendo que sus males son verdaderos,
cuando visten sus coloridas túnicas
de sacerdotes de la nueva verdad
entre desvaídas luces de neón
y parten felices en busca de sus nuevas victimas,
aquellas a las que arrancar y devorar el corazón
al mismo tiempo que entonan sus rezos y letanías
en apagados crepúsculos de emponzoñados engaños.


Sin título VI